Durante la legislatura que ahora concluye, 2019-2024, el gobierno de Viktor Orbán y con ello Hungría, se ha convertido el mayor quebradero de cabeza interno de la Unión Europea. A sus repetidas vulneraciones de los derechos fundamentales con legislaciones homófobas y xenófobas, se ha añadido su apoyo explícito a Rusia en su invasión de Hungría y el veto continuo a posiciones comunes del resto de los Estados miembros. Su actitud ha abierto el debate en las instituciones europeas sobre la posibilidad de expulsar del club a un miembro que reiteradamente incumple los principios y valores democráticos sobre los que se sustenta el proyecto común europeo. Los Tratados no contemplan esta opción, porque nadie se había atrevido hasta ahora siquiera a imaginarlo, de no ser porque los líderes europeos han llegado al convencimiento del riesgo que supone tener en la UE Estados bajo gobiernos autócratas y populistas, que acaban socavando la credibilidad de la Unión.
LOS CRITERIOS DE COPENHAGUE. Entrar en la UE es costoso y complejo ya que hay que cumplir con los llamados criterios de Copenhague fueron establecidos por el Consejo Europeo en 1993 y, posteriormente, el Consejo Europeo de Madrid los reforzó en 1995. Estos son: la existencia de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho; el respeto de los derechos humanos y el respeto y la protección de las minorías; la existencia de una economía de mercado en funcionamiento y la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado dentro de la UE; la capacidad para asumir las obligaciones que se derivan de la adhesión, incluida la capacidad para poner en práctica de manera eficaz las normas, estándares y políticas que forman el “acervo comunitario”, y aceptar los objetivos de la unión política, económica y monetaria. La Comisión Europea es la encarga de realizar exhaustivos análisis periódicos del cumplimiento de estos criterios por parte de los Estados en proceso de negociación para la adhesión. Qué le digan a la larga lista de países en espera para entrar en la UE, la dificultad de estar en orden para que se produzca su ingreso.
EL ARTÍCULO 7 DEL TRATADO DE LA UE. Cuando un país miembro viola derechos fundamentales de la UE, como el respeto a la democracia, la igualdad o el Estado de derecho, puede activarse el artículo 7 del TUE. Este procedimiento permite suspender los derechos políticos del infractor dentro de la organización, como su derecho a votar las decisiones comunitarias en el Consejo Europeo. Es el llamado “botón nuclear”, que nunca se ha llegado a aplicar. Si la violación del derecho es probable pero aún no se ha producido, el Consejo de la UE, la Comisión Europea o el Parlamento Europeo pueden votar a favor de que el Consejo estudie la situación. Este oye los motivos del país examinado y le ofrece una recomendación. Pero cuando la violación es flagrante, la respuesta es más contundente. Los jefes de Estado y de Gobierno de los veintisiete países, excepto el investigado, deciden por unanimidad si se han violado los valores europeos. De ser así, corresponde al Consejo de la UE suprimir los derechos del infractor en una votación por mayoría cualificada: el 55% de países miembros representando al 65% de la población.
EL CABALLO DE TROYA. La realidad de toda esta legislación es que, si bien entrar en la UE es tarea difícil, una vez dentro se requiere la unanimidad de todos los otros miembros para articular medidas contra el que conculca los derechos fundamentales. No podemos seguir siendo reos de la ingenuidad. Pensamos que una vez instaurada la democracia, nada podía ocurrir y, sin embargo, los ataques a la libertad, desde dentro, se han manifestado como los más peligrosos. Ocurrió en la Alemania que desembocó en el Tercer Reich y ha sucedido con el gobierno Orbán y, hasta las últimas elecciones generales, también en Polonia. Tener en el seno de la Unión un miembro que incumple los derechos fundamentales y que se alinea con los intereses y objetivos de un enemigo exterior, como es el caso de Rusia y Hungría, supone un altísimo precio que no podemos seguir pagando. La exigencia en el cumplimiento del artículo 2 del Tratado: “la Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías”, debe ser absoluta. Los ciudadanos de todos los países de la UE deben saber que votar a gobiernos contrarios a estos valores puede significar su expulsión.






