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Home Un café con...

Un café con… Carlos Hernández-Echevarría

Ane Barcos Por Ane Barcos
24/11/2023
En Un café con...
Un café con… Carlos Hernández-Echevarría

Es cada vez más habitual escuchar que vivimos en la era de la desinformación. Carlos Hernández-Echevarría, coordinador de políticas públicas de la European Fact-Checking Standards Network y director de políticas públicas y desarrollo institucional de Maldita.es, revela cómo esta red europea surgió como respuesta a la necesidad de fortalecer la confianza del público en medio de la creciente dificultad para discernir la verdad en la era digital. Además, desde su experiencia en Maldita, la plataforma periodística sin ánimo de lucro que lucha contra la desinformación, Hernández comparte su enfoque de «frena, piensa, verifica» para identificar contenidos falsos en un entorno digital saturado de información engañosa.

Aquí Europa- ¿Que es la European Fact-Checking Standards Network (EFCSN)?

Carlos Hernández Echevarría- Básicamente es una idea que tuvieron algunas de las organizaciones de verificación, algunos de los fact-checkers que llevaban bastante tiempo operando en Europa. Hicimos la reflexión sobre qué podíamos hacer en un momento en el que es tan difícil obtener la confianza del público. Qué podíamos hacer por mejorar las cosas, por comunicarle al público que tuviera más confianza en nosotros.

Fue un proceso participativo. Participaron unas 50 organizaciones en 30 países europeos, no solo de la Unión, sino también en países candidatos y de fuera de la Unión, y básicamente nos pusimos de acuerdo en cómo podíamos mejorar, en qué creíamos nosotros que eran las claves del fact-checking. Nosotros teníamos muy claro, por ejemplo, que queríamos hacer mucho trabajo en hacer unos estándares de metodología, por ejemplo, de cómo elegíamos lo que investigábamos y lo que no.

También unos estándares de apartidismo, estar seguros de que las organizaciones que hubiera dentro no se dedicaran, por ejemplo, solo a hacer fact-checking de uno de los lados ideológicos o de solo un tema. Eso nos interesaba mucho. Y también que fueran muy transparentes en cuestión de finanzas, o sea, que la gente pudiera saber muy bien detrás de cada organización de fact-checking que estuviera verificada por EFCSN, quién la financiaba, cuánto dinero, cómo, por qué. Todo eso.

Pero más importante todavía que esos tres grandes caminos, era que todo esto se comprobara. Nosotros estábamos hartos de ver códigos de conducta que se basaban un poco en la buena fe pero que nadie realmente verificaa si se cumplían. Nosotros queríamos una cosa diferente.

AE- ¿Cómo funciona?

CH- Cada miembro de EFCSN, lo que hace es presentar su candidatura, por así decirlo, y entonces, dos expertos independientes normalmente de su país, que suelen ser académicos, expertos en comunicación y desinformación, estudian esa organización sin conocerse un experto al otro y van mirando a ver si realmente se cumplen los estándares.

Hay una parte que es fácil de verificar, que es saber que tú efectivamente estás poniendo públicamente en tu web todo aquel que te financia con más de un 5% de tu presupuesto. Pero luego hay otras cosas que lo que hacen realmente es ver los contenidos y mirar que efectivamente se están  haciendo las cosas que se han dicho, si se dice que se dispone  de una metodología para verificar determinadas cosas, pues que efectivamente se está siguiendo. Entonces, se pasa ese examen y es cuando el miembro puede incorporarse a la red.

AE- ¿A raíz de qué identificasteis la necesidad de desarrollar una red así?

CH- Nosotros teníamos en mente que estábamos en un momento en el que habíamos salido de la pandemia, nos enfrentábamos a muchos retos que veíamos que necesitábamos el apoyo del público, que le teníamos que dar al público una idea de por qué tenían que confiar en nosotros más que en otra gente. Y muchas veces era explicarles cómo se hace el trabajo de fact-checking y por qué nosotros tenemos más cautelas y más procedimientos que los que puedan tener otras organizaciones.

