Un café con… Emilio Ordiz

Aunque reconoce que el “frio polar” de los últimos días en Bruselas le ha pillado por sorpresa, el corresponsal de 20 y colaborador de El Orden Mundial asegura que la capital belga tiene más ventajas que desventajas. Quizás tenga que ver su interés por los asuntos europeos, que lo llevaron a instalarse allí en junio de 2023. En esta conversación, Ordiz analiza el panorama político que se avecina en el 2024. Prevé un desarrollo intenso, marcado por unas elecciones cruciales y desafíos clave. Al hablar sobre el futuro de Europa, expresa su deseo de ver una Unión renovada, mejor preparada para afrontar la realidad cambiante y menciona la importancia de una eventual reforma de los tratados, reconociendo los desafíos inherentes a la toma de decisiones en una Unión Europea que podría aumentar su número de Estados miembros próximamente.

Aquí EuropaAntes de empezar espero que estés cerca de una estufa o un radiador, porque estos días en Bruselas está haciendo un frío interesante.

Emilio OrdizSí, la verdad es que nos ha pillado un poco por sorpresa. Ha sido volver de las Navidades y que nos recibiese este nivel de frío polar, muchas capas y eso, un radiador cerca. Y nada, retomar un poco la actividad después de las Navidades, que se nos viene un año interesante por aquí.

AE– Ahora hablaremos precisamente de eso, pero antes, con ese tiempo y con ese cielo tan gris, qué fue lo que te llevó a Bruselas o lo que te animó a dejarlo todo para hacer tu vida allí?

EO En realidad llevo poco tiempo instalado aquí, llevo solo siete meses, me vine en junio de 2023, justo cuando iba a empezar la presidencia española del Consejo, aprovechamos un poco el semestre para hacer el cambio, pero realmente yo llevo haciendo asuntos europeos desde 2018/2019.

Porque ael interés por la Unión Europea lo tengo desde la universidad. Yo acabé la carrera de periodismo en 2017, luego hice máster precisamente en la Unión Europea, así que llevo ya varios años con la cabeza metida en este mundillo, aunque es verdad que hasta hace poco más de medio año estaba a caballo entre Madrid, Bruselas, Estrasburgo, con el parón evidente de la pandemia de por medio.

Era una especialización que me gustaba por lo particular, porque es algo que cuando estás en la carrera o en los primeros años de carrera, digamos que no es lo más atractivo, pero a mí siempre me ha gustado el periodismo internacional y ahí había un hueco que me gustaba, que me era útil y que era también un poco desconocido para la audiencia, desde el punto de vista del consumo periodístico, de la información, y se fueron juntando factores.

AE– Como acabas de comentar hace no tantos meses que llevas instalado en Bruselas y como tú bien has comentado, se viene un año bastante interesante. Ampliación, elecciones, el anuncio reciente de Michel… ¿cómo se plantea este 2024?

EO Bueno, yo creo que vamos a descansar poco, vamos a dormir poco, porque ya el final de 2023 fue intenso con la presidencia española y yo creo que ahora el 2024 va a ser un año muy interesante, más allá del trabajo que nos dé a los periodistas.

Creo que un año igual que un capítulo de una serie muy concreto que te permite aficionarte a esa serie. Yo creo que el 2024 es un año chulo para aficionarte a la Unión Europea. Creo que vienen unas elecciones que van a ser muy, muy importantes, quizás después de la última legislatura, las más importantes de la historia reciente, más luego los debates que vengan después, ampliación, cómo vaya a ser la nueva Comisión Europea, cómo se repartan los espacios políticos en el Parlamento, en el caso de España, hasta qué punto la actualidad nacional pueda también salpicar a lo que es el debate europeo…

Creo que incluso puede que haya momentos en los que vaya a ser inabarcable todo lo que tengamos por delante, no nos vamos a aburrir. Y ya te digo, yo creo que desde ya con lo que has comentado, el anuncio de Charles Michel, y luego ya entraremos en campaña, elecciones… hasta enero de 2025 yo creo que no va a haber respiro y vamos a tener un desgaste y  también una atención mediática muy grande, a saber incluso si la gente se puede llegar a cansar, no lo sé, pero también estamos aquí para eso.

