La Comisión Europea presentó este miércoles una propuesta para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90 % para el año 2040, como paso intermedio hacia la meta de neutralidad climática para 2050. La propuesta contempla, de manera limitada, el uso de créditos internacionales de carbono de alta calidad que sean verificables, adicionales y certificados.
Presentada por el comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra, y la Vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, la propuesta busca combinar ambición climática con viabilidad económica y política.
Ribera subrayó que «es el momento de construir esperanza”. Añadió que esta iniciativa “quiere proporcionar respuestas a los ciudadanos recordando que estamos comprometidos con una alta calidad de vida para todos los europeos”.
La Comisión justifica esta decisión no solo por el marco legal que impone la Ley del Clima, sino también por el mandato ciudadano, destacando que, en el último Eurobarómetro, el 85 % de los europeos considera el cambio climático una de las amenazas más graves, y una amplia mayoría respalda la neutralidad climática para mediados de siglo. Como explicó Hoekstra, “muchos ciudadanos están preocupados por el cambio climático, pero también por lo que la acción climática pueda significar para ellos, así que llevarlos con nosotros es de vital importancia”.
El objetivo del 90 % responde también, según Bruselas, a una lógica económica. La Comisión insiste en que la descarbonización, lejos de ser una carga, debe entenderse como una oportunidad para modernizar el tejido productivo, mejorar la resiliencia energética y generar empleos sostenibles.
Hoekstra señaló que «descarbonizar es un potente motor de crecimiento. Si lo hacemos bien, y estoy convencido de que lo haremos, puede impulsar la inversión, la innovación y empleos limpios”. Ribera, por su parte, reafirmó que el camino hacia 2040 exige “apostar por una economía competitiva y moderna en Europa, pero también garantizar que respondemos a los ciudadanos”.
La Comisión defiendó que mantener el rumbo climático no es solo una cuestión ambiental, sino también económica y de seguridad. “Estamos haciendo esto porque tiene sentido desde el punto de vista económico, geopolítico y de seguridad”, recalcó Hoekstra. También advirtió que los desastres climáticos ya están generando pérdidas millonarias: “Eslovenia, por ejemplo, perdió el 11 % de su PIB por unas inundaciones devastadoras”.
La propuesta contempla mecanismos de flexibilidad para dar espacio a sectores difíciles de descarbonizar y para tener en cuenta las distintas realidades nacionales. Según Hoekstra, “es una transición enorme y es importante no ser dogmáticos en cómo llegar al éxito”.
Se permitirá, de forma limitada, el uso de créditos internacionales de carbono de alta calidad que sean verificables, adicionales y certificados. También se integrarán las remociones permanentes de carbono dentro del sistema de comercio de emisiones (ETS), lo que permitirá que actividades como la captura y almacenamiento de CO₂ generen ingresos. Además, los Estados miembros podrán equilibrar los avances entre sectores, por ejemplo, compensando menores reducciones en el uso del suelo con logros superiores en residuos o transporte.
La Comisión también anunció nuevas medidas fiscales, incluyendo incentivos como la depreciación acelerada o créditos fiscales, que los Estados miembros podrán adoptar para fomentar la inversión en tecnologías limpias.
Hoekstra subrayó que“una vez acordada, esta propuesta nos dará un verdadero norte”. Afirmó que la Comisión ha escuchado a la ciencia y ha optado por un enfoque “ambicioso, pragmático y flexible”, que permitirá a Europa mantenerse en la vanguardia de la transición climática y tecnológica.
Ribera afirmó que“confiamos en la ciencia. Confiamos en el multilateralismo. Apostamos por las personas, por la industria, por los individuos. Queremos responder con responsabilidad al mayor desafío existencial de nuestra generación”.
La propuesta abre ahora un proceso de debate legislativo con el Parlamento Europeo y el Consejo. Pero el mensaje político es claro: la UE no se desvía de su camino climático, sino que lo refuerza con más ambición y una visión estructural a largo plazo.






