El Instituto Cervantes ha sido fundamental en la expansión global del español, extendiendo su presencia más allá de los territorios tradicionalmente hispanohablantes. En esta entrevista, Luis García Montero, director del Instituto, aborda cómo el español se ha consolidado como un puente cultural y diplomático de gran alcance, y cómo la transformación digital está redefiniendo su enseñanza a nivel mundial. Además, reflexiona sobre la importancia de preservar la diversidad lingüística dentro de la comunidad hispanohablante y analiza el papel del idioma en el contexto de las tensiones políticas globales.
Aquí Europa- En los últimos años, España, a través del Instituto Cervantes, ha reforzado la presencia del español en zonas geográficas fuera de su ámbito natural. Aunque históricamente ya hemos tenido presencia en lugares como Filipinas, Asia y África se han convertido en objetivos fundamentales. Geográficamente, ¿cómo describiría la situación del español en estas áreas?
Luis García Montero- En nuestro trabajo, como bien sabes, la defensa global del español es fundamental, pero siempre hay que tener en cuenta la situación de cada región y cada contexto. En estos años, hemos logrado abrir tres nuevos centros, lo cual es un hito importante, especialmente considerando las limitaciones presupuestarias. Hemos abierto un centro en Dakar, en Senegal, otro en Seúl, en Corea, y otro en Los Ángeles, en Estados Unidos.
Además de nuestro trabajo en Europa, creo que estos tres centros reflejan bien los intereses culturales de diferentes partes del mundo a los que debemos responder desde el español. Por un lado, África subsahariana es un área clave. Somos el segundo país del mundo en número de hablantes nativos, después del chino mandarín. Esto es algo que debemos tener en cuenta, especialmente porque en los próximos 20 años la población mundial se va a multiplicar, y el aumento demográfico se concentrará principalmente en África subsahariana. Mantener el español como una referencia en este territorio es esencial, aunque históricamente no ha sido una región muy atractiva para este idioma.
Es importante también apoyar la presencia del español en África, no solo desde las relaciones históricas con Guinea Ecuatorial, sino también creando un puente de entendimiento cultural entre Europa y el África subsahariana. Este es un ámbito que va más allá de las cuestiones migratorias y se centra en el conocimiento cultural, mucho más allá de los problemas cotidianos relacionados con los flujos migratorios.
Por otro lado, el desarrollo económico global se está desplazando hacia Asia, y en ese sentido, es fundamental que el Instituto Cervantes esté consolidado en lugares como Nueva Delhi, que es uno de nuestros centros más importantes. Además, hemos logrado en China ser el primer país que ha establecido dos centros culturales, uno en Pekín y otro en Shanghái. También hemos abierto el Instituto en Seúl, en Corea del Sur, lo que refuerza nuestra presencia en Asia.
Y luego está Estados Unidos, donde existe una tensión diplomática creciente con el mundo hispano, especialmente desde la política de Donald Trump. Es curioso, porque cuando él habla del inglés como único idioma o hace comentarios despectivos sobre el mundo hispano, está pasando por alto que en Estados Unidos hay más de 60 millones de hablantes nativos de español. La idea de que los hispanos son una «amenaza» o una «población pobre» se desmorona al ver que, en realidad, el mundo hispano en Estados Unidos ha cambiado de manera tan radical que, si los hispanos fueran una economía aislada, probablemente serían la quinta o sexta economía más grande del mundo.
Por eso, decidimos abrir un centro en Los Ángeles, no solo por la presencia de Hollywood y la industria audiovisual, sino también porque en California viven 12 millones de hispanohablantes. Nuestro trabajo en la región es crucial, ya que el español se ha convertido en un idioma fundamental en la tecnología, la ciencia y, sobre todo, en la cultura. Ya no es solo una cultura «importada», sino una cultura propia de los Estados Unidos.
Estos tres nuevos centros, en Seúl, Dakar y Los Ángeles, representan nuestra atención y adaptación a las nuevas realidades internacionales.
Aquí Europa- En el contexto actual, con la política de Donald Trump, parece que América Latina no tiene mucha importancia para él, o se la considera como parte de un «América para los americanos», donde lo que está más abajo no cuenta. Ante esta situación, ¿cómo ve usted los lazos entre Europa, y en particular España, con América Latina? ¿Deberían fortalecerse?