AE– Y aunque es el primer año que lo vas a vivir tan de dentro, has comentado que llevas años sumergido en los asuntos europeos. ¿Cómo has visto la evolución de la Unión Europea durante estos últimos años?

EO  Bueno, yo creo que ya las elecciones de 2019 fueron importantes, aunque nosotros en el caso español, nos lo desvirtuaron un poco porque coincidió, si nos acordamos, con elecciones autonómicas, municipales, pero al final es que la legislatura ha sido muy europea. Primero con la pandemia del COVID, luego con la invasión rusa de Ucrania. Ahora, otra vez, reenganchamos con elecciones. Ha sido inevitable ese cambio. Yo lo digo con una frase que es que antes la gente se preguntaba, ¿qué piensa Alemania o qué piensa Francia?, ahora hemos cambiado ese chip hacia qué piensa Bruselas.

Hemos interiorizado un poco más lo que es la Unión Europea con decisiones comunes, pues se me ocurren dos ejemplos que yo creo que son muy claros, el proceso de vacunación contra la COVID y el fondo de recuperación.

La guerra es verdad que a mucha gente le puede parecer que es algo muy lejano, pero la pandemia no, es decir, la pandemia nos tocó a todos por igual y hubo que venir aquí a Bruselas a negociar un fondo de ayudas y a que nos vacunásemos todos a la vez sin que importase el PIB del país o dónde hubieses nacido, y ese concepto de soluciones comunes que parecía que era imposible, sobre todo por cómo venía la Unión Europea tomando decisiones desde 2008, pues se rompió un molde que desde el punto de vista del interés mediático es interesante. Entonces ahí yo creo que esta legislatura marcó un punto de inflexión y por eso creo que las elecciones de junio van a ser también, no sé si el final de una época o el inicio de otra, pero en cualquier caso van a ser un punto de inflexión, sí.

AE– Tú, además, siendo un periodista especializado en el estudio de los populismos y los discursos euroescépticos, imagino que el tema de las elecciones, la participación ciudadana, etcétera, es algo que te interesa especialmente, ¿no?

EO Sí, y creo que, sobre todo, desde el punto de vista de los jóvenes, que siempre, por lo menos en las elecciones nacionales, parece que vamos un poco por detrás en cuanto al interés que tenemos por la política. Yo creo que en muchas ocasiones con razón, están desencantados. Y de ese desencanto es del que se aprovechan los movimientos populistas o los movimientos euroescéptico para captar ese voto protesta.

En esa brecha es donde meten baza los partidos más euroescépticos. Es verdad que han cambiado un poco su manera de ser, sobre todo desde el Brexit, pero quizá el discurso de “boicotear” la Unión Europea desde dentro, que es el que han adoptado ahora, es más peligroso, porque al final tú si tienes un mensaje eurófobo porque quieres abandonar la Unión Europea, no hay tutía, te quieres ir como se fue Reino Unido.

Ahora hay muchos más matices, desde el punto de vista periodístico y desde el punto de vista académico es una pasada analizar todo, desde el punto de vista electoral y de la opinión pública hay que tener más cuidado, entra en juego también la desinformación, ahora la relación con Rusia, por ejemplo en el caso de Hungría.

Creo que hemos cambiado de época también en eso, la gente puede pensar que como ya nadie pide salir de la Unión Europea, todo está controlado y va más bien al contrario. Ya no es Unión Europea sí o Unión Europea no, sino cómo va a ser la Unión Europea del futuro y quién va a dirigir entre comillas esa Unión Europea. Así que eso en campaña electoral, pues es que es clave.

