La mejora de la previsión del crecimiento de 2025 por parte de la institución gobernada por José Luis Escrivá responde «fundamentalmente» a la reciente revisión al alza por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) de su estimación sobre la evolución del PIB entre 2022 y 2024.
En concreto, el crecimiento acumulado entre 2019 y el segundo trimestre de 2025 pasó a situarse en el 9,3%, frente al 8,8% calculado anteriormente. Ello provoca que el punto de partida para las previsiones sobre el año en curso y los siguientes sea más elevado. En esta línea, el Banco de España estima que el crecimiento del cuarto trimestre será «sólido», de entre el 0,6% y el 0,7%, en línea con el 0,6% del trimestre anterior.
A este efecto se suman la «fortaleza del consumo privado, que ha superado las expectativas» (por la evolución del empleo, los salarios y el crédito al consumo) y la pujanza de la inversión 8que crece más que el PIB), así como una «valoración más positiva del sector exterior, sustentada en el significativo dinamismo de las exportaciones de servicios no turísticos» (que están en máximos históricos y también sobrepasan las previsiones anteriores).
Para 2027, además, calcula unos «menores precios de la energía» respecto a las estimaciones anteriores debido a la evolución esperada del petróleo y la electricidad. En cualquier caso, la previsión no deja de ser de una «desaceleración gradual» hacia tasas más próximas al crecimiento potencial de la economía, estimado en torno al 2%.
En cuanto a las cuentas públicas, el Banco de España prevé que el déficit se situará este año y el próximo en los niveles previstos por el Gobierno (2,5% y 2,1%). En cambio, ha revisado «significativamente al alza» su estimación de 2027 (del 2,3% al 2,5%, frente al 1,8% del Ejecutivo), debido fundamentalmente al reciente acuerdo del Gobierno y los sindicatos para subir el sueldo de los funcionarios (2,5% en 2025, 1,5% o 2% en 2026, 4,5% en 2027 y 2% en 2028). Su estimación es que los ingresos públicos sigan ganando peso sobre el PIB debido principalmente a la decisión del Gobierno de no ajustar las tarifas del impuesto de la renta según la inflación y al aumento de las cotizaciones sociales. Pero ello se verá «totalmente» compensado por el mayor gasto en pensiones, sueldos públicos, pago por intereses de la deuda e inversión pública (incluido en defensa).
La consecuencia, advierte el organismo, es que el gasto neto computable según las reglas fiscales europeas podría situarse por encima de lo comprometido con Bruselas en 2025 y 2026, si bien en términos acumulados desde 2023 dicho crecimiento «podría estar todavía dentro del margen de flexibilidad que permiten las nuevas reglas europeas». El problema vendrá «a partir de 2027», debido a que ese año se producirá la mayor subida del suelo de los funcionarios, unido al resto de las partidas que elevan el gasto y al «agotamiento del margen de desviación» permitido por las nuevas reglas comunitarias. De ahí que el Banco de España, en línea con la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), prevea una «desviación» de la senda comprometida que «implicaría la necesidad de acometer ajustes adicionales para cumplir».
En línea con sus previsiones sobre el PIB, por otra parte, el banco central ha mejorado sus estimaciones sobre el mercado laboral, pero también augurando una desaceleración de sus ritmos de mejora. Así, calcula que el aumento del número de personas ocupadas pasará del 2,7% de este año al 2% en 2026 y el 1,4% en 2027.
Paro
La tasa de paro, en el mismo sentido, moderaría su ritmo de caída (al 10,6%, 10% y 9,6%, en línea con las previsiones del Gobierno). Ello responderá tanto a la desaceleración de la creación de empleo, como al incremento de la población activa impulsado por el aumento de la participación laboral de los trabajadores de mayor edad y por la llegada de inmigrantes, «que, no obstante, se iría moderando en los próximos años».
El Banco de España también ha revisado al alza las previsiones de inflación para este año (2,7%, dos décimas más que en septiembre) y el siguiente (2,1%, cuatro décimas más). Responde al aumento de las estimaciones de actividad económica, pero también a la evolución reciente de los sueldos: el incremento salarial pactado para 2025 hasta noviembre se sitúa en el 3,5%, por encima del registrado en 2024 (3,3%) y del acordado en el acuerdo marco de la negociación colectiva (3%). Además, los nuevos convenios suscritos este año recogen un incremento medio del 4,2%.
Para 2027, en cambio, la institución prevé un IPC menor (1,9%, cinco décimas menos) debido a la caída de los precios de la energía previstos por el retraso de la entrada en vigor del nuevo sistema de derechos de emisión de la Unión Europea.
El Banco de España, asimismo, estima que a medio plazo hay «ligeramente» más riesgos de que la economía crezca menos de lo previsto que de lo contrario.
En particular, advierte de que la «incertidumbre vinculada a la evolución de los salarios y los márgenes empresariales» podría materializarse en un escenario alternativo de mayor inflación y menor crecimiento del PIB. También alerta de que «una evolución menos favorable de la demanda exterior neta —particularmente en lo relativo a las exportaciones de servicios no turísticos— podría traducirse en un menor dinamismo de la actividad». Con todo, apunta en sentido contrario que un incremento de la oferta de vivienda mayor del previsto implicaría un mayor crecimiento del PIB y de la inflación.






