A noviembre 2025, el contexto geopolítico es muy complicado: la guerra en Ucrania (2022‑presente) ha puesto en evidencia que Europa está muy pobremente invertida en defensa. Su entorno estratégico global está marcado por tensiones en el Mar de China, en el Sahel y en el Mediterráneo, además de amenazas híbridas y ciberataques. Y sobre todo, el rearme ruso, que mantiene su capacidad industrial para la fabricación de tanques, artillería y munición, y una ventaja logística en el flanco este.
Seamos claros: si hoy se produjera un conflicto convencional a gran escala en Europa, la UE, por sí sola, no podría sostenerlo frente a Rusia.
No es alarmismo, es un análisis de capacidades. Rusia mantiene grandes reservas de tanques y artillería, una producción industrial capaz de sostener munición y equipos, y su ventaja geográfica le permite concentrar fuerzas rápidamente en su flanco oeste (Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Bielorrusia y Ucrania). En términos de paridad de poder adquisitivo (PPP), incluso con nuestro mayor gasto nominal su dinero rinde más en capacidad militar local.
Si hablamos de números, el Gasto Militar Nominal de los 27 de la UE en 2024 es de 343.000 millones de euros, más del doble del gasto ruso en euros. Pero si lo ajustamos a poder adquisitivo (PPP), con su presupuesto de 131.000 millones de euros -según SIPRI- Rusia puede hacer lo mismo que la UE con 406.500 millones, tal y como destaca el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Hoy la Unión Europea está fragmentada en 27 ejércitos distintos, con doctrinas y cadenas de suministro separadas, lo que reduce eficiencia y velocidad de reacción. En caso de guerra convencional local sin apoyo EE.UU. la UE no podría sostener un conflicto frente a Rusia debido a esta fragmentación de ejércitos y doctrinas, por los stocks limitados de munición y de tanques modernos y por la ventaja rusa en PPP y proximidad geográfica.
Y es por eso que la UE ha aumentado su gasto militar. No se trata de gastar por gastar: se trata de modernizar, interoperar y sostener capacidades:
- Vehículos blindados y tanques: reemplazo de modelos obsoletos y mejora de flotas.
- Artillería y misiles: modernización y producción de munición suficiente para conflictos sostenidos.
- Defensa cibernética, drones y vigilancia: preparar a Europa para amenazas modernas, no solo convencionales.
- Y sobre todo, proyectos industriales estratégicos, como la compra conjunta de armamento y munición, lo cual implica la reducción de costes y duplicidades; o la reindustrialización para la producción rápida en conflictos prolongados, con lo que aumentaríamos nuestra autonomía estratégica.
Mirando hacia el 2030, el panorama puede cambiar. Si la Unión Europea mantiene la senda de inversión y la coordinación industrial, podría superar la ventaja rusa en capacidad convencional sostenida. Esto incluye la producción propia de tanques y munición, la interoperabilidad logística y el despliegue rápido de fuerzas. Sin embargo, el éxito depende de disciplina presupuestaria, de la coordinación política y de la continuidad de las inversiones. Si fallamos en estos puntos, la ventaja hoy de Rusia podría mantenerse.
En resumen: hoy, en caso de guerra, perderíamos por falta de preparación y coordinación; en 2030, la superioridad dependería de nuestra capacidad para invertir, coordinar y producir juntos. La seguridad europea no es un lujo, es una necesidad estratégica. Y este aumento de presupuesto no es opcional: es nuestra apuesta para no quedar vulnerables frente a amenazas reales.
Para tener una cifra clara: la economía de guerra, sus grandes stocks de blindados y de munición desde la URSS, así como sus diferencias salariales y el coste de vida permiten que Rusia pueda hacer lo mismo en defensa con un euro que los 27 de la UE con 3,1. A nivel presupuestos, esa es la gran realidad.






