El Banco Central Europeo (BCE) ha observado vulnerabilidades elevadas para la estabilidad financiera en
un entorno de volatilidad.
Así consta en el Informe de Estabilidad Financiera (Financial Stability Review) de noviembre de 2024.
El informe destaca los riesgos para el crecimiento económico de la zona del euro se han desplazado a la baja conforme la inflación se ha aproximado más al 2 %,
mientras que la volatilidad de los mercados financieros ha registrado algunos repuntes pronunciados, aunque de corta duración, en los últimos meses.
«Las perspectivas para la estabilidad financiera se ven ensombrecidas por el aumento de la incertidumbre macrofinanciera y geopolítica, junto con la creciente incertidumbre sobre la política comercial», ha afirmado Luis de Guindos, vicepresidente del BCE.
Si bien, hasta ahora, los mercados financieros han mostrado capacidad de resistencia, no hay margen para la complacencia. Las vulnerabilidades subyacentes hacen que los mercados de renta variable y de crédito a empresas sean proclives a una mayor volatilidad.
Las elevadas valoraciones y la concentración de riesgos, sobre todo en los mercados de renta variable, incrementan las posibilidades de que se produzcan ajustes bruscos. En caso de que se materialice una dinámica adversa, las entidades no bancarias podrían amplificar las tensiones en los mercados, dadas sus fragilidades de liquidez, en algunos casos unidas a unos altos niveles de apalancamiento y de concentración de exposiciones.
Pese a la disminución de las ratios de deuda soberana en relación con el PIB tras el acusado aumento que experimentaron durante la pandemia, los fundamentos fiscales siguen siendo débiles en algunos países de la zona del euro. Se espera que los costes del servicio de la deuda soberana continúen aumentando a medida que la deuda que venza se renueve a tipos de interés superiores a los de la deuda viva.
Los altos niveles de deuda y los elevados déficits presupuestarios, junto con el bajo potencial de crecimiento a largo plazo y la incertidumbre sobre las políticas, acrecientan el riesgo de que las desviaciones presupuestarias reaviven la inquietud de los mercados sobre la sostenibilidad de la deuda soberana.
Los elevados costes de financiación y las débiles perspectivas de crecimiento siguen afectando a los balances de las empresas, y las empresas de la zona del euro señalaron un descenso de los beneficios debido a los considerables pagos por intereses.
Las perspectivas relativas a los mercados inmobiliarios son heterogéneas, ya que los precios de los inmuebles residenciales se están estabilizando, mientras que los mercados inmobiliarios comerciales siguen sometidos a tensiones por los retos que plantean el teletrabajo y el comercio electrónico.
En cambio, los hogares se están beneficiando de la fortaleza del mercado de trabajo y han reforzado su capacidad de resistencia incrementando el ahorro y reduciendo la deuda.
Si bien el aumento general de los riesgos de crédito ha sido gradual hasta ahora, las pequeñas y medianas empresas y los hogares de rentas más bajas podrían verse sometidos a tensiones si el crecimiento se ralentiza más de lo esperado actualmente, lo que, a su vez, podría afectar adversamente a la calidad de los activos de los intermediarios financieros de la zona del euro.
Las pérdidas en las exposiciones al sector inmobiliario comercial corren el riesgo de seguir aumentando y podrían ser significativas para entidades de crédito y fondos de inversión concretos.
Sin embargo, en términos agregados, la capacidad de las entidades para absorber deterioros adicionales de la calidad de los activos continúa estando respaldada por los elevados niveles de rentabilidad y por la solidez de los colchones de capital y de liquidez.
Para preservar y reforzar la capacidad de resistencia del sistema financiero en el incierto entorno macrofinanciero actual, es conveniente que las autoridades macroprudenciales mantengan los requerimientos de colchones de capital existentes, junto con medidas basadas en la capacidad de pago de los prestatarios que garanticen la aplicación de unos criterios rigurosos de concesión de préstamos.
Además, la creciente presencia en los mercados y la interconexión de los intermediarios financieros no bancarios requieren un conjunto integral de medidas para incrementar la resiliencia del sector.
El aumento de la resiliencia de este sector contribuiría asimismo a impulsar una mayor integración de los mercados de capitales. Ello debería potenciar la estabilidad financiera y complementar los objetivos de la unión de los mercados de capitales, cuya finalidad es contribuir a la productividad y al crecimiento económico de Europa.






