La responsable de Acción Humanitaria de la ONG española Entreculturas, Asunción Taboada, enfatiza la importancia de la educación en emergencias, destacando su papel en proporcionar protección emocional y física, así como en la construcción de comunidades resilientes. En un contexto marcado por conflictos geopolíticos y la crisis climática, Entreculturas aboga por acciones concretas, como la financiación flexible y sostenible para la educación en situaciones de crisis, y el respaldo de la Unión Europea en términos de diplomacia humanitaria y garantía de acceso seguro a la educación en entornos afectados por crisis.
Entreculturas, la ONG española se enfoca principalmente en promover la justicia y la transformación social. Su labor se centra en preservar el derecho fundamental a la educación y respaldar a personas migrantes para asegurarles una vida digna y acceso a sus derechos, incluida la educación. Si bien su base principal está en España, miembros de la organización se encuentran desplazados en distintos países de América Latina, África y Asia. Así, con un equipo de alrededor de 760 personas, la organización opera en aproximadamente 45 países, implementando una variedad de proyectos.
Entreculturas trabaja en lo que denominan las cinco causas justas: La garantía del derecho universal a una educación de calidad, la defensa de la vida digna de las personas migrantes y refugiadas; la promoción de una justicia socio-ambiental; el fortalecimiento de la participación y la ciudadanía global; y la promoción de la equidad de género.
Aquí Europa- Entreculturas reivindica la importancia de la educación en emergencias, ¿por qué?
Asunción Taboada- La defendemos porque entendemos que en situaciones de crisis es fundamental que las personas puedan tener acceso a un aprendizaje de calidad. Y ese aprendizaje de calidad no es solo para los niños o niñas de infantil, de primaria, sino que tiene que ser algo que toda la población afectada por una crisis pueda acceder a ella sin importar la edad que tengan o la situación legal en la que se encuentren.
Algo muy indicativo de la importancia de la educación es, por ejemplo, durante el COVID, cuando todos los padres y madres estaban preocupados con la educación de sus hijos. Eso, de alguna manera, fue una situación de crisis para una sociedad como la española, que no había vivido muchas situaciones de crisis en las últimas décadas. Ante esa situación de crisis vimos que la importancia de la educación iba más allá de ir a clase o aprender matemáticas o aprender lenguas, sino que es importante para sus emociones y para el desarrollo emocional estar con gente de su edad y con profesores y profesores preparados para educarles. Bueno, pues esto se traslada de alguna manera a otras situaciones de crisis causadas por una guerra, por un desastre natural, etcétera.
La educación en emergencias, pues proporciona una protección emocional, una protección física. De alguna manera, las escuelas son lugares seguros que salvan vidas, en contextos de violencia, en contextos de guerras, las escuelas se convierten en centros seguros y libres de violencia. En situaciones de emergencias de tipo sanitario a través de la educación se pueden controlar pandemias, a través de enseñar al alumnado de más de medidas de higiene, proteger a la infancia proporcionando en la escuela alimentación regularmente a comunidades que no la tienen.
Es decir, la educación en situaciones de emergencia, en situaciones de crisis, va mucho más allá de garantizar que los niños y niñas, que los jóvenes, que los jóvenes adultos tengan acceso a aprender y a adquirir herramientas para su vida como profesional y futura, sino que también proporciona un espacio de seguridad física, de seguridad emocional.
Es una herramienta transformadora que nosotros vemos como algo clave en cualquier conflicto o en cualquier crisis que haya hoy en día. La escuela, por otra parte, es un entorno que genera capacidades de muchísimos tipos, de gestión del conflicto, habilidades para la vida, es decir, una serie de habilidades blandas que transforman a la persona que va a clase, pero esas habilidades luego se extienden a su familia, a su comunidad. Entonces, de alguna manera, la escuela puede plantar esa semilla en los alumnos y alumnas, pero luego transforma su entorno y transforma las comunidades en las que esa escuela está presente.
AE- Nos encontramos en un contexto geopolítico marcado por conflictos. ¿En qué se está reflejando esto?
AT- La cifra de personas que están afectadas por la crisis cada día es más alta. Estimamos que alrededor de 250 millones de personas viven en situaciones de crisis en todo el mundo y de esos aproximadamente 50 millones son niños y niñas. Es decir, los conflictos que vivimos hoy en día, que son cada vez más complejos, no solo afectan a las personas adultas, afectan a los niños. Estas situaciones complejas saben que los niños y niñas tienen que irse de sus casas, emigren y ese proceso de vivir en situaciones de riesgo y vivir en emergencias, hace que haya muchos millones, casi 30 millones de niños y niñas que hayan perdido el derecho a la educación.
