El Pacto Verde, bandera de la anterior Comisión Von der Leyen, atraviesa su momento más difícil. La presión de agricultores, las dudas de la industria y la contestación política en varios Estados miembros obligan a Bruselas a reconsiderar plazos y prioridades. Entre la urgencia climática y el temor a la pérdida de competitividad, la UE busca un equilibrio que mantenga su liderazgo ambiental sin quebrar la cohesión social.
El origen de la tensión
Concebido como la hoja de ruta para descarbonizar Europa en 2050, el Pacto Verde ha logrado avances en renovables, transporte y regulación financiera sostenible. Sin embargo, el aumento de costes energéticos y la presión de la competencia global han generado resistencias internas. La transición, percibida como demasiado rápida y costosa, ha alimentado protestas en el campo y un auge de fuerzas euroescépticas.
La presión de la industria
Las empresas europeas alertan del riesgo de deslocalización. Mientras EE. UU. atrae inversiones con la Inflation Reduction Act y China subsidia masivamente su industria verde, Bruselas enfrenta la paradoja de regular más que financiar. El debate sobre relajar objetivos o introducir mayores ayudas se ha intensificado, con el riesgo de fragmentar el mercado interior si solo los Estados con músculo fiscal pueden apoyar a sus empresas.
El campo en el centro del huracán
La contestación agrícola ha puesto en jaque la agenda climática. Los agricultores denuncian cargas regulatorias crecientes, costes de producción elevados y competencia desleal de terceros países. El pulso se concentra en las normativas sobre pesticidas, emisiones y biodiversidad, percibidas como imposiciones desde Bruselas que afectan a la rentabilidad del sector.
Política y elecciones
Ya en las elecciones europeas del año pasado, el Pacto Verde se ha convertido en arma electoral. Partidos conservadores y populistas han capitalizado el descontento social, mientras los Verdes y sectores progresistas insisten en que frenar la transición supondría hipotecar el futuro. El equilibrio político determinará si el proyecto se modula o se mantiene con la misma ambición.
España ante el dilema
España ha sido uno de los defensores más firmes del Pacto Verde, apoyándose en su liderazgo en renovables y en el potencial de la economía circular. Sin embargo, las protestas agrarias y la presión sobre la industria intensiva en energía generan tensiones internas. El Gobierno busca mantener la ambición climática mientras reclama más fondos europeos y flexibilidad en la aplicación de objetivos.
Conclusión
El Pacto Verde Europeo se encuentra en un punto crítico. Seguir adelante sin ajustes puede agravar la contestación social; frenarlo en exceso pondría en riesgo la credibilidad climática de la UE. La clave será combinar ayudas financieras, flexibilidad regulatoria y comunicación política efectiva. España, con fortalezas en renovables y vulnerabilidades en el campo, será un laboratorio de este difícil equilibrio.
Copyright todos los derechos reservados grupo Prensamedia.





