- Introducción: la hora de la defensa europea
Durante décadas, la defensa fue el punto ciego de la integración europea. La Unión hablaba el lenguaje del comercio y la diplomacia, pero no el del poder. La guerra en Ucrania cambió esa lógica de raíz. La dependencia militar respecto a Estados Unidos y la fragmentación industrial entre los Veintisiete quedaron al desnudo.
Desde entonces, Bruselas ha iniciado una carrera contrarreloj para construir una base industrial y tecnológica de defensa (BITDE) que sea capaz de sostener su propia seguridad. Con el programa ReArm Europe, la Comisión pretende pasar de los anuncios políticos a la producción real: más munición, más coordinación, más músculo industrial.
España observa el proceso con una mezcla de interés y cautela. La apuesta europea por la industria de defensa ofrece oportunidades para su sector tecnológico y para las regiones con capacidad industrial, pero también plantea un debate de fondo: ¿puede Europa reforzarse sin militarizar su identidad política?
- La lógica de la autonomía estratégica
El concepto de “autonomía estratégica” nació en la UE hace más de una década, pero solo en los últimos tres años ha adquirido contenido real. Ya no se trata solo de aspirar a independencia en defensa, sino de garantizar la resiliencia ante un entorno global imprevisible: guerras, interrupciones de suministro, ciberataques y presiones tecnológicas.
El argumento central es doble. Primero, que la seguridad europea no puede depender indefinidamente del paraguas estadounidense, especialmente ante la incertidumbre electoral en Washington. Y segundo, que una industria de defensa integrada fortalecería el mercado interior y la soberanía tecnológica.
El problema es que la defensa europea parte de una fragmentación extrema: 27 ejércitos, 178 sistemas de armamento diferentes y una multiplicación de programas nacionales sin interoperabilidad. Esa dispersión reduce la eficacia militar y encarece los costes. La Comisión quiere poner orden, pero la soberanía nacional sigue siendo la gran frontera.
- Qué permiten los Tratados y los instrumentos actuales
Los Tratados de la UE limitan las competencias directas en defensa. La Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) sigue siendo intergubernamental: cada Estado decide sobre su gasto, su industria y su despliegue militar.
Sin embargo, la Comisión y el Consejo han ido ensanchando su papel a través de instrumentos económicos y de coordinación:
- Fondo Europeo de Defensa (FED): creado en 2021, financia proyectos industriales conjuntos e innovación tecnológica.
- Acta de Apoyo a la Producción de Munición (ASAP) y EDIRPA: iniciativas para reactivar la producción y las compras conjuntas de material militar.
- Programa ReArm Europe (2025-2030): plantea un salto cualitativo en integración industrial, cadenas de suministro y compras compartidas.
Aunque el Tratado no otorga competencias plenas a la Comisión, la política industrial y la financiación europea se han convertido en la palanca para construir una defensa común de facto.
- El impulso actual: el momento ReArm
El comisario Thierry Breton y el alto representante Kaja Kallas han convertido la defensa en una prioridad política del nuevo ciclo europeo. La idea central es que la UE debe producir más, mejor y juntos.
El objetivo declarado es multiplicar por diez la capacidad de producción de munición en los próximos tres años y crear una red industrial paneuropea con incentivos fiscales y de financiación comunitaria.
El nuevo programa ReArm Europe —que formará parte del presupuesto 2028-2034— incluirá fondos específicos para pymes del sector, innovación dual (civil y militar) y proyectos transfronterizos.
La presión del contexto es evidente: los arsenales europeos se han vaciado para sostener a Ucrania, y la industria no logra reponer el material con la rapidez necesaria. De ahí que la defensa haya dejado de ser un tema marginal para convertirse en una cuestión de supervivencia estratégica.
- Reticencias y objeciones
El consenso en torno a la necesidad de reforzar la defensa europea no oculta tensiones profundas. Algunos Estados temen una duplicación de estructuras frente a la OTAN. Otros recelan de un papel excesivo de la Comisión en un ámbito históricamente nacional.
