Hasta ahora, la Alianza Atlántica se ha limitado a escoltar, protestar y emitir comunicados. Pero las provocaciones rusas se acumulan: cazas MiG-31 entrando en Estonia, drones cruzando sobre Polonia, ataques híbridos paralizando aeropuertos en Dinamarca, Berlín o Bruselas. La conclusión es obvia: el Kremlin tantea hasta dónde puede llegar. Y la disuasión (sin el apoyo de la Casa Blanca) no puede sostenerse solo en advertencias.
En la frontera con Rusia existen dos misiones aéreas principales de la OTAN, Air Policing y la reciente Centinela Oriental, y en ambas participa España. Pero, ¿cuál es la cadena de mando y quién tiene veto y cuándo en la eventual orden de engagement o derribo de un caza ruso en territorio OTAN?

Un Eurofighter italiano entrena junto a un Learjet 45 de Montenegro en ejercicios de simulación de intercepción aérea para la misión Air Policing de la OTAN. Funte: OTAN.
El escenario real: Eurofighter españoles frente a un MiG-31 ruso
A las 09:00 horas, los radares aliados detectan un MiG-31 ruso que cruza 20 kilómetros en espacio aéreo aliado.
El avión ruso lleva el transpondedor apagado, vuelo a baja cota, y con misiles aire-aire visibles bajo las alas. No responde a radio. De la base de Šiauliai, dos Eurofighter españoles despegan en scramble (despegue inmediato y de emergencia de aviones de combate para interceptar una aeronave sospechosa o enemiga detectada en el espacio aéreo).
Se le emiten las advertencias reglamentarias. El piloto ruso no responde.
a cadena de mando: demasiadas manos en el botón
La OTAN tiene protocolos claros, pero también múltiples niveles donde una orden militar podría frenarse políticamente.
1. Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de Uedem, Alemania.
Son los primeros en recibir el aviso del radar y ordenar el scramble. El CAOC puede recomendar engagement, pero no autorizarlo. Su papel es meramente táctico, y no tiene la potestad política suficiente para ordenar el derribo.
¿Quién puede frenar la operación? Nadie a nivel político, pero sí los controladores si consideran que la identificación aún no es concluyente.

El otro Centro de Operaciones Aéreas Combinados (CAOC) de la OTAN en Europa está en Torrejón, Madrid. Aquí vemos su zona de responsabilidad, por lo que en principio no le correspondería coordinar un incidente en países bálticos. Fuente: EMAD.
2. AIRCOM en Ramstein, Alemania.
En este enclave se coordinan todas las operaciones aéreas aliadas en Europa. Desde el Allied Air Command (AIRCOM) se eleva la petición de engagement.
Su criterio suele ser estrictamente militar: si el intruso amenaza, recomiendan el derribo.
¿Quién puede frenar la operación? El propio comandante aéreo aliado, si decide esperar más pruebas o considerar que la provocación no alcanza umbral de amenaza.
3. SACEUR en SHAPE, Mons (Bélgica).
El comandante supremo aliado en Europa (siempre un general estadounidense) tiene autoridad operacional sobre las fuerzas OTAN, ya que es el jefe de todas las fuerzas militares de la Alianza en Europa y Asia, y despacha directamente con Trump. Su papel es clave: puede autorizar el derribo en nombre de la Alianza.
¿Quién puede frenar la operación? Técnicamente ningún país individual, pero el SACEUR (el comandante supremo) suele consultar con capitales clave (Washington, Berlín, París…) antes de autorizar fuego.
4. Consejo del Atlántico Norte, Bruselas.
El Consejo del Atlántico Norte (NAC) es el máximo órgano político de decisión de la OTAN. Reúne a los embajadores de los 32 países miembros y su función principal es tomar decisiones por consenso sobre la política y las operaciones de la Alianza.
En escenarios de gran riesgo político (como este), los embajadores de los 32 aliados pueden ser consultados en cuestión de minutos. Aquí es donde la política entra de lleno.
¿Quién puede frenar la operación? Cualquiera de los grandes aliados. Alemania o Francia, por ejemplo, podrían pedir contención, retrasando la decisión. Polonia y los bálticos, en cambio, presionarían por derribar. Pero, ¿qué pasaría si Portugal o Bélgica se negaran…?
El talón de Aquiles: demasiadas manos en el botón
Este es el mayor riesgo: que una decisión de segundos dependa de una cadena con múltiples vetos. Y Moscú lo sabe. Cada minuto que un MiG hostil vuele sobre suelo OTAN sin ser derribado es un triunfo propagandístico para el Kremlin y una derrota para la credibilidad aliada.

Reunión del Consejo del Atlántico Norte (NAC). Fuente: OTAN.
Los pilotos españoles: entre ROE y ‘caveats’
Los pilotos, como los Eurofighter españoles desplegados en esta misión, son la cara visible de una estructura que, como hemos visto, es mucho más compleja. No actúan, ni mucho menos, por impulso. Cada paso que dan está condicionado por las Rules of Engagement (ROE o Reglas de Enfrentamiento) aprobadas de antemano (diferentes para cada misión) y por la cadena de mando: CAOC, AIRCOM, SACEUR y, si toca, el propio Gobierno.
En la práctica, eso significa que ningún disparo se ejecuta sin una verificación técnica (radar, comunicaciones, identificación visual) y una revisión legal: ¿hay proporcionalidad? ¿se han registrado advertencias?
A esto hay que sumarle los famosos caveats nacionales (limitaciones que cada país impone a sus tropas, aunque estén trabajando para la OTAN), que van desde qué armamento se puede usar hasta la obligación de pedir autorización política antes de actuar. A veces se da la paradoja: un piloto perfectamente entrenado que, por orden directa o por caveats de su país, no puede disparar.
¿Puede negarse a disparar? En teoría, sí. Si considera que la orden es claramente ilegal o desproporcionada, puede objetarla. Pero hacerlo implica entrar en un lío legal y disciplinario para el piloto. El coste personal y profesional de esa objeción suele ser alto, y por eso la práctica militar prioriza claridad de ROE, asesoría legal previa y delegación de autoridad para minimizar que lleguen a esa tesitura.
En estos casos, la decisión de apretar el gatillo no depende solo del piloto, sino de una mezcla de factores técnicos, legales, políticos y estratégicos. En plena crisis, esa mezcla es la que marca la diferencia entre una respuesta real y una simple queja formal.






