Introducción
Treinta años después de su consolidación formal, el Mercado Interior vuelve a ocupar el centro del debate europeo. La Comisión ha lanzado una ambiciosa propuesta de reforma para “revitalizar las cuatro libertades” —bienes, servicios, personas y capitales— y adaptar la gran conquista de la integración económica a una era marcada por la competencia global, la transición verde y la revolución digital. Lo que nació como un proyecto de eliminación de fronteras comerciales se enfrenta hoy a desafíos que trascienden lo económico: resiliencia industrial, seguridad estratégica, cohesión territorial y soberanía tecnológica. La cuestión ya no es solo cómo comerciar más, sino cómo garantizar que Europa pueda seguir siendo competitiva sin renunciar a su modelo social.
- La revisión del modelo: de la eficiencia al equilibrio estratégico
La nueva propuesta parte de un diagnóstico compartido: el Mercado Interior, aunque sigue siendo la joya institucional de la UE, muestra signos de fatiga. La fragmentación normativa, las barreras invisibles y la lentitud en la transposición de directivas han erosionado la unidad económica. La Comisión plantea un enfoque “menos doctrinal y más funcional”, orientado a garantizar el acceso equitativo y la interoperabilidad entre sectores clave —energía, digital, defensa o salud—.
La presidenta Ursula von der Leyen lo ha descrito como un paso hacia un “Mercado Interior 2.0”: menos obsesionado con la desregulación y más atento a la capacidad europea de producir, innovar y proteger sus intereses estratégicos. Se trata de sustituir la lógica del laissez-faire por una visión industrial y tecnológica compartida. El comisario Thierry Breton, impulsor de la iniciativa, lo resume en una frase: “No queremos un mercado abierto a todos los vientos, sino un mercado fuerte en un mundo competitivo”.
- Bienes y servicios: convergencia, sostenibilidad y seguridad
El primer pilar de la reforma busca profundizar la integración en los mercados de bienes y servicios. Aunque el 70% del PIB europeo procede del sector servicios, las barreras nacionales siguen siendo significativas. La propuesta contempla la creación de un “Espacio Europeo de Servicios” con normas comunes en licencias, contratación pública y reconocimiento de cualificaciones profesionales, especialmente en sectores como ingeniería, salud o transporte.
En el ámbito industrial, la prioridad será reforzar las cadenas de valor europeas, fomentar la producción limpia y avanzar en la autonomía de materias primas críticas. La transición verde se concibe ya como un factor de competitividad, no un coste añadido. Además, la Comisión pretende revisar las normas de competencia para permitir una mayor flexibilidad en proyectos paneuropeos de interés estratégico —como los de microchips, baterías o hidrógeno—.
El mensaje es claro: Europa debe producir más dentro de sus fronteras sin caer en el proteccionismo, y hacerlo con estándares ambientales y laborales que sigan siendo referencia global.
- Personas y capitales: movilidad, talento y financiación
El segundo gran bloque de la reforma aborda las libertades de circulación de personas y capitales, pilares de la integración pero hoy sujetos a nuevas tensiones. La pandemia, la guerra de Ucrania y la competencia global por el talento han evidenciado la necesidad de políticas más ágiles y coordinadas.
La Comisión propone un sistema común de reconocimiento automático de titulaciones y competencias digitales, un estatuto europeo del trabajador transfronterizo y una revisión del marco fiscal que elimine la doble imposición y favorezca la inversión en innovación. También se plantea la creación de un “pasaporte europeo de inversores sostenibles” para canalizar capital hacia proyectos compatibles con el Pacto Verde y la Agenda Digital.
En paralelo, Bruselas quiere armonizar los procedimientos para start-ups y empresas emergentes, de modo que puedan operar fácilmente en todos los Estados miembros sin duplicar registros o requisitos administrativos. En definitiva, se busca que la movilidad económica sea una ventaja competitiva, no un laberinto burocrático.
- Gobernanza y soberanía: un Mercado Interior con brújula política
Uno de los aspectos más novedosos de la propuesta es su dimensión institucional. La Comisión reconoce que la gestión del Mercado Interior ya no puede basarse solo en directivas técnicas: necesita una “brújula política”. Por ello, se propone la creación de un Consejo del Mercado Interior, formado por ministros nacionales de Economía e Industria, encargado de supervisar la aplicación y detectar barreras emergentes.
Además, se plantea un mecanismo anual de evaluación de la competitividad europea, coordinado con el Semestre Europeo, y un nuevo instrumento legislativo que permita actuar rápidamente ante distorsiones del mercado interno provocadas por crisis o decisiones de terceros países.
La soberanía económica se convierte así en una categoría europea. Frente a la dependencia tecnológica de Estados Unidos y la presión industrial de China, Bruselas aspira a construir una “autonomía abierta”: capaz de cooperar sin ser vulnerable. La reforma del mercado interior es, en el fondo, una estrategia de poder.
- Las resistencias: unidad económica, diversidad política
Como ocurre con todas las reformas estructurales, el éxito dependerá de la voluntad de los Estados miembros. Alemania y Francia defienden una mayor intervención pública en sectores estratégicos, mientras que los países nórdicos y del Este temen una deriva proteccionista o centralizadora. La Comisión busca equilibrar ambos impulsos: permitir márgenes de maniobra nacionales sin romper la igualdad de condiciones.
El debate no será solo técnico, sino profundamente político. ¿Debe el Mercado Interior seguir siendo un espacio de libre competencia o convertirse en un instrumento de política industrial europea? ¿Hasta qué punto puede Bruselas orientar las decisiones nacionales sin vulnerar la subsidiariedad? Estas preguntas definirán el debate económico de la próxima legislatura.
La reforma, prevista para debatirse en 2026, podría marcar un punto de inflexión: el paso de la Europa del mercado a la Europa del poder económico compartido.
Claves del tema
Contexto:
Treinta años después de su creación, el Mercado Interior de la UE enfrenta fragmentación normativa, competencia global y necesidad de soberanía industrial. La Comisión propone una reforma integral para adaptarlo a la era verde y digital.
Implicaciones:
- Revisión de las normas sobre bienes, servicios, personas y capitales.
- Creación de un Consejo del Mercado Interior y un marco de gobernanza común.
- Impulso a la autonomía estratégica en energía, tecnología y materias primas.
- Mayor flexibilidad en ayudas de Estado y proyectos industriales paneuropeos.
Perspectivas:
El éxito dependerá del equilibrio entre integración económica y respeto a la diversidad nacional. Si prospera, la reforma podría convertir al Mercado Interior en el verdadero motor de la soberanía económica europea.
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