La Unión Europea está contemplando, a falta de tres meses para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la posibilidad de la vuelta del republicano Donald Trump al poder y una posible iniciativa del gobierno de EE.UU de aumentar los aranceles.
Aunque estamos a tres meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y la llegada de Kamala Harris, la nueva candidata demócrata, ha renovado las esperanzas de una victoria del partido demócrata, la Unión Europea ya se prepara para una eventual victoria de Donald Trump, el candidato republicano, según publica Business Insider.
La Comisión Europea, con la recién reelegida Ursula von der Leyen, está desarrollando una estrategia comercial para hacer frente a esta amenaza, asegura el Financial Times. Si Trump llega al poder, el ejecutivo comunitario ha preparado dos planes para apaciguar (o al menos frenar) a la bestia arancelaria.
El primero, el plan A, es sencillo: un acuerdo rápido para mantener las cosas como están cuando Trump llegue al poder. Si Trump no está por la labor y hace valor su promesa de imponer el impuesto mínimo a las exportaciones del 10% que ha prometido en varias ocasiones durante su campaña, entrará en marcha el plan B. Tendrá la forma de represalias "selectivas", aseguran desde el Financial Times, que han hablado con funcionarios encargados de llevar a cabo este plan.
El ejecutivo comunitario considera que la estrategia del palo y la zanahoria es la mejor respuesta a la amenaza de Trump, frente a la respuesta descoordinada y tardía que dieron la última vez. Las consecuencias de un arancel a las exportaciones de la Unión Europea que arriben en las costas de Estados Unidos pueden ser catastrófica: 150.000 millones de euros anuales, según sus propios cálculos.
Los funcionarios de la UE están planeando acercarse al equipo de Trump —si gana— en noviembre, antes de que tome posesión en enero del año que viene. Su intención es discutir qué productos estadounidenses podría comprar la UE en mayores cantidades para aliviar el déficit que acusa en su balanza comercial (la diferencia entre lo que exporta y lo que importa), aunque este se haya reducido de los 951.200 millones de dólares en 2022 a los 773.400 millones de dólares en 2023, un 18,7% menos.
A la Unión Europea le va la vida en estos acuerdos: Estados Unidos es su mejor socio comercial con diferencia. Exportó 502.000 millones de euros al otro lado del océano en 2023, pero recibió mucho menos, 346.000 millones de euros, dejando una balanza comercial (déficit para EEUU) de 155.000 millones de euros en 2023. Eso nunca le ha sentado demasiado bien a Donald Trump, que ya impuso aranceles en su etapa como presidente.
Si las futuras conversaciones fracasan y Estados Unidos impone sus aranceles, el departamento de Comercio de la Comisión Europea está elaborando listas de productos que importa de allí y a las que podría aplicar aranceles del 50% o más, como represalia. "Tenemos que demostrar que somos un socio fiable para Estados Unidos, no un problema", ha dicho un alto funcionario de la UE al Financial Times. "Buscaremos acuerdos, pero estamos dispuestos a defendernos si hace falta. No nos dejaremos guiar por el miedo".
Porque el miedo es real. Un segundo mandato de Trump podría devolver las relaciones bilaterales a un terreno más beligerante, como el que hubo durante su presidencia. En 2018, la Administración estadounidense empezó una ofensiva con aranceles a las importaciones de acero y aluminio desde la UE, siguió con aranceles al aceite de oliva de español y otros productos de otros países.
Aunque haya terminado su presidencia, no ha terminado el problema. Apenas el pasado diciembre, la UE prorrogó la suspensión de unos aranceles que se impusieron en esa época.
En una entrevista con Bloomberg en julio, Trump fue entre cómico y tajante: "La UE suena encantadora. Nos encanta Escocia y Alemania. Nos encantan esos lugares. Pero una vez superado eso, nos tratan con violencia", dijo. Advirtió de que China no es la única que va a sufrir sus aranceles. Su plan es añadir un gravamen del 10% a las importaciones de otros muchos países que le permita reducir el déficit en la balanza comercial que arrastran desde hace años.
El riesgo de una vuelta al estado de cosas de antes es real y las autoridades europeos ya han avisado de las posibles consecuencias. Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo, ya lo dijo en enero de este año: "Preparémonos para posibles aranceles, para posibles decisiones duras inesperadas. Seamos fuetes en casa… podría haber amenazas", dijo la dirigente a la CNN.
Puede que fueran esas palabras las que pusieron en marcha la preparación de un plan para frenar a un Donald Trump que no tiene intención de echarse atrás en su estrategia.






