Nicolás Pascual de la Parte: «Europa no puede aspirar a la estabilidad si la orilla sur del Mediterráneo permanece estructuralmente desestabilizada»

Nicolás Pascual de la Parte en el Parlamento Europeo.

Nicolás Pascual de la Parte discutiendo sobre Europa y el Mediterráneo.

González Barcos
El eurodiputado del Grupo Popular Europeo analiza los grandes desafíos geopolíticos de la Unión: la creciente inestabilidad en el Mediterráneo y el Sahel, el futuro del Cáucaso, la transformación de la guerra en Ucrania, el ascenso estratégico del Ártico y el papel de las potencias medias en un escenario internacional cada vez más fragmentado.

 

El Mediterráneo y la gran frontera europea

Aquí Europa: La Unión Europea parece haber concentrado buena parte de su atención estratégica en el flanco oriental durante los últimos años, pero el Mediterráneo continúa acumulando factores de inestabilidad: la creciente influencia rusa, la proyección de Turquía y las monarquías del Golfo o la presión migratoria, entre otros. ¿Está Europa otorgando a esta región la importancia que merece?

Nicolás Pascual de la Parte: El Mediterráneo siempre ha sido concebido desde la perspectiva europea como un espacio de encuentro, intercambio y prosperidad compartida. Sin embargo, todavía no hemos conseguido convertirlo en esa realidad y continúa siendo una frontera que separa dos mundos muy distintos, no solo desde el punto de vista cultural o religioso, sino sobre todo en términos de renta y desarrollo.

Entre la orilla norte y la orilla sur existe una diferencia de renta per cápita cercana a diez veces, una de las mayores del planeta. Esa desigualdad genera una tensión estructural permanente: millones de personas contemplan Europa como un horizonte de prosperidad y tratan legítimamente de acceder a ella.

A esta brecha económica debemos añadir la diferencia demográfica. El Sahel es una de las regiones con mayores tasas de natalidad del mundo y, si incorporamos además la expansión del yihadismo radical, encontramos todos los ingredientes para una inestabilidad crónica.

Europa tiene todavía pendiente transformar el Mediterráneo en ese espacio de prosperidad compartida al que aspiraba. La creación de una comisaria específica para el Mediterráneo en la nueva Comisión Europea demuestra que Bruselas ha tomado conciencia de la importancia estratégica de esta región.

No puede existir estabilidad económica, social o política en Europa si la orilla sur del Mediterráneo permanece estructuralmente desestabilizada.

Recientemente se ha presentado una nueva estrategia integral para el Mediterráneo que, más que introducir elementos revolucionarios, ordena y coordina los instrumentos y programas ya existentes. Eso tiene un valor metodológico importante, pero echo en falta una aproximación más individualizada.

Marruecos, Argelia, Túnez, Libia o Egipto son países profundamente distintos entre sí y no admiten una estrategia homogénea. La política europea debe ser mucho más bilateral y específica.

Las tensiones entre Marruecos y Argelia, cuya frontera continúa cerrada, ilustran perfectamente esta realidad. Además, estamos viendo cómo algunas de las rivalidades ideológicas y geopolíticas que antes caracterizaban al Oriente Medio se están reproduciendo ahora en el Magreb y el Sahel.

Todo ello obliga a Europa a mirar no solo al Mediterráneo, sino también a los vecinos de nuestros vecinos, especialmente al Sahel.

El papel de España

AE: ¿Está España desempeñando el papel que le corresponde dentro de la estrategia europea para el Mediterráneo?

Nicolás Pascual De la Parte: España tiene una responsabilidad histórica y geográfica evidente. Desde los Reyes Católicos, las constantes de nuestra política exterior han sido la presencia en el Mediterráneo, el protagonismo en Europa y la proyección hacia América.

Esas prioridades siguen plenamente vigentes. España es el país que cierra el Mediterráneo occidental y, por tanto, tiene un interés vital en la estabilidad y el desarrollo de la orilla sur.

Tengo la impresión de que España ha perdido parte del impulso que tuvo durante el Proceso de Barcelona. No podemos dejar el liderazgo mediterráneo exclusivamente en manos de Francia o Italia. Debemos trabajar conjuntamente con ellos, pero también desarrollar una agenda propia que se integre armónicamente en la estrategia europea.

