La actividad económica de la eurozona mostró en agosto signos de mayor dinamismo. El Índice de Gestores de Compras (PMI) compuesto alcanzó su máximo de los últimos 15 meses, reflejando una expansión más sólida tanto en el sector servicios como en la industria, según los datos preliminares publicados este jueves.
El repunte se produce en un contexto marcado por la incertidumbre arancelaria y las tensiones comerciales internacionales, que siguen pesando sobre las expectativas empresariales. Pese a ello, el indicador se mantuvo claramente por encima del umbral de 50 puntos, lo que confirma la senda de crecimiento.
Los analistas destacan que la resistencia de la economía europea se explica por la fortaleza del consumo interno y cierta recuperación de la inversión, mientras que la industria exportadora continúa viéndose afectada por los gravámenes y restricciones al comercio.
Para el Banco Central Europeo, que ayer mismo alertaba de una posible desaceleración futura, las cifras del PMI suponen un alivio relativo, aunque no despejan los riesgos. La persistencia de tensiones geopolíticas y el coste de la transición energética siguen siendo factores de vulnerabilidad.
Con este dato, la eurozona afronta el final del verano con un clima económico algo más optimista, aunque todavía condicionado por un escenario global inestable.