También veíamos que en Europa teníamos otras oportunidades, es decir, que la Comunidad Internacional de fact-checking trabaja mucho, hace muchas investigaciones comunes, etc. Pero veíamos que en Europa teníamos ciertas posibilidades por ser europeos que no se presentaban en otras partes del mundo, de hablar con las instituciones, de intentar influir en las nuevas legislaciones sobre desinformación, en intentar aportar más de lo que a lo mejor otros compañeros en otras partes del mundo podían hacer.

Además estábamos muy acostumbrados a trabajar entre nosotros, a ayudarnos, a intentar tener una idea común de lo que hacíamos para poder trabajar mejor juntos y tener unos estándares muy claros, porque al final el objetivo también era eso, intentar por todos los medios que no se cuele alguien aquí, que no debería colarse. Lo hemos visto en el pasado, ha habido falsas entidades de fact-checking, muchas veces con dinero de gobiernos autoritarios que intentaban hacerse pasar por lo que nosotros hacemos cuando en realidad lo que estaban haciendo era propaganda. Nos interesaba mucho establecer unos estándares y trabajar mejor juntos.

AE- Y a raíz de esto que me comentas, ¿crees que en este sentido, la Unión Europea o las instituciones europeas hacen lo suficiente?

CH- Es un tema complejo, pero yo creo que a todos los gobiernos hay que pedirles unos básicos en cuanto a la desinformación. Los básicos ni si quiera tienen que ver con regulación, son cosas elementales. Primero, no seáis vosotros los que mintáis. No seáis vosotros los que restringáis el acceso a información que puede ser útil y que la gente está buscando, porque si estás restringiendo y haciéndolo todo con secretismo, como son los casos, pues la gente se inventará historias y será más fácil que difundan la desinformación.

También queremos que las instituciones se impliquen en hacer mejor formación de lo que se llama alfabetización mediática, que es básicamente ayudar a la gente a que entienda que no tiene que creerse todo lo que le cuentan, todo eso que es un trabajo que se hace en escuelas, pero también en centros de mayores y en todo tipo de entidades, eso creemos que también las instituciones tienen ahí un papel que jugar.

Luego hay un tema que tiene que ver, efectivamente, con la regulación digital y ver esto cómo se hace. Es decir, ahora mismo tenemos unos gigantes de la industria tecnológica que son, o eran hasta hace muy poco, fundamentalmente, espacios privados donde cada plataforma hacía básicamente lo que quería. La nueva Ley de Servicios Digitales, por ejemplo, que se ha aprobado, básicamente rompe ese paradigma y lo que dice es que las empresas privadas tienen una serie de responsabilidades, en el sentido de que un hotel también es una empresa privada, pero tiene que tener escalera de incendios y extintores por si hay un incendio.

Eso es lo que se ha intentado en materia de regulación europea y esto era un tema que básicamente no solo era necesario porque veníamos un poco del salvaje Oeste, donde todo se valía, sino también solo podía suceder en Europa, porque ha habido una serie de pequeños países que han intentado aplicar esto y se han dado contra un muro, porque muchas veces estas grandes empresas decían: “Si estas son las condiciones para operar en tu país, pues me iré de tu país”. Pero nadie puede irse de Europa, de la Unión Europea en particular con sus 450 millones de consumidores, que además tienen generalmente un alto poder adquisitivo para lo que es el mundo. Digamos que la Unión Europea es la única que tiene la suficiente fuerza para hacer esto, junto con Estados Unidos, pero tiene la voluntad de hacer esto, que es algo que en Estados Unidos es muy difícil, por cómo está construido el sistema político y la situación actual. Entonces, creo que ahí las instituciones están intentando jugar un rol y están intentando  hacer unas reglas de sentido común  en el sector digital y en el sector de las grandes plataformas. De ahí viene la Digital Services Act y son los primeros intentos de tratar de hacer algo en este sentido.

AE- Sobre la Ley de Servicios Digitales, ¿realmente crees que es útil?