AE– Y hablando de euroescepticismo, imagino que en Bruselas no tanto, pero en Asturias y Madrid estarás rodeado de personas euroescépticas o que no crean en el proyecto europeo.

EOSí. En Madrid es un poco más difícil encontrarte, no sé si difícil es la palabra, pero bueno, al ser una capital, una ciudad tan grande, digamos que la cercanía o el vínculo con lo que es la Unión Europea es más grande. La brecha viene cuando te vas a territorios, bien sea envejecidos, como el caso de Asturias, despoblados… Claro, yo recurro siempre un poco a esto, que es que la Unión Europea tiene que explicarse en las redes sociales para nosotros, pero también desde el punto de vista analógico, porque nuestros padres tienen una desconexión mucho mayor de la Unión Europea, es decir, yo no puedo hablar con mis padres, tampoco lo pretendo, no llego a casa con el nivel de “frikismo” desbordado, pero esa brecha, esa distancia, es enorme entre lo que nosotros hablamos en lo que es la burbuja europea aquí en Bruselas y lo que luego piensa el ciudadano medio en un pueblo de Asturias.

Cuando hablamos de que la Unión Europea se tiene que acercar a la gente, yo creo que el enfoque que le damos es se tiene que acercar a la gente con nuevas formas de comunicación. Y yo ahí soy, valga la redundancia, un poco escéptico, porque creo que también hay que insistir en tradicionales formas de comunicación, es decir, en ir a un pueblo a colgar un cartel que diga que esta carretera por la que tú circulas está construida y desarrollada con fondos europeos porque nuestros padres y nuestros abuelos no están en las redes sociales todo el rato diciendo “Uy, a ver qué ha hecho hoy, a ver qué ha aprobado hoy el Consejo o a ver qué ha decidido Orbán en la cumbre del EUCO del jueves”. Eso no pasa. La Unión Europea todavía tiene pendiente hacerse simple de entender, es decir, es un elefante político y una estructura mastodóntica, pero creo que hay que aterrizar. No solo el concepto de Unión Europea, sino también el contenido de lo que hacen en el día a día.

AE– Antes hablabas del futuro de la Unión Europea. ¿Cómo ves la Unión Europea de aquí a cinco o diez años?

EO Es interesante porque creo que de aquí a cinco años va a cambiar poco, pero de aquí a 10, 15, si de verdad hay voluntad de cambio puede cambiar bastante. Y baso esta opinión en un debate que es el de la ampliación. Si de aquí a cinco años va a ser difícil que veamos una Unión Europea ampliada, quizá con un Estado miembro más puede ser, volver a la Unión Europea 28, pero si se quiere abordar una gran ampliación tendrá que ser más a medio plazo, no tanto a corto. Y eso va a exigir una reforma interna de la Unión Europea.

Yo no me la imagino más ágil, lejos de lo que mucha gente piensa, creo que la Unión Europea al final por pura forma de ser tiene que ser lenta, porque tienes que poner de acuerdo ahora a 27 Estados miembros, pero dentro de 15 años quizá tengas que poner de acuerdo a 30 o 32 y eso tiene dificultades intrínsecas que no vamos a cambiar. Pero sí que creo que hay pendiente una reforma de los tratados desde 2009, es que si hacemos el resumen de todo lo que ha pasado desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa, no acabamos nunca.

La ampliación va a obligar si de verdad se quiere hacer bien a esa reforma de los tratados y por lo tanto la Unión Europea va a cambiar por completo. La duda es hacia dónde, porque todo esto va a depender de quién tenga más poder cuando haya que abordar esos cambios. Yo me imagino una Unión Europea y estaré satisfecho si vemos una Unión Europea nueva, no entro a valorar cómo, pero sí diferente a la que tenemos ahora, un poco mejor preparada para una realidad que no se parece en nada a la de 2010, por ejemplo.

 

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