Al final, los complejos en los que él trabaja son muy complejos en términos de seguridad, en términos de inestabilidad política, en términos de conflictos sociales. Entonces, la educación para nosotros, obviamente se ve muy afectada, pero yo creo que también cobra un sentido muy especial porque es una forma de transformar la sociedad, al final a través de la educación y del acceso a tener herramientas de gestión de los conflictos de una manera no violenta, a tener herramientas de poder buscar nuevas formas de generar ingresos, formas nuevas de tener medios de vida diferentes, hacen que la escuela sea algo extremadamente relevante en contextos de crisis tan complejas como las que vivimos. T
El poder que tiene la escuela no solo de transformar a la infancia, a los jóvenes, sino a toda la comunidad que hay a su alrededor, es fundamental. Por ejemplo, tenemos un proyecto junto con un socio, que es el Servicio Jesuita de Refugiados en Siria, y una de las líneas de acción principales que tenemos en la escuela es temas de reconciliación, temas de reconstrucción de la sociedad, es decir, que al final la educación dota a los alumnos y alumnas de unas habilidades que puedan extender a sus familias y que esto ayude a construir una sociedad que esté más unida, que sea más fuerte, que sea más resiliente.
Al final estos conflictos y estas situaciones tan complejas a las que nos enfrentamos nos obligan a repensar la educación y qué significa la educación más allá de los libros para transformar la sociedad a través de dar las capacidades a los alumnos, de crear relaciones más sanas, de crear relaciones que no sean violentas. Y hay ocasiones en las que estas situaciones tan complejas que vivimos hacen que haya muchos niños y niñas que llegan al colegio y no tienen qué comer. Entonces, la escuela en contextos de crisis se convierte también en una fuente de alimento. Hay muchas familias que, de no ser por la escuela, no podría alimentar a sus hijos. La importancia de la educación, estas crisis tan complicadas tiene muchísimas dimensiones y es importante que ante las crisis complejas que vivimos las tengamos muy en cuenta.
AE- Cuando hablamos de situaciones de crisis, lo primero que normalmente se nos viene a la cabeza suele ser la guerra o un conflicto bélico, pero existe también la crisis climática como un factor que agrava la situación humanitaria. ¿De qué manera está conectada esta crisis con las emergencias educativas que enfrenta la organización?
AT- Una de las principales consecuencias de la crisis climática que vivimos es la inmigración. Hay muchas familias que por inundaciones, sequías, ciclones, terremotos, cualquier tipo de evento climático se ven obligadas a abandonar sus hogares y al abandonar sus hogares, obviamente, los niños y niñas abandonan la escuela. Pero es verdad que estas crisis tienen muchísimos otros efectos, como pueden ser la destrucción de las formas de vida. La mayoría de población con la que trabajamos son poblaciones rurales que viven de la ganadería y de cultivar sus verduras. Entonces, cuando viene un evento climático desatado por el cambio climático, se pierde la economía que está sustentando esa familia, se pierden los medios de vida.
La falta de recursos, el que esa familia no pueda sostenerse económicamente, hace que no haya recursos para mandar a los niños, a los hijos e hijas, a la escuela. Y en muchas ocasiones, estas crisis climáticas que afectan a la capacidad económica de las familias, llevan a muchas niñas a los matrimonios infantiles, llevan al trabajo infantil.
Que haya una escuela que trabaje con los niños y niñas, pero también con las familias para proporcionar herramientas de resiliencia frente al cambio climático, encontrar o apoyar a esas comunidades a encontrar formas de agricultura y ganadería que sean sostenibles y técnicas de cultivo y de alimentación de los animales que sean sostenibles. Formación sobre economía circular, temas de formación en reciclaje, en empleos verdes, es decir, formación muy específica para generar resiliencia y permitir que esas comunidades o que esas personas afectadas por la crisis climática puedan continuar adquiriendo capacidades para buscar o reenfocar su forma de vida.
Y luego que muchas veces el trabajo que se hace acompañando a las familias dentro de la escuela, hay profesionales que dan las clases, que acompañan a los alumnos y alumnas, pero también se acompaña a las familias. Y ese trabajo que se hace con las familias de poner en valor la importancia de la educación es fundamental, porque al final, si las familias y las comunidades con las que trabajamos entienden la importancia de que sus hijas vayan al colegio, si hay una crisis, si se tienen que desplazar, buscarán el medio de que sus hijos o sus hijas vayan al colegio.
Se trata de apoyar todo el proceso, encontrar nuevas formas de vida, crear comunidades resilientes, tener una infraestructura que pueda alimentar a los niños y niñas que van a la escuela y acompañar a las familias para que se den cuenta o que vean la verdadera importancia y el impacto que tiene la educación en su contexto y en su comunidad.
Foro Humanitario en Bruselas en el que participó Entreculturas
AE- Recientemente, estuvisteis en Brusela poniendo precisamente en valor la importancia de la educación en situaciones de emergencia respaldados por un Informe que propone recomendaciones para los Estados y la comunidad internacional en línea con la Agenda 2030. ¿Podrías compartir algunas de estas recomendaciones?
