El “soldado con sobrepeso y desaliñado” es un problema que comparten muchos ejércitos occidentales, pero Estados Unidos ha endurecido, de un plumazo, la forma física y la apariencia de sus soldados. El nuevo secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha ordenado la implantación del Army Fitness Test (AFT) con estándares ligados al puesto y la prohibición de barbas y cabellos largos, medidas que han levantado críticas de minorías religiosas y de parte del propio estamento militar.
EE.UU. cambia de rumbo: del pragmatismo al control total
Comparado con España y Europa, Estados Unidos tiene un ejército eminentemente práctico: pocas ceremonias, mínimo ritualismo, máxima eficacia operativa. Sus fuerzas priorizan entrenamiento riguroso sobre adorno, resultados sobre desfiles. Su brutal presupuesto en Defensa sumado a su inigualable experiencia de combate (Irak, Afganistán, Siria, Somalia…) y el desarrollo de la tecnología de defensa lo han convertido, sin duda alguna, en el ejército más poderoso de la tierra.
En contraste, España y Europa, con menos presupuestos y poca experiencia de combate, conservan una tradición estética militar fuerte, con uniformes, ceremonias y códigos de aseo rígidos. Aquí lo visual es sumamente importante (aunque no tanto como en China) y se pierde, en muchas unidades, una parte importante del tiempo dedicado a la instrucción militar en preparación de desfiles/actos y formalismos militares.
Pero esta polaridad de mentalidad ha cambiado abruptamente este 2025. Bajo la nueva dirección del Pentágono, EE.UU. no solo endurece sus pruebas físicas estándar, sino que impone reglas estrictas de apariencia: barba cero, cabello corto, uniformidad casi absoluta. La forma visible del soldado va a pesar casi tanto como su rendimiento en combate. El soldado norteamericano se acerca a los estándares europeos.
El nuevo Army Fitness Test (AFT)
El Pentágono ha mutado el pasado 1 de junio del ACFT (Army Combat Fitness Test) al AFT (Army Fitness Test), que son pruebas variables por puesto. Este nuevo test consta de cinco eventos: deadlift de tres repeticiones, standing power throw, hand-release push-ups, sprint-drag-carry y plank. Importante: los umbrales se ajustan según la especialidad militar (MOS).
‘Grooming rules’: la estética como disciplina
Ya no basta solo con estar en forma física, también tendrán que presentar una apariencia limpia. Bajo la nueva normativa de grooming del Pentágono se prohíben barbas, cabello largo o estilos personales. Las excepciones médicas o religiosas serán entonces provisionales y requieren validación continua.
Este doble requerimiento (físico y estético) quiere situar la imagen del militar americano al mismo nivel que su capacidad funcional (soldado perfecto).
España: pruebas periódicas y estética regulada
En España no solo hay pruebas de acceso a la condición de militar. Desde la Orden Ministerial 54/2014, todos los militares profesionales (incluidos generales y almirantes) deben someterse a pruebas físicas periódicas. Ejército de Tierra cada año, Armada cada 2 años…
Aquí, el acceso a las Fuerzas Armadas exige diferentes pruebas físicas (Course Navette, flexiones, abdominales, salto) reguladas en BOE. Pero en el servicio activo, no hay (al menos públicamente) un test unificado y divulgado de condición física, ya que cada ejército determina la composición y temporalidad de las mismas.
Los diferentes ejércitos y unidades dentro de ellos tienen diferentes necesidades en cuanto a la forma física de sus componentes, por lo que las pruebas físicas que realiza un operador de la Fuerza de Guerra Naval Especial de la Armada (FUGNE) no son las mismas que un militar cuyo trabajo es permanentemente administrativo, aunque este último está también obligado a pasar las pruebas mínimas designadas por su ejército.
Las normas de uniformidad y aseo (barbas, cabello) sí están reguladas por mandatos históricos y reglamentos internos, pero con mayor flexibilidad que la nueva apuesta estadounidense.
La imagen del soldado en la era mediática
El uniforme impecable, el afeitado limpio y el cabello regulado transmiten autoridad y cohesión. En un entorno donde la imagen de un soldado circula en segundos en redes sociales, la disciplina visible forma parte de la narrativa estratégica, y la uniformidad en este aspecto ayuda al sentimiento de pertenencia al grupo.
Pero en situaciones y despliegues extremos, imponer normas estéticas puede ser contraproducente:; higiene escasa al carecer de instalaciones, calor extremo, uso de equipo especializado (cascos, máscaras) pueden exigir flexibilidad estética.
El ejemplo de un soldado en Afganistán combatiendo en ropa interior ilustra cómo la supervivencia y la eficacia superan a la forma. La disciplina estética puede reforzar la moral en cuarteles y desfiles, pero pierde sentido en escenarios de guerra irregular.
El cambio en EE.UU. marca un verdadero punto de inflexión: de un ejército famoso por su pragmatismo (capaz de ganar guerras con soldados que priorizaban eficacia sobre apariencia) a uno que combina exigencia física con rigidez estética.
España y Europa, donde la tradición de uniformidad y formas militares ya pesa mucho, deben preguntarse si este camino aporta más operatividad o si, por el contrario, el equilibrio entre músculo y símbolo debe resolverse con flexibilidad y coherencia.






