La iniciativa ‘Changing Minds’ nació con el objetivo de cambiar formas de pensar, y parece que lo ha conseguido. Tanto es así que el Parlamento ha concedido el premio Ciudadano Europeo 2023 a este proyecto de intercambio cultural entre jóvenes cuyo objetivo es facilitar la inclusión de los refugiados y mejorar la visión de la inmigración en los países más desarrollados económicamente. María Serrano, coordinadora de proyectos europeos del Programa EMPU-G, explica que el objetivo es unir a los jóvenes para que durante los días que están conviviendo, tengan que lidiar con otras culturas, otras religiones, otras realidades y sean capaces de crear vínculos con sus iguales para facilitar la integración social de los jóvenes refugiados en la ciudad en la que les ha tocado vivir sin elegirlo.
Aquí Europa- ¿En qué consiste 'Changing Minds'?
María Serrano- ‘Changing Minds’ es un intercambio juvenil que está financiado por el Programa Erasmus+. Fue un intercambio en el que juntamos a jóvenes de 15 a 17 años, de Portugal o de Armenia con jóvenes de nuestro grupo EMPU-G, que son chavales con los que trabajamos durante todo el año, y con un grupo de refugiados que pertenecen a la entidad MPDL, que viven en la provincia de Ciudad Real.
Estuvimos ocho días juntos y durante esos días hicimos muchas actividades, pero, como yo siempre digo, al final las actividades son algo totalmente secundario, porque lo que pretendemos normalmente con este tipo de proyectos es juntar realidades, unir a los jóvenes para que durante los días que están conviviendo, tengan que convivir y lidiar con otras culturas, otras religiones, otras realidades y que ellos sean capaces de crear un vínculo con sus iguales. MEn el caso de los jóvenes de EMPU-G que son de Ciudad Real y los refugiados, buscábamos que se creara un vínculo y una amistad entre ellos para facilitar la integración social de los jóvenes refugiados en la ciudad en la que les ha tocado vivir sin elegirlo.
La verdad es que el intercambio fue un éxito en ese sentido, porque a día de hoy todavía hay jóvenes, chicos y chicas que siguen con su relación de amistad, siguen viéndose y siguen quedando. Podemos decir que objetivos cumplidos.
AE- Antes de hablar más en profundidad sobre el intercambio, ¿cómo surge la idea?
MS- Nosotros llevamos trabajando diez años con el Programa EMPU-G en la provincia de Ciudad Real. Durante estos diez años hemos hecho muchísimas actividades, muchísimos proyectos distintos y este en concreto surge porque una amiga mía que trabaja en MPDL, trabaja con estos jóvenes refugiados, y un día tomando una caña de lo más informal, surgió la idea de juntar a ambos grupos con gente que viniese de fuera pensando que les vendría muy bien. La idea surgió así, sin más.
Esto es un proyecto puntual que está siendo algo muy grande, para nosotros está siendo increíble lo del premio, pero es un proyecto puntual que premian de entre todos los que llevamos haciendo durante diez años, que hemos hecho muchísimas más cosas.
AE- Comentabas que fueron ocho días de intercambio cultural, ¿cuál fue el resultado de esos días?
MS- Pues a mí me encanta esta pregunta, porque normalmente siempre suele pasar lo mismo. Y es que los chicos y las chicas, cuando llegan el primer día, no conocen a nadie, y llegan muy cortados, les da mucha vergüenza participar en las actividades, salir a presentarse, hablar con el resto de la gente… Y lo que suele pasar también es que el último día, cuando tienen que irse a casa, se van llorando, porque no se quieren ir, porque no se quieren separar de sus amigos, porque se lo han pasado muy bien. En este caso, pues pasó lo mismo. Afortunadamente fue así.
La actividad principal de este intercambio era que ellos y ellas propusieran una actividad que se iba a llevar a cabo en el pueblo de Socuéllamos, en la provincia de Ciudad Real. Ellos mismos tenían que determinar qué actividad querían hacer de cara al público, para dar a conocer sus culturas a la gente del pueblo.
Nos juntamos un día al principio del intercambio y ellos hicieron propuestas y se votó. La más votada fue una yincana que estuvimos preparando durante toda la semana. Son ellas y ellos los responsables de desarrollar todas las actividades, desde pensar cómo van a introducir la actividad, el juego, qué materiales necesitan, ir a comprarlos, qué dinero van a necesitar, traducirlo de los idiomas de cada uno de los participantes al españo, porque si no la gente de a pie no los iba a entender, preparar fotografías, preparar todo lo que tenía en mente, y llevarlo a cabo.