En el diseño de la actual estrategia mediterránea de la Unión Europea, España no tuvo el peso ni el protagonismo que le corresponde.

Escuchar antes de actuar

AE: Usted ha insistido varias veces en la necesidad de estrategias más específicas y menos generalistas.

Nicolás Pascual De la Parte: Europa ha cometido con frecuencia el error de diseñar estrategias para otras regiones sin escuchar suficientemente a quienes van dirigidas.

Incluso el lenguaje que utilizamos resulta a veces problemático. Hablamos de “proyectar estabilidad”, cuando la estabilidad no se proyecta unilateralmente desde Bruselas hacia terceros países. La estabilidad se construye conjuntamente.

Primero debemos escuchar a nuestros socios, identificar intereses compartidos y, solo después, desarrollar programas comunes.

No tiene sentido elaborar una estrategia exclusivamente europea y pretender después implantarla sobre el terreno sin contar con quienes van a aplicarla y beneficiarse de ella.

Armenia, Azerbaiyán y el futuro del Cáucaso

AE: ¿Cómo observa la Unión Europea la evolución del Cáucaso y particularmente las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán?

Nicolás Pascual De la Parte: El conflicto de Nagorno Karabaj fue durante décadas uno de los grandes conflictos congelados del espacio postsoviético.

La recuperación militar del territorio por parte de Azerbaiyán y el desplazamiento de la población armenia residente supusieron una solución de facto muy alejada de los principios del derecho internacional y de los mecanismos tradicionales de resolución de conflictos.

Rusia, inmersa ya en la guerra de Ucrania, no estuvo en condiciones de proporcionar a Armenia el apoyo que esta esperaba de su principal aliado estratégico.

Sin embargo, la situación actual permite cierto optimismo. Armenia y Azerbaiyán han iniciado un proceso de acercamiento y han alcanzado acuerdos de principio para normalizar relaciones.

Rusia ha dejado de desempeñar el papel de árbitro indiscutible del Cáucaso y Armenia está tratando de acercarse a Europa y a Estados Unidos.

Armenia posee una clara vocación europea y sería deseable ofrecerle un horizonte europeo a largo plazo. No se trata de hablar de adhesión inmediata, sino de anclar estratégicamente al país dentro de la familia europea y reforzar su estabilidad.

Rusia y la nueva guerra híbrida

AE: Más allá de la posibilidad de un enfrentamiento convencional entre Rusia y la OTAN, ¿hasta qué punto debe preocuparnos la guerra híbrida, los ciberataques o la desinformación?

Nicolás Pascual De la Parte: La guerra de Ucrania está transformando profundamente los paradigmas militares tradicionales.

La revolución tecnológica vinculada a drones, sistemas no tripulados, inteligencia artificial o comunicaciones satelitales obliga a replantear doctrinas, armamentos y estructuras militares enteras.

La retaguardia ya no existe como espacio seguro. Hoy un depósito logístico situado a cien kilómetros del frente puede ser tan vulnerable como la primera línea.

Estamos asistiendo a una auténtica revolución del arte de la guerra.

Pero además debemos empezar a pensar en el día después de Ucrania. Rusia seguirá siendo nuestro vecino porque ni la geografía ni la historia cambian.

La gran cuestión es qué tipo de relación quiere Europa mantener con Rusia: contención, diálogo crítico, aislamiento o una combinación de varios elementos.

Durante la Guerra Fría Occidente ganó porque tenía una estrategia clara. Hoy Europa carece de una estrategia integral hacia Rusia y se limita, en gran medida, a reaccionar ante las iniciativas del Kremlin.

Debemos construir una capacidad de disuasión creíble que haga inviable cualquier aventura militar futura.

Ese debate incluye inevitablemente la cuestión nuclear. Europa disfruta hoy del paraguas estratégico estadounidense, pero debemos preguntarnos si esa protección será permanente e incondicional durante las próximas décadas.

El Ártico, la nueva frontera geopolítica

AE: El deshielo está convirtiendo el Ártico en una región estratégica de primer orden. ¿Está llegando Europa tarde a este escenario?

