CONTEXTO EN PERSPECTIVA
La UE ha sido históricamente pionera en sectores como la ingeniería, la manufactura avanzada y las energías renovables. No obstante, en áreas emergentes como la inteligencia artificial (IA), el big data y la tecnología digital, se ha quedado por detrás de EE. UU. y China. Además, Europa ha enfrentado desafíos relacionados con la productividad laboral, con variaciones significativas entre los Estados miembros. Algunos países, especialmente en Europa del este, tienen un coste laboral más bajo, pero la productividad general no ha crecido al mismo ritmo que en sus dos países competidores. A todo ello se suma que la UE es conocida por tener marcos regulatorios estrictos que pueden frenar la innovación, especialmente en sectores tecnológicos emergentes. Las normativas para el mercado digital, el comercio y la industria son más complejas que en otras instituciones homólogas, lo que puede afectar la competitividad empresarial.
Empresas como Google, Apple, Microsoft y Tesla son paradigmáticas del poder y liderazgo del país americano en el sector e impulsan su crecimiento sin frenos. La flexibilidad del mercado estadounidense y su acceso a capital de riesgo permiten una rápida innovación y comercialización de productos. Cosa que, asevera Draghi, no está consiguiendo la Unión Europea ya que, precisamente, estamos errando en nuestra empresa por comercializar la innovación. Por otro lado, las startups en EE. UU. suelen recibir más inversión y apoyo financiero que en la UE. Además, la cultura empresarial en EE. UU. está más orientada a asumir riesgos.
En cuanto a China, este país asiático ha emergido como un gigante en la manufactura avanzada, con un fuerte apoyo estatal a sectores como la IA, la robótica y las telecomunicaciones (como Huawei en 5G). Además, ha invertido fuertemente en su infraestructura, incluyendo redes logísticas y puertos, lo que impulsa su competitividad global. En esta misma línea, el gobierno chino ha sido muy proactivo en su apoyo a sectores clave mediante la estrategia «Made in China 2025», lo que le ha permitido dominar en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, la robótica y las energías renovables. Y aunque los costes laborales están aumentando en China, aún sigue siendo un centro de producción competitivo en comparación con Europa, especialmente debido a su escala y eficiencia.
Más allá de ello, en el marco contextual, hay que tener en cuenta que Europa ha perdido de manera abrupta su mayor y más importante proveedor de energía: Rusia. De tal modo, la situación que parecía no más que inconveniente, o una mera coyuntura negativa de solución viable, ha tornado a una calamidad, a poco menos que una catástrofe inminente. Así lo afirma Draghi en el prefacio publicado por la comisión Europea esta misma mañana y a partir de estos supuestos es que se ha esbozado la planificación.
UN NUEVO PLAN DRAGHI
La estrategia planteada por el italiano contiene unas exigencias llamativas que, en su expresión monetaria ascienden a los 800.000 millones de euros adicionales de inversión anual. Una inversión que, además se ha propuesto ser cubierta, en parte, por la emisión de deuda común. Asimismo, pretende rivalizar presta y de tú a tú con los adversarios directos en esta contienda, deshaciéndose de las dependencias de la Unión y reequipando sus vulnerabilidades.
Sin embargo, el informe no queda exento de alusiones a los valores fundamentales de la UE, y está compuesta por tres principios sólidos que defienden la innovación, la decarbonización y la seguridad, con una correspondiente reducción de dependencias. Estas tres propuestas tienen carices significativos que hacen del reporte un proyecto diferencial y ambicioso.
En lo relativo a la innovación, se trata de hacerlo en el ámbito de las tecnologías avanzadas, en el que la UE lleva tiempo estancada, sobre todo, por culpa de las regulaciones restrictivas periódicas e ineludibles para las empresas aspirantes. En este sentido, la mayoría de grandes compañías han mudado de localidad a Estados ajenos a Unión; tanto es así, que hasta el 30% de las empresas unicornio (las valoradas en más de un millón de euros) se han ido. El texto propone también invertir en mano de obra cualificada, para combatir de manera directa con las mayores empresas del sector.
Respecto a la decarbonización se espera una medida con eficacia a medio largo plazo. De hecho, el propio Draghi se plantea la peligrosa posibilidad de que la decarbonización y las medidas medioambientales de la UE jueguen en contra de la competitividad productiva al inicio. Es, empero, uno de los mayores fundamentos mediante los que la innovación europea debe hacerse fuerte, consiguiendo con ello fuentes baratas y limpias de energía, dando independencia a los proyectos y sirviendo como principio de crecimiento económico. Para ello se proponen impulsar redes energéticas del territorio y conseguir reducir los que son los impuestos energñeticos más altos del mundo.
Finalmente, Draghi ambiciona reforzar la seguridad y reducir las dependencias. Y es que la UE sufre claras dependencias en obtención de materias primas para la fabricación de los productos, además de tener ciertas otras necesidades relacionadas con la defensa. Así pues, denomina imprescindible la estructuración de una Política Económica Exterior.
¿Y LA FINANCIACIÓN?
Con todo, la pregunta en torno a la vasta financiación precisada vuelve a nosotros. Por ahora, la inversión privada no será suficiente y la tesitura de la UE es todavía lejana a una posible Unión de Mercado de Capitales, ya que los países se encuentran en una disposición muy heterogénea controlando cada cual su propia bolsa. De tal suerte, la propuesta se articula alrededor de una inversión pública que se erige sobre tres ejes: los Safe common asset, el incremento de las contribuciones de los estados miembros y la redirección de impuestos ya previstos.






