La Unión Europea acelera su agenda comercial para adaptarse a un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, aranceles y rivalidades entre potencias. Bruselas busca equilibrar su papel como defensora del libre comercio con la necesidad de blindar sectores estratégicos y diversificar socios, en un contexto en el que EE. UU., China y otros actores refuerzan políticas proteccionistas.
Un entorno internacional adverso
El sistema multilateral de comercio atraviesa una crisis profunda. La OMC está debilitada, los aranceles se multiplican y los acuerdos bilaterales sustituyen cada vez más a las normas comunes. Para la UE, dependiente de los mercados exteriores, mantener abiertos canales de comercio es esencial para su competitividad, pero el clima internacional obliga a repensar estrategias.
Diversificación de acuerdos
La UE ha puesto el foco en concluir y modernizar acuerdos comerciales: Mercosur, México, Chile, India o ASEAN forman parte de su agenda. Estos tratados buscan reducir la dependencia de EE. UU. y China, ofreciendo a las empresas europeas nuevos mercados en América Latina y Asia-Pacífico. Al mismo tiempo, Bruselas se posiciona como socio fiable frente a la incertidumbre que generan otras potencias.
Instrumentos defensivos
La Comisión Europea ha desplegado nuevos mecanismos para responder a prácticas desleales: el Instrumento contra la Coerción Comercial, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y el control de inversiones estratégicas son ejemplos de cómo la UE combina apertura con herramientas de defensa. La idea es evitar que la vulnerabilidad comercial se convierta en un riesgo político.
El papel de EE. UU. y China
La política comercial europea ya no puede desvincularse de la rivalidad entre Washington y Pekín. Con EE. UU., la UE mantiene tensiones por los aranceles y los subsidios industriales, aunque el vínculo transatlántico sigue siendo clave. Con China, Bruselas busca un equilibrio entre cooperación y competencia, consciente de que la dependencia en sectores como baterías y minerales críticos limita su margen de maniobra.
España y la dimensión atlántica
Para España, la política comercial de la UE es una oportunidad de fortalecer la relación con América Latina, donde empresas españolas tienen fuerte implantación. Los acuerdos con Mercosur, México y Chile son vistos como prioritarios. Además, España aspira a aprovechar su posición geográfica y sus puertos como plataforma logística entre Europa, África y América, reforzando su peso en la estrategia comercial comunitaria.
Conclusión
La política comercial europea se adentra en una nueva etapa: menos ingenuidad y más pragmatismo. La UE seguirá defendiendo el libre comercio, pero con instrumentos de defensa que reflejan un mundo dividido en bloques. Para España, esta evolución ofrece oportunidades de expansión en América Latina y de consolidación de su papel logístico, siempre que Bruselas logre combinar apertura y protección sin caer en un proteccionismo contraproducente.
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