Estuvimos durante toda esa semana apoyando ese trabajo, ese desarrollo de actividad, y el último día nos trasladamos en un autobús al pueblo, donde ya lo habíamos dado a conocer tanto a la gente de allí como a los medios de comunicación entonces la gente del pueblo vino y participó en esa yincana en la que los jóvenes eran los monitores y las monitoras para llevar a cabo la actividad. Ese fue el grueso del proyecto.
AE- El nombre de esta iniciativa es ‘Changing Minds’, lo que se traduciría como cambiando mentalidades o formas de pensar, ¿crees que lo habéis conseguido juntando a estos jóvenes? ¿cuál ha sido el feedback que habéis recibido?
MS- Sí, totalmente. No solamente con las personas de dentro del grupo, los participantes directos del intercambio, que, por supuesto, es el impacto más grande que hay. En el grupo de refugiados había gente de Ucrania, gente de Somalia, de Siria, de Perú, había gente de nacionalidades que cuando vienen desde sus países, vienen sin hablar el castellano, sin conocer a nadie, completamente solos.
Es un cambio brutal en un momento de su vida en el que simplemente por el hecho de ser adolescente ya estás viviendo un cambio en tu vida, pues imagínate tener que cambiar tu país, tus costumbres, tu comida, todo. Entonces, para los participantes directos del proyecto, el impacto ha sido muy grande, porque ellos mismos se han dado cuenta de que por el hecho de que una persona sea negra, musulmana o siria no tiene por qué ser mala persona, no tenemos por qué rechazar a priori a esa persona por el hecho de venir de donde viene. Eso ha sido un impacto muy positivo para las personas españolas y para las personas de otras nacionalidades.
También lo que se buscaba a través de este proyecto era llevar a esta gente a un pueblo que no tiene mucho acceso. Socuéllamos es un pueblo que está en mitad de la provincia y la gente de allí normalmente no tiene mucho contacto con estas personas. Entonces, era acercar a través de los españoles que tienen a sus familias allí y que son como antenas de difusión, acercar a través de estos jóvenes, a sus familias, a la gente de su pueblo, sus vecinos, sus amigos… Eso tiene un impacto muy bonito, directo y, además, palpable, es así. La gente cambia su mentalidad cuando tiene a alguien cerca, alguien a quien aprecia, a quien quiere, de otro país. Y sí, tiene mucho impacto.
AE- Y precisamente, gracias a ese impacto, el Parlamento Europeo os ha otorgado el premio Ciudadano Europeo 2023. ¿Cómo ha sido este reconocimiento para vosotros?
MS- Pues increíble. Ha sido, de momento, lo más grande que nos ha pasado. Llevamos diez años trabajando como hormiguitas, hemos hecho muchísimas cosas, hemos trabajado con más de 10.000 jóvenes de la provincia de Ciudad Real y con sus familias y el recibir este premio es un reconocimiento muy bonito que ha sido, como decía, un proyecto en concreto, pero que, en realidad, es reconocimiento para el equipo completo y para el trabajo del Programa EMPU-G, que trabaja con jóvenes que tienen riesgo de exclusión social, tienen dificultades o menos oportunidades, entonces esto es como la guinda del pastel, y está siendo muy bonito.
AE- A través de este premio el Parlamento busca reconocer las iniciativas que representan de alguna manera los valores europeos. ¿De qué manera crees que vuestra iniciativa representa esos valores?
MS- Pues de muchas formas, la principal es la inclusión. Al final, desde Europa se aboga por la inclusión social y, en este caso, el hecho de contar con personas refugiadas lo hace más llamativo aún, pero siempre digo que tenemos personas en mi pueblo, en nuestra provincia, en Ciudad Real, en España, y en general, que necesitan también esa inclusión social, que es el colectivo con el que nosotros trabajamos.
Esta es la línea de intervención más grande que tenemos nosotros y es lo que más se asemeja a los valores europeos. De hecho, trabajamos mediante esta línea porque es una de las líneas de trabajo de la Comisión Europea. La inclusión social de todas las personas, en concreto, los adolescentes, los jóvenes, creo que mediante este tipo de proyectos se consigue. No es que se trabaje para ello, sino que se consigue directamente. Y entiendo que eso es lo que más han valorado desde el Parlamento.






