Introducción
La Unión Europea ha iniciado el despliegue gradual de su Entry/Exit System (EES), el nuevo sistema digital que registra de forma automática los datos de entrada y salida de todos los ciudadanos no comunitarios que cruzan las fronteras exteriores del espacio Schengen. Se trata de una de las reformas más ambiciosas de la política migratoria europea de la última década: un sistema basado en datos biométricos —huellas dactilares y reconocimiento facial— destinado a reforzar la seguridad, prevenir la migración irregular y mejorar la gestión de flujos.
El EES simboliza el salto tecnológico de la UE hacia un modelo de fronteras inteligentes, donde el control físico se combina con una supervisión digital permanente. Pero también reabre un debate sensible: ¿hasta qué punto puede Europa conciliar seguridad y derechos fundamentales en su nueva política migratoria?
El proyecto, impulsado por la Comisión y la agencia europea eu-LISA, coloca a la Unión en la vanguardia tecnológica del control fronterizo global, aunque plantea desafíos logísticos, jurídicos y éticos de enorme magnitud.
- Un cambio de paradigma en la gestión de fronteras
El sistema EES sustituye al sellado manual de pasaportes y permitirá registrar electrónicamente cada entrada y salida de los viajeros de terceros países que visiten el espacio Schengen. Almacena nombre, nacionalidad, fecha de nacimiento, documentos de viaje, huellas dactilares e imagen facial, creando un registro digital que se conserva durante tres años.
La medida afecta tanto a los viajeros con visado como a los exentos, incluidos turistas británicos, estadounidenses o latinoamericanos. Los Estados miembros esperan que el sistema reduzca los casos de “overstayers” —personas que permanecen más tiempo del permitido— y mejore la detección de identidades falsas o fraudes documentales.
En la práctica, el EES supone un salto cualitativo en la digitalización del control fronterizo. Integrará en tiempo real la información de 30 países (los 27 Estados miembros de la UE, más Noruega, Islandia y Suiza) y se conectará con bases de datos europeas como Eurodac y el Sistema de Información Schengen (SIS).
Sin embargo, la complejidad técnica del sistema y las diferencias en infraestructura entre países han obligado a un despliegue escalonado. Francia, Alemania y España ya han iniciado fases piloto en aeropuertos internacionales, mientras que otros Estados prevén la plena operatividad en 2026.
- Seguridad, tecnología y el equilibrio de derechos
La Comisión Europea defiende el EES como una herramienta para “modernizar las fronteras y reforzar la seguridad sin sacrificar la movilidad”. Según la comisaria de Interior, Ylva Johansson, el nuevo sistema permitirá identificar con mayor rapidez a posibles amenazas y simplificar los trámites para los viajeros frecuentes.
Sin embargo, varias organizaciones de derechos humanos y grupos del Parlamento Europeo advierten del riesgo de un “panóptico digital” en las fronteras. El registro masivo de datos biométricos plantea interrogantes sobre la proporcionalidad y la protección de la privacidad, especialmente cuando se trata de visitantes que no han cometido ninguna infracción.
La supervisión recaerá en las autoridades nacionales de protección de datos y en el Supervisor Europeo de Protección de Datos (SEPD), pero los expertos señalan que el marco legal actual puede no ser suficiente ante un sistema tan amplio. Además, los errores en el reconocimiento facial o las discrepancias en la captura de huellas podrían generar problemas prácticos y vulneraciones de derechos si no se corrigen con rapidez.
El debate jurídico se centra en la compatibilidad del EES con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que reconoce el derecho a la privacidad y a la protección de datos personales. Bruselas sostiene que el EES respeta esos principios, pero las dudas persisten.
- Impacto desigual en los Estados miembros
El despliegue del sistema no afectará a todos los países por igual. Los Estados del sur —España, Italia, Grecia o Croacia— asumirán la mayor carga operativa, al ser las principales puertas de entrada al espacio Schengen. Deberán invertir en nuevas infraestructuras tecnológicas, formación de personal y coordinación con la agencia Frontex.
España, que ya cuenta con una red avanzada de control fronterizo en aeropuertos y puertos, será uno de los países pioneros en aplicar el sistema. El Ministerio del Interior ha confirmado la instalación de terminales biométricos en los aeropuertos de Madrid, Barcelona y Málaga, así como en los pasos terrestres de Ceuta y Melilla.
El coste no es menor. Según estimaciones del Consejo, la implementación completa del EES supondrá más de 1.500 millones de euros en inversiones nacionales y europeas. Para algunos Estados del sur, la financiación comunitaria será esencial. De ahí que el debate sobre la solidaridad en materia migratoria resurja con fuerza: los países que soportan la carga del control fronterizo reclaman apoyo económico y operativo de los socios del norte.
- EES y Pacto Migratorio: la doble cara de la política europea
El nuevo sistema se inscribe en la lógica del Pacto Europeo de Migración y Asilo, aprobado este año tras años de bloqueo político. El pacto combina medidas de solidaridad obligatoria —reubicación o contribución financiera— con un refuerzo de los controles exteriores. El EES es la pieza tecnológica que hace posible esta nueva gobernanza: permite conocer en tiempo real quién entra, cuánto tiempo permanece y cuándo sale del territorio europeo.
Para la Comisión, el EES representa un avance hacia una “migración ordenada y previsible”. Pero sus críticos sostienen que convierte la frontera en un laboratorio de vigilancia masiva y que no aborda las causas estructurales de la migración. Organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional o el Consejo Europeo para los Refugiados (ECRE) advierten de que la priorización del control sobre la acogida puede erosionar la imagen de Europa como espacio de derechos.
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