Desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, y la más reciente “traición” del Tío Sam a su compromiso con la defensa de Europa, el viejo continente ha incrementado su gasto militar como no se veía en décadas, y el ritmo sigue aumentando.
Fábricas que antes trabajaban a medio ritmo ahora operan a plena capacidad, y los Gobiernos han comprometido sumas millonarias para reforzar sus capacidades defensivas. Sin embargo, hay un problema que el dinero no puede resolver por sí solo: la falta de personal cualificado.
Las cifras no bastan: escasez de mano de obra
El plan ReArm Europe de la Comisión Europea busca movilizar hasta 800.000 millones de euros para fortalecer la defensa del continente. Pero sin suficientes técnicos, ingenieros y operarios especializados, estos fondos corren el riesgo de no traducirse en capacidades reales. Un informe de la consultora Kearney estima que Europa necesitará unos 760.000 trabajadores cualificados adicionales para cumplir los objetivos de defensa marcados para 2035.
Empresas como Rheinmetall, KNDS o Leonardo están ampliando fábricas y turnos, pero coinciden en lo mismo: falta personal. Los perfiles más buscados son también los más difíciles de encontrar: desde expertos en inteligencia artificial y ciberseguridad hasta soldadores de precisión o mecánicos de sistemas complejos.
Y para colmo, compiten con sectores civiles como el tecnológico o el del automóvil, donde las condiciones suelen ser mejores… por ahora. Sí, también hay que convencer a los jóvenes valores que en vez de trabajar en Google, Microsoft o similares, tienen que emplearse en una fábrica de misiles, de drones o de sistemas militares.
Una industria fragmentada y descoordinada
A todo esto se suma la desorganización propia del sector en Europa. No tenemos un mercado común de defensa en Europa, cada país opera por su cuenta, con estándares distintos y sin una estrategia conjunta de formación técnica. Esto complica la movilidad laboral y frena la creación de una fuerza laboral europea adaptada al reto.
En este aspecto, se necesita la homogenización de formación y mercado laboral orientado a la industria de defensa europea.
Casos nacionales: Alemania, Francia, Italia… y España
En Alemania, Rheinmetall quiere contratar 9.000 personas más para 2028. Thyssenkrupp Marine Systems busca 1.500 trabajadores en su astillero de Wismar, mientras Hensoldt empieza a reclutar extrabajadores del sector del automóvil…
Francia ha creado un fondo de 200 millones de euros para formación técnica en defensa y firmó acuerdos con institutos y universidades. Y en Italia, Leonardo colabora con centros de FP para formar técnicos en armamento electrónico y aeronáutico militar.
España es uno de los principales exportadores de material militar del mundo, pero eso no la libra del cuello de botella laboral. El sector genera unos 65.000 empleos directos, contribuyendo al 1% del empleo nacional. Los niveles salariales son superiores a la media nacional. Por cada empleo directo creado, se generaron tres adicionales en sectores relacionados.
Empresas como Indra, Airbus o Santa Bárbara Sistemas tienen problemas para cubrir puestos clave en electrónica, sistemas, logística o ingeniería. TEDAE, la asociación del sector, lleva tiempo advirtiendo sobre la falta de perfiles jóvenes y la escasa conexión entre formación y necesidades reales. La FP Dual apenas tiene peso y los acuerdos con universidades están concentrados en pocas zonas del país.
Soluciones estratégicas a nivel europeo y español
- Fundamental sería un mercado único de defensa. Es decir, impulsar la creación de un sistema paneuropeo para centralizar las compras militares.
- Subida de sueldos para competir por talento. Si no, los jóvenes escogerán el sector tecnológico civil.
- Reclutar desde sectores afines. La aeroespacial, el automóvil o la manufactura avanzada ofrecen perfiles compatibles.
- Formación en alianza con universidades.
- Migración cualificada.
- Aprovechar el talento militar. Reservistas y personal en transición pueden integrarse en el sector como técnicos con formación dual.
Algunas propuestas más específicas para España tienen en cuenta la situación nacional, marcada por la escasez demográfica y los sueldos poco competitivos:
- Formación regional con empresas. La iniciativa andaluza en el caso aeroespacial para 2.610 alumnos hasta 2027 podría aplicarse al sector naval, de misiles o ciberdefensa.
- Hubs regionales. El Asturias hub es un ejemplo de cómo unir pymes con institutos tecnológicos atrae y retiene el talento local en el sector.
- Reforma legislativa. La ley industrial y de defensa necesita modernizarse para facilitar convenios laborales, dar incentivos fiscales y conectar mejor a contratos grandes con pymes.
- Salarios competitivos. Los ingenieros españoles cobran muy por debajo de sus pares europeos, lo que motiva la fuga de talento.
- Recuperar talento emigrado. Con incentivos fiscales y contratos atractivos,
- Formación especializada en defensa. Creando programas en ciberdefensa, IA aplicada y electrónica cuántica, disciplinas clave en el futuro del sector.
- Reconversión desde otros sectores. Trabajadores de automoción o aeroespacial pueden emigrar a este sector, con formación técnica específica en corto plazo.
- Apoyar a tecnológicas nacionales empresas como Arquimea. Pueden actuar como polos de atracción de talento e innovación.
El reto del talento en un contexto geopolítico cambiante
Desde luego que Europa ha reaccionado con rapidez en lo económico, pero es obvio que eso no es suficiente. Si no soluciona el problema del talento, sus planes de rearme se quedarán a medias. La tecnología sigue avanzando y los cambios en la industria de defensa se producen prácticamente cada día.
En este nuevo contexto geopolítico y tecnológico, tener fábricas y pedidos no sirve si no hay manos que pongan las piezas. Y ahí está el verdadero desafío.






