Introducción
Europa se enfrenta a un momento decisivo en materia de seguridad. La guerra en Ucrania, la incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la OTAN y el auge de las amenazas híbridas han reabierto una cuestión histórica: ¿puede la Unión Europea garantizar su propia defensa?
La Comisión Europea acaba de presentar su nuevo paquete de defensa 2025–2030, un ambicioso conjunto de proyectos emblemáticos —sistemas de drones, vigilancia del flanco oriental, escudo espacial y capacidades de ciberdefensa— que aspira a reforzar la autonomía militar del continente. Es la primera vez que Bruselas asume un papel tan directo en la planificación de capacidades estratégicas.
Sin embargo, este salto cualitativo plantea un dilema clásico: la Unión quiere hablar el lenguaje del poder, pero sus instrumentos siguen siendo fragmentarios y sus recursos limitados. El nuevo paquete de defensa intenta superar esas limitaciones con más coordinación, más industria común y más financiación europea. La cuestión es si bastará para convertir la aspiración de autonomía estratégica en una realidad operativa.
- La hora de Europa: del discurso a la acción
Durante años, el concepto de “autonomía estratégica” fue más aspiración que política. Las misiones de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) se centraban en operaciones civiles o misiones de baja intensidad, y la OTAN continuaba siendo el pilar esencial de la seguridad continental. Pero el contexto geopolítico actual ha cambiado radicalmente. La guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y las dudas sobre el compromiso estadounidense han impulsado a Bruselas a dar un paso adelante.
El Paquete Europeo de Preparación y Defensa 2025–2030 marca ese punto de inflexión. Elaborado conjuntamente por la Comisión y el Servicio Europeo de Acción Exterior, el plan prevé el desarrollo de sistemas comunes de defensa aérea, capacidades de ciberseguridad paneuropeas y una red satelital de vigilancia espacial. Introduce además una novedad política de calado: la posibilidad de financiación conjunta de determinados programas de defensa, un terreno hasta ahora reservado a los Estados miembros.
La Alta Representante de la Comisión, Kaja Kallas, lo expresó con claridad al presentar el plan: “Europa debe ser capaz de protegerse incluso cuando otros no puedan hacerlo por nosotros”. Con esa frase, Bruselas lanza un mensaje a Washington y, sobre todo, a las capitales europeas que aún dudan de la viabilidad de una defensa común.
- El dilema transatlántico: entre la OTAN y la soberanía
El refuerzo de la defensa europea reabre inevitablemente el debate sobre su relación con la OTAN. ¿Debe la UE buscar una verdadera autonomía o limitarse a reforzar su papel dentro de la alianza atlántica? Para la mayoría de los Estados miembros, ambas vías son complementarias. Pero en la práctica las tensiones son evidentes.
La Alianza Atlántica sigue siendo la estructura militar operativa y el garante último de la seguridad europea. Sin embargo, el escenario político en Estados Unidos introduce incertidumbre: un posible repliegue norteamericano o un cambio de prioridades estratégicas podría dejar a Europa expuesta. Por eso la Comisión y varios Estados —en especial Francia y España— insisten en que la Unión debe disponer de capacidades propias de respuesta rápida y defensa territorial.
Francia lidera la visión más ambiciosa de una Europa soberana en materia militar; Alemania, en cambio, teme duplicidades y defiende una cooperación “dentro de la OTAN”. España propone una fórmula intermedia: reforzar la defensa común europea como pilar autónomo pero complementario de la alianza transatlántica.
El reto es definir ese equilibrio sin provocar tensiones con Washington ni fracturas internas en la UE.
- La dimensión industrial: fabricar la seguridad europea
Más allá de los discursos políticos, el verdadero talón de Aquiles de la defensa europea es industrial. El continente cuenta con un sector fragmentado, duplicado y dominado por intereses nacionales. La falta de coordinación reduce la eficiencia y deja a Europa rezagada frente a las grandes potencias.
El nuevo Plan de Industria de Defensa Europea (EDIP), incluido en el paquete, intenta cambiar esa dinámica. Establece incentivos para proyectos transnacionales, fomenta la interoperabilidad entre ejércitos y prioriza inversiones conjuntas en inteligencia artificial aplicada a defensa, sistemas de largo alcance y capacidades espaciales. Además, fortalece el papel de la Agencia Europea de Defensa como coordinadora de adquisiciones y certificaciones.
