Los derechos de este artículo, con autoría de Oscar Ruíz, pertenecen al medio especializado, Escudo Digital.
El reciente derribo de drones rusos que cruzaron el espacio aéreo de Polonia ha devuelto al centro del debate un mecanismo que aparece cada cierto tiempo en los titulares: el Artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte.
Sin embargo, la historia y los hechos demuestran que este artículo es, básicamente, un altavoz político más que un detonador de acción militar real. Y esa diferencia se entiende mejor cuando se compara con su hermano mayor, el Artículo 5, el de la defensa colectiva.
Qué es el Artículo 4 y por qué frustra a los aliados
El Artículo 4 establece que cualquier aliado puede solicitar consultas cuando sienta que su integridad territorial, independencia política o seguridad están amenazadas. No implica compromisos automáticos ni despliegues obligatorios, lo que hace es abrir un debate político en Bruselas. La respuesta depende de la voluntad de los aliados, y sobre todo, de la disposición de Estados Unidos a traducir palabras en hechos.
De Irak a Ucrania: cuándo se ha invocado en la historia
Desde 1949 se ha invocado ocho veces. Turquía lo utilizó en 2003 por la guerra de Irak y en 2012 tras el derribo de un avión por Siria. En 2014 y 2015, varios países del Este lo reclamaron ante la agresión rusa en Crimea y el Donbás.
En 2022, ocho Estados miembros lo activaron de forma conjunta tras la invasión rusa de Ucrania. El resultado: consultas, declaraciones solemnes, y la creación de cuatro nuevos batallones OTAN en Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria y Hungría.
El contraste con el Artículo 5 es total: este último solo se ha activado una vez, tras los atentados del 11-S, y desencadenó la operación más ambiciosa en la historia de la Alianza. Esa diferencia marca el peso real de cada mecanismo.
Pero detrás de cada despliegue hay un coste militar y logístico enorme: mantenimiento de Patriot, horas de vuelo de cazas y AWACS, rotaciones de tropas… Un esfuerzo que, salvo cuando EE.UU. se involucra directamente acaba diluyéndose en compromisos limitados y temporales.
Polonia 2025: drones rusos y la misión “Eastern Sentry”
La OTAN ha respondido lanzando la misión “Eastern Sentry”, definida como una operación multidominio para reforzar el flanco oriental. Dinamarca enviará dos F-16 y una fragata; Francia, tres Rafales; Alemania, cuatro Eurofighter; y se esperan más aportaciones.
El secretario general, Mark Rutte, calificó las incursiones como “irresponsables e inaceptables”. El Consejo de Seguridad de la ONU fue convocado a petición polaca.
Sin embargo, Washington no ha puesto todavía medios concretos sobre la mesa. Trump expresó solidaridad, pero también deslizó que la incursión “podría haber sido un error”. Varsovia lo rechazó de plano: para Polonia fue deliberado. Esa ambigüedad estadounidense es precisamente lo que mina la eficacia del Artículo 4.
España entre la solidaridad política y los límites militares
España reaccionó rápido en el plano diplomático. El Ministerio de Asuntos Exteriores convocó al encargado de negocios ruso en Madrid para expresar su condena. El ministro Albares habló de una “violación inaceptable del espacio aéreo de un socio y aliado” y pidió “unidad y determinación”. Pero de momento, no hay compromisos militares adicionales confirmados.
España exige autorización parlamentaria para cualquier despliegue en el exterior. Eso marca los límites, aunque hay precedentes de compromiso sólido: desde 2015 España mantiene una batería Patriot en Turquía bajo paraguas OTAN, contribución que sigue activa.
En el caso polaco, España podría sumarse con refuerzos modulares (aviones en rotación, equipos antidrones, apoyo de guerra electrónica o vigilancia ISR), pero difícilmente irá más allá de eso.
EE.UU. como llave: sin Washington, el Artículo 4 es humo
La lección es clara: el Artículo 4 sirve para ganar titulares y cohesionar políticamente, pero no garantiza acción militar. En los casos en los que Washington lideró, como en Turquía, sí hubo despliegues robustos. En los que no, todo quedó en gestos diplomáticos.
Hoy, mientras cazas europeos se preparan para “Eastern Sentry”, EE.UU. se limita a realizar declaraciones ambiguas. Esa distancia erosiona la disuasión: si Rusia percibe que puede enviar drones o misiles sobre un aliado y la reacción será solo consultiva, el coste de su provocación es mínimo. El riesgo es evidente: la normalización de violaciones del espacio aéreo aliado.
Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿qué valor tiene el Artículo 4 si la mayor potencia de la Alianza no lo acompaña de compromisos claros? Para Polonia, la amenaza no es un ejercicio académico: son drones reales cayendo sobre su territorio. Para el resto de la OTAN, la credibilidad está en juego.
La consulta sin acción erosiona la disuasión
El Artículo 4 nació como un mecanismo de consulta. Ocho décadas después, sigue siéndolo. Sirve para mandar mensajes, pero no para cambiar correlaciones de fuerzas. La crisis de Polonia demuestra que sin EE.UU., esas invocaciones pesan poco más que una nota de prensa. El verdadero dilema de la OTAN no es si se consulta o no, sino si está dispuesta a actuar con contundencia cuando la frontera oriental es violada.
También España va ser testeada por Rusia. Si se deciden aumentar las capacidades de la OTAN en el flanco Oriental por este suceso con los drones, sabremos si Madrid tiene margen en sus recursos militares o si ya estamos al límite en cuanto a compromisos se refiere.