Nicolás Pascual De la Parte: El Ártico se está transformando en un espacio geopolítico de enorme importancia.

La apertura de nuevas rutas marítimas reducirá considerablemente los tiempos de transporte entre Asia, Europa y Norteamérica, con enormes consecuencias económicas.

Además, la región alberga importantes reservas de hidrocarburos, minerales estratégicos y tierras raras.

China ya se define como un “Estado próximo al Ártico” y Rusia ha reforzado considerablemente su presencia militar y logística en la región.

Todos los países ribereños del Ártico, salvo Rusia, pertenecen actualmente a la OTAN, pero la Alianza todavía no ha desarrollado una presencia proporcional a la importancia estratégica de la zona.

Europa necesita también una mayor participación institucional en la gobernanza del Ártico si quiere influir en cuestiones como la regulación del tráfico marítimo o la explotación sostenible de los recursos.

Potencias medias y reconfiguración del orden internacional

AE: En un contexto de cierta distancia transatlántica, ¿pueden surgir nuevas alianzas entre potencias medias como Canadá, Japón, Australia o algunos actores regionales emergentes?

Nicolás Pascual De la Parte: Debemos ser pragmáticos:

Los BRICS constituyen una agrupación muy heterogénea cuyo principal elemento común es la voluntad de cuestionar el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, pero no representan un bloque cohesionado ni una alternativa institucional consolidada.

En paralelo, algunos dirigentes occidentales han planteado reforzar la cooperación entre potencias medias como Canadá, Japón, Australia y Europa.

Es una idea interesante desde el punto de vista teórico, aunque mucho más compleja desde la perspectiva práctica.

No parece realista pensar en arquitecturas alternativas a la OTAN, al Banco Mundial o al Fondo Monetario Internacional que excluyan a Estados Unidos.

Eso no impide reforzar nuestra cooperación con socios como Canadá, algo que la Unión Europea ya está haciendo en ámbitos como la seguridad y la defensa.

El Sahel y el retroceso europeo

AE: Occidente parece haber perdido gran parte de su influencia en el Sahel mientras Rusia aumenta su presencia en la región. ¿Cómo interpreta esta evolución?

Nicolás Pascual De la Parte: Desde la perspectiva europea, el Sahel se ha convertido prácticamente en un agujero negro estratégico.

Las misiones europeas y de Naciones Unidas en países como Mali o Níger han sido clausuradas tras la llegada al poder de juntas militares que perciben la presencia occidental como una forma de neocolonialismo.

Europa cometió probablemente el error de identificar excesivamente su política en la región con la antigua potencia colonial, Francia.

Eso terminó generando un rechazo que afectó al conjunto del proyecto europeo.

Hoy esas juntas militares han optado por acercarse a Rusia, primero a través del Grupo Wagner y posteriormente mediante una presencia militar rusa directa.

Sin embargo, la estrategia rusa está basada fundamentalmente en el acceso a materias primas y recursos estratégicos a cambio de métodos extremadamente duros de lucha contra el terrorismo que, en muchos casos, están resultando contraproducentes.

Creo que muchos de estos países terminarán volviendo a mirar hacia Europa.

Pero si eso ocurre no debemos repetir los errores del pasado. Será imprescindible escuchar a cada país individualmente, identificar intereses compartidos y diseñar proyectos concretos con objetivos claros y estrategias de salida definidas.

No podemos permitirnos mantener un vacío estratégico en una región desde la que proceden amenazas tan importantes como el terrorismo yihadista, el tráfico de armas, de personas o de drogas.

Europa necesita reconstruir su relación con el Sahel, pero deberá hacerlo sobre bases completamente nuevas.

Además, quizá haya llegado el momento de replantearse algunos tabúes europeos. Durante años la Unión apostó casi exclusivamente por la creación de instituciones y capacidades civiles, evitando la transferencia directa de medios militares.

Sin embargo, estos países necesitan también capacidades de seguridad. Si Europa no está dispuesta a proporcionarlas, buscarán inevitablemente otros proveedores, ya sea Rusia, Estados Unidos u otros actores internacionales.

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