La locomotora económica de Europa se frena más de lo previsto. La Oficina Federal de Estadística de Alemania (Destatis) ha revisado a la baja el dato de crecimiento del país en el segundo trimestre del año: el PIB cayó un 0,3% respecto al trimestre anterior, frente al retroceso del 0,1% estimado inicialmente. Esta contracción, más intensa de lo esperado, acentúa las dudas sobre la recuperación económica de la eurozona, en un contexto marcado por la desaceleración del comercio internacional, la debilidad industrial y las tensiones geopolíticas.
La revisión del dato confirma que Alemania no logra salir de la atonía económica en la que se encuentra desde hace más de un año, con un sector industrial castigado por la caída de la demanda global y por los elevados costes energéticos que siguen afectando a la competitividad. La persistencia de esta situación convierte a la primera economía europea en el principal foco de vulnerabilidad para el conjunto de la UE, que depende en gran medida de la fortaleza alemana para mantener el ritmo de crecimiento y estabilidad.
La contracción alemana llega además en un momento delicado para la política monetaria. Con el Banco Central Europeo manteniendo los tipos de interés en niveles restrictivos para contener la inflación, la debilidad del PIB germano se suma a la presión de quienes piden flexibilizar la política monetaria antes de que el estancamiento se extienda al resto de la eurozona. Para Bruselas, el dato también plantea interrogantes sobre el cumplimiento de los objetivos de crecimiento y estabilidad recogidos en el marco presupuestario comunitario.
Los analistas advierten de que un retroceso continuado en la economía alemana podría arrastrar a otros socios europeos, especialmente a aquellos más dependientes de sus exportaciones industriales, como los países de Europa Central y del Este. Asimismo, la falta de dinamismo de Alemania compromete la capacidad de la UE de afrontar inversiones estratégicas en transición energética, digitalización y defensa común.
En este contexto, la revisión a la baja del PIB alemán es recibida en Bruselas como una señal de alarma. La gravedad del dato pone de relieve que la recuperación europea sigue siendo frágil y que el margen de maniobra para evitar un escenario de estancamiento prolongado se estrecha. El motor alemán, lejos de impulsar al continente, amenaza con convertirse en un lastre para la economía de la Unión.






