El Consejo y el Parlamento Europeo han alcanzado este jueves un acuerdo provisional sobre un conjunto de normas que establecen un marco jurídico para las nuevas técnicas genómicas (NGT, por sus siglas en inglés). El objetivo de este acuerdo es mejorar la competitividad del sector agroalimentario europeo, garantizar condiciones de igualdad para los operadores del sector y, al mismo tiempo, impulsar la seguridad alimentaria y reducir la dependencia de fuentes externas.
Según el Consejo, el marco acordado asegura una “sólida protección de la salud humana y animal”, así como del medio ambiente, y contribuye a los objetivos sostenibles de la Unión Europea. Las NGT abarcan diversas técnicas que modifican las semillas de forma similar a los procesos que ocurren de manera natural o mediante métodos de cultivo convencionales, permitiendo el desarrollo de variedades vegetales mejoradas con mayor rapidez y características específicas.
Jacob Jansen, ministro danés de Alimentación, Agricultura y Pesca, cuya país preside el Consejo de la UE hasta fin de año, destacó el potencial de las nuevas técnicas genómicas, señalando que el nuevo reglamento permitirá crear variedades de plantas más resilientes al cambio climático y que requieran menos fertilizantes y pesticidas. En este sentido, afirmó que los agricultores y el sector agroalimentario europeo estarán mejor preparados para innovar y seguir produciendo alimentos sanos y seguros para los ciudadanos europeos.
El Consejo explicó que las nuevas normas garantizarán que las plantas NGT comercializadas en la Unión Europea sean tan seguras como las variedades obtenidas mediante métodos convencionales. El acuerdo incluye las plantas que contienen pequeñas modificaciones en su material genético o inserciones de material genético de la misma planta o de plantas cruzables. Además, establece un proceso simplificado para las plantas NGT que sean equivalentes a las convencionales, abordando también cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual y el acceso a las semillas.
El acuerdo provisional mantiene el principio de que las plantas NGT-1 son equivalentes a las plantas convencionales, tal como se refleja en el mandato de negociación del Consejo y la propuesta inicial de la Comisión. Las autoridades nacionales deberán verificar que las plantas NGT pertenezcan a la categoría 1, pero sus descendientes no requerirán una verificación adicional. Estas plantas, así como sus productos, no deberán ser etiquetadas, salvo en el caso de las semillas y demás material de reproducción vegetal de plantas NGT-1, que sí deberán llevar la etiqueta correspondiente.
El Parlamento y el Consejo también acordaron una lista de rasgos excluidos para la categoría NGT-1, en la que se incluyen la tolerancia a herbicidas y la producción de sustancias insecticidas. Las plantas con estos rasgos no podrán clasificarse en la categoría NGT-1 y deberán ser consideradas NGT-2, lo que implicará que estén sujetas a autorización, trazabilidad y seguimiento. Las plantas NGT-2, que presentan modificaciones más complejas, estarán sujetas a las regulaciones actuales sobre organismos modificados genéticamente (OMG), incluyendo el etiquetado obligatorio con información detallada sobre las modificaciones genéticas realizadas. Además, los Estados miembros podrán decidir si permiten o no el cultivo de estas plantas en su territorio.
El acuerdo también incluye medidas de coexistencia para evitar la presencia no deseada de plantas NGT en otros cultivos. En cuanto a la protección de la propiedad intelectual, se establece que las empresas o los obtentores de plantas NGT-1 deberán informar sobre las patentes existentes al registrar una planta. Esta información será accesible en una base de datos pública, y de forma voluntaria, los obtentores podrán incluir detalles sobre la licencia de uso de las patentes bajo condiciones justas.
Asimismo, el Consejo y el Parlamento acordaron crear un grupo de expertos en patentes para analizar el impacto de las patentes sobre las plantas NGT. Este grupo estará compuesto por representantes de todos los Estados miembros, la Oficina Europea de Patentes y la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales. Un año después de la implementación del reglamento, la Comisión Europea llevará a cabo un estudio sobre cómo las patentes afectan la innovación, el acceso a semillas y la competitividad del sector agrícola. En función de los resultados, la Comisión podrá proponer medidas adicionales o ajustes legislativos si lo considera necesario.
Este acuerdo provisional debe ser aprobado tanto por el Consejo como por el Parlamento antes de su adopción formal.