Luis García Montero- Siempre hemos hablado de la necesidad de establecer puentes entre Europa y América Latina, algo que es muy beneficioso para España, porque podemos tener un protagonismo importante en ese contexto. Una parte crucial de nuestra posición en el mundo tiene que ver con el papel de España y el idioma compartido con América Latina.
Si España quiere tener prestigio en lugares como Europa, Berlín o incluso Asia, será gracias a la posibilidad de representar un mundo compartido por millones de hablantes. Lo primero que debo decir es que los españoles debemos entender que representamos solo el 9% de los hablantes de un idioma tan vasto. En ese sentido, cualquier intento de centrarnos únicamente en España como «dueños» del idioma es insostenible.
A mí, como filólogo, me gusta mucho recordar a Andrés Bello, quien en el siglo XIX escribió la Gramática del castellano para uso de los americanos. Bello decía dos cosas que después repitió Borges. Primero, que sería un disparate renunciar a la riqueza que supone compartir un idioma con tantos millones de personas, lo que nos permite comunicarnos desde Buenos Aires hasta Guatemala, y desde Salamanca hasta la Patagonia. Cualquier intento de demonizar el español es un error, porque este idioma es una verdadera riqueza al permitirnos entendernos con tanta gente.
Lo segundo que decía Bello es que un idioma hablado por tantos millones no puede ser centralizado; debe defenderse su diversidad. En mis clases en Granada, siempre enfatizaba que no se trata de respetar solo el español de Bogotá o de Buenos Aires, porque ninguno de los dos es mejor ni peor que el otro. Ambos son igual de válidos y correctos. Recuerdo que Andrés Bello solía decir: «Oigan, los andaluces no hablan mal el español, aunque a veces se coman las eses. En Andalucía se habla como se habla, y lo mismo ocurre en Salamanca».
Este ejemplo me sirve para transmitir la idea de que debemos respetar la diversidad del español. Aceptar la suerte que tenemos de compartir un idioma tan significativo internacionalmente, y evitar cualquier tipo de centralismo que intente apropiarse del idioma.
La cuestión de la pureza del idioma es otro de esos debates recurrentes. Cuando alguien en Latinoamérica trata de demonizar el español, yo suelo responder: «Yo soy de Granada, pero no me voy a reivindicar desde la pureza de Boabdil, porque hoy en día tengo mucho más que ver con el mundo actual y con el español de hoy». Todos compartimos un idioma y una cultura tan hispánica como la mía, así que no tiene sentido hacer distinciones de purezas históricas.
Es importante recordar que, cuando miramos la historia del colonialismo, el español, a diferencia de otras lenguas como el inglés, pronto aprendió a convivir con las lenguas indígenas. Durante los procesos de independencia en América Latina, había una gran cantidad de hablantes de lenguas indígenas, y hubo un momento en que los misioneros comprendieron que, para lograr su objetivo, debían aprender las lenguas autóctonas y comunicarse con los pueblos indígenas en su idioma. De hecho, se aprendieron idiomas como el quechua y el aymara, lo que permitió un diálogo enriquecedor.
Por lo tanto, aquellos que creen que el español es un enemigo de las lenguas indígenas se equivocan. A lo largo de la historia, la cultura en español ha establecido una relación mucho más rica y respetuosa con las culturas indígenas que otros procesos históricos.
Aqui Europa- El español, en combinación con América, tiene una proyección impresionante, y el cambio que estamos viviendo, con la tecnología disruptiva y la inteligencia artificial, es tan rápido que muchas veces parece que ni nosotros mismos sabemos en qué momento estamos. ¿Qué puede hacer el español, y especialmente el Instituto Cervantes, en este proceso tan brutal de transformación?
Luis García Montero- Es un proceso brutal de cambio de época y lo que se puede hacer, más que tener unas ideas muy fijas, es aprender de la historia. Por ejemplo, cuando nosotros explicamos en clase la literatura de la novela de Galdós y la novela realista. Tenemos que hablar de lo que supuso un cambio tremendo con la economía industrial en Europa y el desarrollo masivo de la industria.