CH- Creo que es útil, sobre todo por de dónde venimos. Hay que pensar que hasta ahora, el esquema de la legislación era la directiva de comercio electrónico del año 2000, que estaba hecha y podíamos decir incluso bien hecha para el Internet del año 2000. Es decir, no existían las plataformas. De hecho, Google no era ni el primer buscador.

Veníamos de una teoría que decía “tú no eres responsable de nada de lo que hay aquí, porque el contenido lo producen tus usuarios y tú eres un mero intermediario”. Ahora la nueva legislación y la DSA, dice: "Bueno, de acuerdo, tú no eres responsable de todo lo que hacen los usuarios, pero tienes que tener unos mecanismos que funcionen para ciertas cosas”.

El primero tiene que ver con el contenido ilegal, es decir, si hay algo que está sucediendo en tu plataforma que es ilegal, no que sea declarado ilegal en esta ley, que ya era ilegal. Es decir, el discurso de odio, las amenazas, las estafas, la pornografía infantil, el contenido terrorista… Esta ley lo que está diciendo es que si algo es ilegal, una vez que tú te enteras de que lo es, tienes que ponerte en marcha y borrarlo. Y tienes que tener sistemas que te digan esto.

Mucha gente confunde esto con el tema de la desinformación. La desinformación raramente es conducta ilegal. la DSA tiene una parte que dice que el contenido dañino, como las campañas de desinformación y manipulación, no hay que borrarlo necesariamente. Lo que hay que demostrar es que la plataforma tiene mecanismos para lidiar con eso. Es decir, que tiene identificados sus riesgos y tiene medidas de mitigación de riesgos. Este es un poco el enfoque de la DSA.

Cuánto de útil es es difícil saberlo en este punto porque ha entrado en vigor para lo que son las grandes plataformas. Ya sabemos que se ha establecido en la ley un límite que ahora mismo está en 45 millones de usuarios mensuales y si estás por encima de ese número y lo están gran parte de las empresas en las que estamos pensando cuando hablamos de los grandes gigantes, entonces ya no te va a regular tu estado de origen donde tú estés registrado, que casi siempre era Irlanda o Luxemburgo, sino que te va a regular la propia Comisión Europea.

Pero ha entrado en vigor para esas grandes empresas el pasado septiembre. Con lo cual, digamos, hay ciertas cosas que están en marcha y ciertas cosas que tardarán mucho en poder implementarse. Las cosas que tienen que ver con el reporte y las acciones sobre contenido ilegal tardarán menos. Las cosas un poquito más abstractas, como tener medidas de mitigación de riesgo efectivas contra cosas como la desinformación, creo que eso tardará un poco más, porque básicamente es que nos estamos inventando todos una forma de lidiar con estos problemas un poco sobre la marcha.

La ley está en marcha y hay que darle tiempo para ver cómo funciona, y también para ver cómo aplica un concepto muy interesante que está recogido en la propia ley, que son los códigos de conducta. Códigos que empiezan como instrumentos de autorregulación, como códigos voluntarios, pero que la ley puede señalar. Creo que el aparato regulatorio se está desplegando y  dentro de unos años, porque desgraciadamente los procesos son largos, ya podremos saber cómo ha funcionado esto en lo que de verdad importa que es, la experiencia del usuario y qué se encuentra cuando está online.

AE- La Ley de Servicios Digitales tardó en salir adelante. Al final, regular los aspectos que estamos comentando lleva su tiempo y hay que sumarle además la velocidad a la que avanza y cambia Internet. Cambios constantemente a los que hay que adaptarse. Un claro ejemplo es la Inteligencia Arficial. 

CH- El mundo de la tecnología es así.  Dentro de que la legislación siempre es reactiva, aunque intente permanecer un poco es difícil, sobre todo en temas de tecnología. Ahora lo hemos visto con la DSA. Cada nuevo avance requiere un enfoque. Yo creo que lo positivo de la DSA es que tiene un enfoque para el contenido dañino en particular y para el contenido ilegal. Entonces, el contenido ilegal queda definido muchas veces en las legislaciones de los Estados miembros. En ese sentido, tienes una actualización permanente que llega por otra vía de legislación. Y en el contenido dañino, los códigos de conducta son más fáciles de actualizar y, sobre todo, la estrategia que establece la DSA, ahí es la de mitigación de riesgos.

