A pesar de las dificultades externas, como las disputas comerciales internacionales y las tensiones geopolíticas, el BCE ha señalado que la economía europea ha seguido creciendo de manera moderada, respaldada por factores como la solidez del mercado laboral y las finanzas del sector privado, así como por los recortes anteriores en los tipos de interés.
El Consejo de Gobierno del BCE advirtió, sin embargo, que el futuro económico permanece incierto. Las preocupaciones por las tensiones internacionales siguen pesando sobre las expectativas de crecimiento. El BCE enfatizó que, aunque la inflación se encuentra bajo control en términos generales, sigue siendo necesario seguir de cerca los datos económicos y financieros que puedan surgir en las próximas semanas y meses.
De esta forma, las futuras decisiones sobre los tipos de interés se tomarán de manera «reunión por reunión», sin comprometerse a un camino fijo. Esta postura busca adaptarse a la evolución de la economía y garantizar que la inflación se mantenga en línea con el objetivo del 2 % en el medio plazo.
En cuanto a las tasas de interés, el BCE ha decidido mantenerlas sin cambios en los tres principales instrumentos de su política monetaria: la facilidad de depósito, que sigue en el 2,00 %, las operaciones principales de refinanciación, que permanecen al 2,15 %, y la facilidad de crédito marginal, que se mantiene en el 2,40 %.
La institución también ha informado que los programas de compra de activos, como el Programa de Compras de Activos (APP) y el Programa de Emergencia para la Pandemia (PEPP), están siendo reducidos de manera gradual y predecible, sin nuevas reinversiones de los pagos de principal de los valores que vencen.
El BCE ha asegurado que está preparado para ajustar sus políticas si es necesario para garantizar la estabilidad de precios y el buen funcionamiento de la transmisión de la política monetaria en toda la zona euro. En este sentido, la institución mantiene a su disposición el Instrumento de Protección de la Transmisión, el cual podría ser utilizado en caso de que se presenten disfunciones en los mercados que amenacen con interferir en la efectividad de la política monetaria.