Y ahí aprendes dos cosas. Una, cerrar los ojos como si no hubiera cambio es una trampa porque no puedes evitar la realidad y dos, a la hora de no cerrar los ojos, ver lo bueno y lo malo que tienen los cambios históricos. Y en ese sentido, por ejemplo, la transformación digital se ha convertido en una preocupación del instituto muy importante que se multiplicó con la pandemia, porque como hubo que suspender las clases presenciales, hubo que desarrollar mucho la posibilidad de difundir la cultura en las plataformas digitales y dar clases en las plataformas digitales.
Y hemos aprendido a una convivencia, una enseñanza híbrida, donde se juega en la complicidad con lo presencial y con lo digital. Y a partir de ahí, estamos intentando modernizarnos, no podemos decir esto no tiene importancia. Una parte muy importante del dinero que hemos conseguido con los fondos europeos se ha dedicado a la transformación digital.
Los datos que me dieron para preparar el anuario 2025, que presentaremos el mes que viene, de pronto la transformación ha salido bien porque ha subido un tanto por ciento muy notable las visitas y el uso de las plataformas del Instituto Cervantes hemos tenido en el curso 2024-2025 más de 89 millones de visitas. Y claro, muchas veces son visitas fugaces, pero están contabilizados más de 29 millones de visitantes asiduos, que eso es importante.
Y a partir de ahí, por ejemplo, utilizar la transformación digital y tener en cuenta que muchas veces las máquinas son más fiables que los seres humanos, porque las máquinas están programadas por los seres humanos y cuando se haga programación del lenguaje artificial, pues evitar sesgos, evitar que no haya relación de sesgos que sean machistas o de sesgos supremacistas y racistas y que no parezca que ser anglosajón es más importante que ser hispan. Es una batalla importantísima.
El español neutral que utiliza a veces Hollywood selecciones sirva para despreciar el español que se habla en Castilla-La Mancha o en cualquier lugar de La Mancha, o que se habla en cualquier lugar de Latinoamérica, hay que estar muy pendientes de eso y sacar todo el beneficio posible. Las máquinas tienen mucha autoridad. Que la gente piense. Son cosas que uno se encuentra día a día en el trabajo, que la gente piense Si uno va por Madrid buscando una dirección que conocía o va con una hija a un hijo que le dice Papá, creo que es por aquí. Pues a lo mejor uno duda, porque desconfiamos de nosotros mismos, pero si pones el GPS y la máquina te dice por dónde vas, no le llevas la contraria al GPS.
Esa autoridad de que parece que el dato no deja espacio para la mentira, hay que vigilarla mucho para que no haya alguien que se utiliza de esa autoridad para poder manipular. Manipular, por ejemplo, el español que se habla en España o el español que se habla en cualquier otro lugar frente al español de las películas dobladas en Hollywood, por ejemplo.
Aqui Europa- El español tiene un papel fundamental no solo a nivel cultural, sino también diplomático. Para España es una herramienta política clave para tener presencia en el mundo. Se habla mucho del concepto de «soft power» o poder blando. ¿Cómo se ejerce este poder, y cómo debería ejercerse desde el Instituto Cervantes?
Luis García Montero- Es muy importante entender que el Instituto Cervantes, como representante del español en el mundo, pertenece a la acción exterior de España. Hubo muchos debates sobre si debería formar parte del ámbito cultural, y aunque siempre hemos contado con la colaboración del Ministerio de Cultura, nuestra tarea fundamental es la acción exterior.
En la red de centros del Instituto Cervantes, que está presente en más de 100 ciudades de todo el mundo, la colaboración con las embajadas y con el mundo diplomático es crucial. A través de esta colaboración, podemos contribuir significativamente a la imagen de España y a su acción internacional. Yo he visto que esta cooperación con la diplomacia y las embajadas da excelentes resultados. A la vez, las embajadas reconocen las oportunidades que nos ofrece el Instituto Cervantes para promover los intereses comunes.
Una embajada representa los intereses de España, pero el Instituto Cervantes, como institución independiente fundada en 1991, no solo representa la cultura española, sino la cultura en español. Esto nos permite aprovechar las relaciones que las embajadas tienen con los países hermanos, especialmente con las embajadas latinoamericanas. De hecho, aproximadamente la mitad de nuestros actos los realizamos en colaboración con embajadas latinoamericanas, invitando tanto a escritores e intelectuales españoles como a autores de países como México, Colombia, Argentina, entre otros. Esta colaboración refuerza el vínculo entre las embajadas españolas y las latinoamericanas.