AT- El mensaje clave para nosotras durante el foro fue devolver la mirada a la educación en emergencias y también al contexto de Centroamérica, Caribe, América Latina, por varios motivos. Uno, que quizás la educación en emergencias, aunque cada vez más se ve como una línea de actuación propia de las crisis, propia del primer momento de respuesta, yo creo que normalmente es algo que se asocia más al desarrollo, como algo más a largo plazo, porque al final se ve en una crisis, lo primero que se abarca es la alimentación, que haya seguridad, que la gente tenga una tienda o algo para cubrirse y pasar la noche, que haya mantas… bienes más de primera necesidad, esos bienes de tipo alimentario, agua, etcétera. Y la educación se veía como más de un segundo momento, en una fase más de desarrollo.
Sin embargo, se ha visto que la importancia de las escuelas es estar ahí desde el primer momento, es que no se pierda el derecho a la educación en ningún momento de una crisis, no esperar a que pasen unos meses y entonces ya ponerlo en marcha, sino que la educación en emergencia es algo que tiene que estar ahí desde el primer momento, y eso requiere de una financiación que sea específica, porque al final un proyecto de educación no puede tener una financiación de un año natural, porque las escuelas no funcionan con un año de enero a diciembre, o los ciclos escolares son más largos, entonces tiene que haber una financiación que sea flexible, que esté adaptada al contexto y a las necesidades de la educación.
Por otra parte, la educación, todos estamos de acuerdo en que es un derecho fundamental, que está protegido por el derecho internacional, por el derecho Humanitario. Entonces, si nos hemos comprometido sobre el papel a que la educación es algo fundamental y es fundamental como el comer, cuando llega el momento de la emergencia tenemos que tener las capacidades y tienen que poner a disposición de las organizaciones los recursos para que esto se materialice.
Y luego, por otra parte, hay veces que en estas crisis que hablábamos, que son complejas, que duran tanto tiempo, que se convierten en crisis, que se quedan, de alguna manera, olvidadas porque van surgiendo nuevas crisis que van ocupando los medios de comunicación y es de lo que se habla, pues esa crisis, como por ejemplo puede ser Colombia, como puede ser Venezuela, quedan en el olvido, en el olvido, de alguna manera. Y al quedar en el olvido, pues hace que queden sin financiación.
Entonces era un poco también poner sobre la mesa el hecho de que hay situaciones de crisis que no por llevar muchos años siendo críticos, han dejado de serlo y que es importante que les prestemos atención, porque al final, si nos olvidamos de los contextos, como puede ser Venezuela o Colombia, y dejamos de apoyar proyectos allí, al final estamos dando la espalda a unas necesidades muy grandes, simplemente porque se nos ha olvidado que están ahí. Así que volver a poner eso en el foco y en la atención del público nos parecía muy importante.
AE- ¿Qué acciones consideras que debería emprender la Unión Europea como actor internacional para abordar estas situaciones paliar en cierto modo las consecuencias de las crisis o los conflictos que se dan y la forma en la que afecta a la educación de tantos niños?
AT- La Comunidad Europea vista como una comunidad de donantes, a través de las herramientas que tiene, es, de alguna manera, reconocer y hacerse más responsable de la brecha de financiación que hay en el tema de educación en emergencias. Se estima que hay una brecha de aroximadamente 30 o 40 millones de dólares. Esa brecha hace que no podamos llegar a garantizar la educación de muchos niños y niñas. Entonces, eso es fundamental.
Otro tema que estamos viendo y que viene un poco a raíz de las crisis complejas, es que a veces las financiaciones son muy específicas para un tipo de población. Son financiaciones para población refugiada o para población desplazada interna.
Es necesario que seamos flexibles a la hora de atender las necesidades de la población y que dé igual el estatus o la situación legal de esa persona, si la persona tiene una necesidad de educación y no el Estado no puede satisfacerla o esa persona no tiene los recursos para hacerlo, da igual que cuál sea el papel que tenga. Tenemos que ser capaces de tener una financiación que vaya un poco más allá y quizás el tema de la sostenibilidad en el tiempo.
Un proyecto de educación para poder mantenerse necesita tener una financiación que sea continuada en el tiempo, que sea sostenible, que dé una seguridad a los alumnos y alumnas y a los profesores de que eso va a tener una capacidad transformadora que se sostenga en el tiempo. Con un año de educación, no vamos a llegar muy lejos. Entonces, el poder mantener esto en el tiempo es fundamental.
Y luego, quizás también hilado con estas crisis complejas que estamos viviendo, ya no como donante, sino por su poder de diplomacia humanitaria, por su poder de negociación, que una entidad como la Unión Europea o los distintos estados de la Unión Europea respalden a las organizaciones que están trabajando en estos temas con el acceso, que apoyen el proceso de garantizar un acceso seguro a la población que ha sido afectada por la crisis, en garantizar un espacio seguro.
Eso se hace a través de lo que llamamos diplomacia humanitaria y ahí los Estados tienen mucha más capacidad de negociación que organizaciones, sobre todo, que son más pequeñas. Entonces por ahí también hay una vía de trabajo conjunto que puede redundar en que el servicio de educación o los proyectos de educación que se ofrecen sean de mucha más calidad, sean sostenibles y los espacios seguros que se creen sean mucho más sólidos, de alguna manera.