Entonces, las grandes empresas de tecnología, las grandes plataformas digitales, al final lo que tienen es que mostrarle a su regulador, en este caso a la Comisión Europea, que están cumpliendo con ese deber de mitigación de riesgos.Cómo lo demuestran va a ir cambiando a través del tiempo, en función de cómo cambie la tecnología. Entonces, creo que ahí el enfoque de la ley es válido.

Luego, sobre la inteligencia artificial, claro, es que no sabemos muchas cosas de lo que van a pasar. Y el enfoque que se ha tomado para hacer la AI Act, que está ahora mismo negociándose en trílogos, es un poco similar, tiene que ver con las caracterizaciones de los riesgos y tipos de uso. Y es evidente que, temas de IA generativa que están avanzando y cada semana hay un nuevo punto, pues es difícil mantener esa legislación. La legislación quiere ser enormemente detallada y enormemente efectiva y las dos cosas a la vez es difícil.

Creo que se ha tomado un enfoque que es no hacerla tan detallada, sino tener un modelo basado en los riesgos e intentar que el juicio sobre los riesgos esté ahí, pero que la aplicación concreta pueda tener los reguladores un poquito de manga ancha en el futuro. Hay cosas que ahora mismo se están debatiendo que me parecen importantísimas para el mundo digital y para el mundo de la desinformación, de si va a haber, por ejemplo, una excepción a gran escala para los gobiernos por temas de seguridad nacional, para hacer prácticas con IA, que son ciertamente preocupantes. Si vamos a dejar que las IAs se entrenen en cualquier cosa que esté publicada en Internet, aunque sea contenido como libros, ¿es justo que tú puedas entrenar una IA en todos los libros de un determinado autor para que escriba libros como ese autor? Después, ¿es eso razonable sin compensar al autor o sin al menos declarar que es ha sido entrenada sobre ese materia?

Yo creo que son cosas que no existían, porque el problema no existía hace muy poco, pero que ahora tienen que enfocarse y tienen que abordarse. Por supuesto que es difícil y hay que llegar a acuerdos y pelear y poner de acuerdo muchos intereses. Pero yo creo que va por ahí. En el campo de la desinformación, que es en el que nosotros trabajamos principalmente, el impacto de la IA es clarísimo, la IA generativa abarata muchos costes para la gente que produce desinformación, les damos muchas alternativas y muchas herramientas, pero es verdad que, desde los que luchamos contra la desinformación, también nos da muchas herramientas para luchar mejor contra la desinformación.

Maldita, por ejemplo, está usando inteligencia artificial para mejorar nuestra capacidad de identificar desinformación, de extraer patrones de lenguaje que usan los desinformadores, de hacer muchas cosas que antes no podíamos hacer, de hacer mejor análisis de identificación de narrativas que van más allá de los contenidos falsos. Yo sé que muchas organizaciones que están también en EFCSN, están haciendo también cosas alucinantes con esa tecnología nueva que tenemos ahí.

Digamos que es un campo que viene a cambiar, es un constante reto para el marco regulatorio, pero no hay mucha más manera de ir enfrentándose a los problemas que van surgiendo, porque la tecnología no va a parar para que la regules.

AE- Acabas de mencionar Maldita, la plataforma periodística de verificación de datos, háblanos de ella.

CH- Maldita somos una entidad sin ánimo de lucro, una fundación que lucha contra la desinformación. Nosotros luchamos contra la desinformación de muchas maneras. Tenemos un medio de fact-checking, tenemos una unidad que hace educación, que se dedica a ir, desde escuelas primarias hasta títulos de máster enseñando sobre desinformación, sobre técnicas de verificación, forma periodistas, forma multitud de otro tipo de profesiones, hace cosas tan diferentes como visitar escuelas y recorrer España con un autobús repartiendo panfletos a la puerta de los mercados para advertir a la gente de lo que es la desinformación y de por qué te pueden timar en Internet y de por qué a veces las cosas que te llegan a tu Whatsapp son mentira.Hace muchas cosas.