Cuando surgen tensiones políticas, como las que hemos vivido últimamente entre México y España, el Instituto Cervantes tiene un papel crucial al poder actuar en nombre de la divulgación de la cultura en español, más allá de las diferencias políticas que puedan marcar las embajadas. Un buen ejemplo de esto es el acuerdo que alcanzamos con la Cámara de Diputados de México para promover la expansión del español en Europa, Asia y Estados Unidos. A pesar de las tensiones, entendemos que la lengua y la cultura compartidas son un bien común que debemos proteger y fortalecer.
A lo largo de la historia, las dificultades políticas han, en ocasiones, fortalecido los lazos de fraternidad. Por ejemplo, el general Lázaro Cárdenas, quien brindó un apoyo solidario al exilio español, no solo lo hizo porque compartiera los ideales democráticos, sino porque, frente al imperialismo norteamericano, defendió que las raíces de México no eran anglosajonas, sino hispanas. Cárdenas utilizó la cultura hispana como una herramienta de resistencia, lo cual tiene mucho que ver con nuestra labor actual.
Cuando Donald Trump hace comentarios contra México o los hispanos, pienso que ese tipo de hostilidad, aunque dolorosa, también pone de manifiesto la importancia de esos lazos históricos y culturales. Por nuestra parte, estamos ofreciendo clases especializadas, por ejemplo, para enseñar español a médicos estadounidenses, para que puedan atender a pacientes hispanohablantes en su idioma materno. También trabajamos para defender la lengua de herencia, para que los niños no se avergüencen de hablar español en las escuelas, a pesar de las dinámicas que a veces intentan hacerles sentir lo contrario.
Estas son algunas de las tareas del Instituto Cervantes, y quizás las dificultades que enfrentamos nos ayuden a tomar conciencia de unos lazos que no son recientes, sino que se han formado a lo largo de los siglos, constituyendo una comunidad hispánica global.
Aqui Europa- Una última cuestión, y esta más desde la perspectiva de un filólogo que de un director. ¿Cómo influye el idioma en la manera de pensar y sentir? Y, en ese sentido, ¿qué diferencias sustanciales existen entre los hispanohablantes y el ámbito anglosajón? ¿Cuánto influye nuestro idioma?
Luis García Montero- Creo que es fundamental respetar la lengua materna. No solo en una competencia entre el inglés y el español, sino en términos más amplios: quien tiene el inglés como lengua materna lo vive de manera diferente al que lo ha aprendido para hacer negocios o trabajar en empresas internacionales. La lengua materna es crucial porque es en ella donde aprendemos a decir «te quiero», «tengo miedo», «madre, tengo frío». Por eso, defender y respetar nuestra lengua materna es algo profundamente importante.
No se trata de competir. En el siglo XIX y principios del XX, hubo pensadores alemanes que sostenían que en español no se podía hacer filosofía. Hoy en día, algunos afirman que para ser científico hay que escribir en inglés. Sin embargo, lo que debemos hacer es estar orgullosos de un idioma que nos permite expresarnos filosóficamente, científicamente, y de muchas otras maneras.
Es cierto que en la comunicación hay un emisor, un receptor y un contexto. Las palabras se llenan de valores sentimentales, ideológicos, de vínculos y alianzas. Quienes compartimos el español como lengua materna, compartimos una cercanía que es difícil de alcanzar con aquellos que, aunque hablen español, no lo han vivido desde su casa. Por eso es tan importante respetar la lengua materna y la diversidad lingüística.
A partir de ahí, debemos ser muy conscientes de todo lo que puede albergar una palabra. Yo soy discípulo de Antonio Machado, quien solía decir a sus alumnos: «Tengan cuidado, la verdadera libertad no está en poder decir lo que pensamos, sino en poder pensar lo que decimos».
Eso tiene mucho que ver con la era actual, donde las prisas, los bulos y los falacias se han vuelto comunes. Mucha gente se siente libre por decir lo que piensa sin detenerse a reflexionar sobre lo que está diciendo. La verdadera libertad consiste en cuidar la conciencia a través del cuidado de las palabras. No se trata solo de decir lo que pensamos, sino de ser dueños de nuestras propias opiniones y de ser capaces de pensar antes de hablar. Es muy importante aprender a pensar lo que decimos antes de simplemente decir lo que pensamos.