Hace un año, Mario Draghi presentó en Bruselas su informe “The future of European competitiveness”, un texto que sacudió conciencias al advertir del riesgo de que Europa perdiera peso en la economía global. Esta semana, en el Meeting de Rimini, el expresidente del BCE ha vuelto a insistir en que el tiempo de los diagnósticos ha terminado: toca actuar.
Doce meses después, la UE ha movido piezas importantes en los frentes de capitales, energía, industria limpia y digital, aunque la brecha con Estados Unidos y China sigue siendo profunda.
Capital: el gran cuello de botella
El terreno financiero era, según Draghi, el “talón de Aquiles” europeo. Aquí sí se han visto avances. En marzo de 2025 la Comisión lanzó la Estrategia de Unión del Ahorro y la Inversión, con la que quiere desbloquear el ahorro europeo y canalizarlo hacia la economía real. También entró en vigor el Listing Act, que simplifica la salida a bolsa, y Bruselas ha puesto sobre la mesa la iniciativa “Choose Europe to start and scale”, con un fondo público-privado de más de 10.000 millones para empresas en crecimiento.
Sin embargo, los números siguen hablando por sí solos: en 2024, el capital riesgo en EE. UU. multiplicó por más de tres el europeo, y las mayores compañías del planeta por capitalización bursátil siguen siendo, todas, estadounidenses. Europa todavía carece de una supervisión de mercado verdaderamente unificada y de instrumentos fiscales y de insolvencia que faciliten el salto de las startups a escala global.
Industria, energía y comercio: avances con sombras
En el terreno industrial, la UE ha puesto en marcha el Net-Zero Industry Act, que fija metas de capacidad doméstica en tecnologías limpias, y la Critical Raw Materials Act, que busca asegurar el suministro de minerales clave. En junio de 2025 se aprobó un nuevo marco de ayudas, el Clean Industrial Deal State Aid Framework, con vigencia hasta 2030, para dar certidumbre a las inversiones verdes.
Bruselas también ha sido más agresiva en defensa comercial. Desde octubre de 2024 aplican derechos compensatorios a los coches eléctricos chinos, mientras el CBAM (el ajuste de carbono en frontera) sigue en fase transitoria hasta finales de 2025. Aun así, se debate si dar un paso más con un “Buy European” limitado a sectores estratégicos.
El gran problema, no obstante, sigue estando en la factura eléctrica. En 2023 la industria europea pagó la electricidad más cara entre las tres grandes economías, con precios hasta un 158% superiores a los de EE. UU. Y en 2025, pese a cierta normalización, los costes mayoristas rondan todavía los 90 dólares por MWh. Una desventaja competitiva de primer orden.
Digital e inteligencia artificial: pioneros en reglas, rezagados en músculo
Europa ha vuelto a ejercer de pionera regulatoria con la Ley de Inteligencia Artificial, que entró en vigor en agosto de 2024 y que irá desplegando obligaciones a lo largo de este año y el próximo. El calendario se mantiene firme pese a presiones para aplazarlo.
El problema es que mientras Europa regula, otros invierten. Más del 70% de la capacidad global de superordenadores especializados en IA está en Estados Unidos; China ocupa la segunda posición; Europa se queda muy por detrás. En 2024, los centros de investigación estadounidenses lanzaron muchos más modelos punteros de IA que los europeos. Sin músculo en computación, nube y capital, la regulación no bastará para generar ventajas competitivas.
Resultados: todavía modestos
En lo macroeconómico, el diferencial con EE. UU. y China persiste. La Comisión prevé para 2025 un crecimiento del PIB de apenas 1,1% en la UE y 0,9% en la eurozona, frente al 1,8% de EE. UU. y el 4,8% de China. La innovación tampoco despega: Europa aporta alrededor del 18% del gasto global en I+D, frente al 30% estadounidense y el 27% chino, con tasas de crecimiento muy inferiores a las de Pekín.
En bolsa, Europa sigue perdiendo la batalla por la escala: la cúpula de las grandes capitalizaciones mundiales está dominada por corporaciones norteamericanas.
Lo conseguido y lo pendiente
El primer año tras el informe Draghi deja luces y sombras. Entre las luces: el impulso a la Unión de Mercados de Capitales con nuevos instrumentos; la puesta en marcha de marcos industriales como NZIA y CRMA; un calendario estable de ayudas verdes; y la consolidación de la política climática con el CBAM.
En la parte oscura, sigue faltando sincronía y decisión política para cerrar la Unión de los Mercados de Capitales; los costes energéticos mantienen a la industria europea en desventaja; la infraestructura de supercomputación es insuficiente; y la coordinación de las ayudas nacionales corre el riesgo de fragmentar el mercado interior.
UE frente a EE. UU. y China: la foto de familia
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Capital: EE. UU. domina en capital riesgo y salidas a bolsa; Europa avanza, pero lejos del nivel de riesgo asumido en Silicon Valley. China apuesta por subsidios y apoyo estatal en sectores estratégicos.
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Energía: Europa paga la electricidad industrial más cara de los tres, un lastre directo en sectores intensivos en consumo eléctrico.
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I+D e IA: EE. UU. lidera en capacidad de cómputo e innovación digital; China crece más rápido en gasto y semiconductores; Europa aporta ciencia de base y regula, pero carece de escala inversora.
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Política industrial: Bruselas despliega su tríada NZIA-CRMA-CBAM; Washington apuesta por subsidios masivos con el IRA; Pekín combina financiación dirigida, protección de mercado y manufactura a gran escala.
Conclusión: del diagnóstico a la acción
Un año después del “diagnóstico Draghi”, la UE ha dejado de estar en punto muerto y ha puesto en marcha piezas clave para mejorar su competitividad. Pero la velocidad de ejecución no está a la altura de la urgencia. Mientras, Estados Unidos sigue sacando ventaja gracias a su escala financiera y digital, y China acelera apoyada en subsidios y crecimiento interno.
El reto para 2025 y 2026 será convertir los avances normativos en resultados concretos: atraer capital, abaratar la energía, invertir en supercomputación y coordinar la política industrial. Sólo así la UE podrá pasar del diagnóstico a la acción que Draghi volvió a reclamar en Rimini.