Tenemos también una unidad de ingeniería que hace herramientas para la lucha contra la desinformación. Tenemos diferentes secciones que abordan tipos de desinformación muy concreta, maldita ciencia, maldito dato que hace periodismo de datos, maldita migración o maldita feminismo se han ocupado de nichos de desinformación que eran superactivos, como la desinformación contra migrantes. Y digamos, tenemos un departamento de Academia que nos pone en contacto con proyectos de investigación, ayuda a los investigadores y nos tiene a nosotros al tanto de las cosas que se mueven en el mundo de la investigación y que nos ayudan a hacer nuestro trabajo mejor, y somos una entidad ya medianamente grande que nosotros tenemos una línea por la que vamos, que es luchar contra la desinformación, y dentro de eso, todo, y fuera de eso, nada, básicamente.

AE- Imagino, que con tu experiencia y tu trayectoria serás ya un experto a la hora de identificar contenidos falsos.

CH- En casa del herrero, a veces…

AE- Tendrás más facilidad que otra gente para identificar esos contenidos falsos que vemos muchas veces, por ejemplo, en redes sociales. ¿Qué consejos podrías dar para ello?

CH- En las redes sociales y en los sistemas de mensajería privada y en muchos sitios, por ejemplo, los periodistas y los políticos y los profesores estamos muy pendientes o hemos vivido hasta esta explosión muy pendiente de Twitter y de lo que pasaba ahí. Pero en general, si lo piensas, en la época dorada de Twitter en España podría haber tres millones y medio de usuarios pero de Whatsapp, va a haber casi 40. Todo el mundo está en Whatsapp, sus amigos están allí, sus grupos con sus amigos están allí y por ahí circula muchísima desinformación. Ese ha sido uno de nuestros focos durante mucho tiempo, pero en todo el ambiente digital te vas a encontrar esa información.

Nuestros tres consejos son siempre los mismos, que son frena, piensa, verifica. Frena es el primer paso, porque cuando te llega algo y tú te mueres de ganas de compartirlo muchas veces porque es algo que se alinea perfectamente con tus prejuicios. Siempre pongo el ejemplo del fútbol. El bulo que me tiene que preocupar es el bulo que deja bien a mi equipo del fútbol y mal al equipo rival, no al revés, porque ese es el bulo que yo quiero compartir, ese es el bulo que estoy muerto de ganas de mandárselo a mi suegro, que es del otro equipo.

Entonces, el primer paso siempre es frena, porque aunque te mueras de ganas de compartirlo, hay que parar un momento, mirarlo, y ahí entra el segundo paso, que es piensa. Por ejemplo, cuando te mandan lo que parece un titular de un periódico muy conocido. Pero solo es una foto, no hay un enlace, no se ve la firma. Puede a lo mejor ser una manipulación. Y entonces viene el tercer paso, que es verifica. Y nadie pide que hagas una verificación complejísima, como a veces nos toca hacer aquí en Maldita, de geolocalizar dónde está una fábrica en Ucrania. No, verifica a veces es una cosa tan sencilla como lo que te están contando, buscarlo en Google en un minuto, que todos somos un poco vagos, y a veces te das cuenta de, que lo que te han mandado es de hace tres años, o simplemente modificaron el texto de ese titular que parece de prensa, pero eso jamás se publicó.

Creo que esos serían los tres pasos que todos tenemos que hacer y que todos alguna vez nos saltamos. Yo soy consciente de que yo mismo caigo a veces y todos los que trabajan aquí, que son muchos, de vez en cuando, nos la cuelan, pero siempre frena, piensa, identifica, yo creo que con esas tres cosas no te equivocas o te la cuelan un 99% menos de veces que si no lo haces.

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