También persisten diferencias sobre la financiación: los países del Este quieren gasto inmediato y tangible; los del Norte, disciplina fiscal; los del Sur, que la defensa no se financie a costa de la cohesión.
Además, la opinión pública sigue dividida. Mientras en los países bálticos y Polonia el refuerzo militar goza de apoyo mayoritario, en otros Estados —incluida España— el debate sobre el gasto en defensa choca con las prioridades sociales.
- La posición española: pragmatismo industrial y vocación europea
España respalda la autonomía estratégica europea y apoya la creación de un mercado de defensa común, pero busca un equilibrio entre eficacia y soberanía industrial.
El Gobierno ha apostado por situar al país como nodo tecnológico e industrial del sur de Europa, con sectores punteros en aeronáutica, naval, ciberdefensa y sistemas terrestres. Empresas como Airbus, Indra, Navantia o Santa Bárbara Sistemas ya participan en proyectos europeos conjuntos, desde el futuro avión de combate FCAS hasta la defensa antimisiles o el desarrollo de drones.
La posición española es pragmática: apoyo a la coordinación europea siempre que la industria nacional mantenga un papel protagonista y las decisiones se adopten con criterios de equilibrio geográfico.
- Ventajas potenciales para España
La apuesta europea por la defensa puede traducirse en beneficios concretos para España:
- Inversión industrial: acceso a fondos europeos para proyectos tecnológicos y modernización de capacidades.
- Empleo cualificado: impulso a la ingeniería, la robótica y la innovación dual.
- Cooperación militar: mayor interoperabilidad y presencia en misiones conjuntas.
Además, España puede capitalizar su experiencia en misiones internacionales y su infraestructura portuaria y logística, esenciales para las cadenas de suministro de defensa europeas.
- Riesgos para España
El principal riesgo es presupuestario: que los nuevos fondos de defensa desplacen recursos de la cohesión o la transición verde. También existe el peligro de que las decisiones industriales se concentren en el eje franco-alemán, dejando al sur en un papel secundario.
Por otra parte, un salto excesivamente rápido hacia una “Europa de la defensa” podría generar resistencias políticas internas y debates sobre soberanía parlamentaria. La defensa sigue siendo un terreno sensible para la opinión pública española.
- Escenarios de evolución
Escenario incremental: consolidación del Fondo Europeo de Defensa y de programas conjuntos sin alterar la estructura institucional.
Escenario ambicioso: creación de una verdadera agencia europea de defensa industrial y un presupuesto común para producción y compras.
Escenario bloqueado: divisiones sobre financiación y competencias que mantendrían la fragmentación actual.
España aspira a situarse en el escenario ambicioso, pero con garantías de equilibrio regional y retorno industrial.
- Conclusiones: qué se juega España
Europa se ha tomado en serio su defensa, y eso cambia el paradigma de integración. La autonomía estratégica ya no es una consigna, sino un proceso industrial, presupuestario y político en marcha.
Para España, la clave será combinar convicción europea con defensa de su tejido industrial y de sus prioridades sociales.
Si logra posicionarse como socio clave en innovación y tecnología de defensa, España no solo ganará peso en Bruselas, sino que contribuirá a redefinir la noción de poder europeo.
La cuestión no es si Europa debe rearmarse, sino cómo hacerlo sin perder su identidad democrática ni su equilibrio interno. Ahí radica el desafío —y la oportunidad— para Madrid.
📊 Recuadro: “ReArm Europe: claves para España”
• Objetivo: multiplicar por diez la producción de munición y reforzar la base industrial de defensa.
• Instrumentos: Fondo Europeo de Defensa, ASAP, EDIRPA y nuevo programa ReArm 2025-2030.
• Palancas españolas: aeronáutica, naval, ciberdefensa y proyectos duales.
• Condiciones: equilibrio geográfico, retorno industrial y compatibilidad con la cohesión.
• Riesgos: concentración en el eje franco-alemán y desplazamiento de fondos sociales.
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