EE.UU. no quiere un 6º generación, quiere dos
La presentación se ha parecido a una escena sacada de una película futurista: un caza sin cola, líneas afiladas y un sigilo extremo aparece proyectado en el Tailhook Symposium, la reunión de la aviación naval estadounidense. No era un tráiler de ciencia ficción, sino la última apuesta de Boeing para el F/A-XX, el futuro avión de combate embarcado que, junto al F-47 del programa NGAD, marca la ofensiva aérea de Estados Unidos.
Aunque estas renderizaciones (imágenes realistas creadas a partir de información del aparato) son espectaculares, no tienen por qué parecerse demasiado a la realidad final. No se trata de jugar al despiste, es no dar más información de la necesaria al oponente.
Mientras tanto aquí en el Viejo Continente, los proyectos Tempest y FCAS aún lidian con maquetas, disputas industriales y plazos que se miden en décadas. La comparación es inevitable.
Las sombras del F-35
Aquí se está poniendo mucho dinero sobre la mesa (bastante más que en Europa), pero al Tío Sam podría pasarle lo que ya ocurrió con el programa F-35 con sus enormes sobrecostes y los entre 5 y 9 años de atrasos que sufrió este caza para alcanzar la operatividad inicial (IOC). El programa F-35 tuvo problemas de todo tipo, principalmente en el software, que finalmente fue sustituido, en la estructura, con preocupantes grietas en el fuselaje, en el motor, electrónica…
Este proyecto es mucho más complejo que el del F-35 (¿volar con drones y controlarlos…?) por lo que se esperan incidencias… y muchas.
Renderización del F/A-XX. Elaboración propia.
El salto americano: dos programas simultáneos
El F‑47, sucesor del NGAD (Next Generation Air Dominance), quiere avanzar a un ritmo más rápido del habitual en proyectos de esta complejidad. Para ello, Boeing esta invirtiendo más de 2.000 millones de dólares en nuevas instalaciones en St. Louis, acelerando su desarrollo.
Este aparato promete superar al F‑22 en todo, desde el radio de combate de 1.800 km hasta velocidades supersónicas de más de Mach 2, con drones acompañantes y sensores en una nube de combate.
Avanza el F-47 a toda velocidad. Boeing firmó en 2025 el contrato de desarrollo y ya promete un primer vuelo “más rápido de lo normal”. La fuerza aérea habla de una ventana de operatividad entre 2025 y 2029, mientras en paralelo despegan los drones CCA, que serán sus compañeros de combate. Todo apunta a un programa blindado en presupuesto y diseñado para acelerar… y no repetir los famosos retrasos del F-35.
A su lado aparece el F/A-XX, la versión naval, pensada para despegar de portaaviones. La imagen presentada muestra diferencias claras con el F-47 (de nuevo, ojo con las imágenes que despistan): canards delanteros, fuselaje estilizado y un diseño pensado para ganar autonomía, el talón de Aquiles de la aviación embarcada.
Este diseño del F/A‑XX no es solo estético. Nos muestra cómo ve la US Navy el futuro: aviones con autonomía para alejarse de las bases, capaces de penetrar entornos saturados de misiles antibuque y compatibles con portaaviones modernos. Aquellos que operen en el Pacífico deben entrar, golpear y volver, algo que hoy ni el F‑35C ni el Super Hornet pueden garantizar.
¿Dos programas de 6º generación simultáneos?
Que Boeing presente ambos programas en paralelo nos lleva a una pregunta evidente: ¿es factible que la compañía gestione dos desarrollos tan complejos a la vez sin repetir los errores pasados?
El gigante Boeing dice que puede con los dos, aun así, el programa del F/A-XX embarcable todavía está “naciendo” comparado con su hermano F-47. Aunque el timing operativo de este proyecto lo sitúa volando en la década de 2030, parece una fecha bastante lejana a la realidad.
De hecho, este programa parece ser más fruto de la presión de los almirantes y analistas americanos sobre China y el tablero del Indo-Pacifico que una necesidad tan sumamente urgente y costosa.
F/A-XX. Northrop Grumman.
Europa a otro ritmo: Tempest y FCAS
La sexta generación europea lleva otro ritmo y tiene unos planes menos “agresivos” en cuanto a tiempos de entrega. El Tempest, desarrollado por Reino Unido, Italia y Japón, tiene planeado enseñar un demostrador en 2027 y entrar en servicio en 2035. Pero depender de tres socios con visiones y presupuestos distintos lo hace, en principio, más frágil que los proyectos americanos.
El FCAS, con Francia, Alemania y España, propone una arquitectura compleja: el NGF, una nube de combate europea y drones aliados. Tiene vuelos previstos para 2029 y servicio en 2040, pero fricciones entre Dassault y Airbus, junto con dudas en Berlín, podrían desalinear el proyecto. Mientras EE.UU. habla de cazas viables antes de que termine la década, Europa mira hacia mediados de siglo…
¿Quién define las reglas de la sexta generación?
El F‑47 y el F/A‑XX esperan ser más que cazas ultramodernos: representan la decisión de EE.UU. de (intentar) no repetir los retrasos del F‑35. Con inversiones industriales, prototipos en marcha y una doctrina aérea distribuida, la sexta generación ya es algo tangible.
Europa, en cambio, sigue enredada en debates políticos e industriales. Tempest y FCAS brillan por ambición, pero corren riesgo de llegar tarde. Y España, con su futuro tecnológico en juego, debe preguntarse si puede depender solo de un proyecto que despegará en 2040… si todo va bien.
Mientras tanto, los “bocetos” que nos está mostrando Boeing no son simples imágenes de aviones modernos. Son un aviso de que en la guerra aérea del futuro llegar primero probablemente signifique definir las reglas. Hoy, todo apunta a que quien llegará primero será EE.UU.