Actualmente, más del 70% del gasto militar en Europa se realiza de forma nacional. Bruselas quiere reducir esa proporción a la mitad en 2030, mediante compras conjuntas y cadenas de suministro compartidas. Para ello, propone un mecanismo financiero similar al Next Generation, pero destinado al ámbito militar.
El obstáculo es político: los Estados protegen celosamente sus industrias y programas de armamento. La competencia entre Airbus, Leonardo o Dassault refleja la dificultad de crear un verdadero “ecosistema europeo de defensa”.
- Financiación y legitimidad: el nuevo debate comunitario
La gran novedad del paquete de defensa no está solo en los proyectos, sino en su financiación. La Comisión ha abierto el debate sobre la creación de un Fondo Europeo de Preparación y Seguridad, dotado inicialmente con 20.000 millones de euros. Este fondo serviría para financiar I+D militar, infraestructuras estratégicas y programas de formación y logística comunes.
Se trata de un cambio de paradigma: hasta ahora, la defensa era competencia exclusiva de los Estados. Pero el nuevo escenario obliga a repensar ese marco. El Parlamento Europeo respalda mayoritariamente la idea, aunque con distintas sensibilidades. Los países del norte, encabezados por Suecia y Dinamarca, temen una “militarización del presupuesto europeo”; los del sur defienden que la seguridad debe financiarse colectivamente, al igual que la transición energética o la digitalización.
Bruselas busca un equilibrio entre legitimidad democrática y eficacia operativa. La participación del Parlamento en la supervisión del fondo podría reforzar la transparencia y la rendición de cuentas, evitando la percepción de que se trata de un proyecto tecnocrático impuesto desde arriba.
- España y el papel del sur en la nueva defensa europea
España ha asumido un papel constructivo en este nuevo impulso. El Gobierno español considera que la autonomía estratégica no puede limitarse al ámbito militar, sino que debe incluir una dimensión tecnológica e industrial. Madrid participa en varios programas comunes —como el futuro caza europeo FCAS, el sistema de patrullas marítimas y el programa europeo de drones tácticos— y apoya la creación de un fondo común que refuerce la base industrial de defensa.
Además, España impulsa junto con Francia e Italia una iniciativa de coordinación logística para misiones exteriores, especialmente en el Mediterráneo y el Sahel, regiones prioritarias para su seguridad. Esta visión del sur europeo aporta una perspectiva geoestratégica complementaria a la de los países del norte y el este, más centrados en el flanco oriental.
La apuesta española por una “autonomía estratégica abierta” —cooperativa con la OTAN pero con voz propia en la UE— refleja una de las claves del debate: Europa no puede limitarse a gestionar su dependencia, sino que debe construir una capacidad real de acción.
Conclusión: de la autonomía declarativa al poder efectivo
El nuevo paquete de defensa de la Comisión Europea representa un paso significativo hacia la construcción de una verdadera política común de seguridad. Por primera vez, Bruselas asume que la defensa ya no es solo una competencia intergubernamental, sino una condición esencial de su soberanía.
Pero el reto será transformar la retórica en capacidades tangibles. Europa necesita pasar de la autonomía declarativa al poder efectivo: disponer de medios propios, industria coordinada, financiación estable y voluntad política para actuar cuando sea necesario.
El contexto no permite demoras. La guerra en Ucrania, la presión migratoria y la competencia tecnológica global obligan a la UE a redefinir su papel estratégico. La defensa europea ya no puede ser un debate académico: es una cuestión de supervivencia política y de credibilidad internacional.
El nuevo paquete lanzado por la Comisión puede ser el punto de partida de ese salto cualitativo, siempre que los Estados miembros estén dispuestos a asumir que una Europa capaz de defenderse es, ante todo, una Europa más unida.
Las claves del tema
Contexto:
La Comisión Europea presenta el Paquete Europeo de Preparación y Defensa 2025–2030, con proyectos emblemáticos en drones, defensa aérea y ciberseguridad. La guerra en Ucrania y el cambio del entorno global impulsan el debate sobre la autonomía estratégica.
Implicaciones:
Mayor papel de la Comisión en defensa, impulso a la industria militar europea y debate sobre la creación de un fondo común de seguridad. Persisten tensiones entre Estados miembros sobre financiación y soberanía.
Perspectivas:
Si el plan se materializa, Europa podría disponer en 2030 de una base industrial y operativa integrada. El éxito dependerá de la voluntad política de los Estados y de la capacidad de Bruselas para coordinar sin fracturar la alianza atlántica.
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