La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, advirtió ayer en el marco del Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial, celebrado en Ginebra, de una desaceleración en el crecimiento de la eurozona en los próximos meses. La banquera central señaló que las últimas proyecciones apuntan a una moderación de la actividad económica, “reflejo de un entorno global menos dinámico y de la contracción de la demanda externa”.
Lagarde subrayó que, pese a los signos de enfriamiento, el BCE mantiene el compromiso de garantizar la estabilidad de precios y apoyar la inversión, aunque reconoció que el margen de maniobra se ve limitado por la persistencia de tensiones geopolíticas y comerciales. En este sentido, puso el foco en la incertidumbre arancelaria, que sigue lastrando la confianza de los mercados y frenando decisiones de inversión en sectores clave como la industria manufacturera y las exportaciones.
“La eurozona no está aislada. Las decisiones unilaterales en materia de comercio global tienen un efecto directo sobre nuestras economías y sobre la percepción de riesgo de los inversores”, afirmó Lagarde ante los líderes empresariales reunidos en el foro.
La presidenta del BCE instó a reforzar la cooperación internacional para evitar una escalada de medidas proteccionistas y destacó que la transición hacia una economía más verde y digital requiere un clima de estabilidad normativa y financiera.
El mensaje de Lagarde llega en un momento en que varios indicadores adelantados sugieren un menor dinamismo económico en Alemania, Francia e Italia, principales motores de la eurozona, lo que refuerza el debate sobre la necesidad de mayor coordinación en materia fiscal y presupuestaria dentro de la UE.






