En un contexto marcado por la creciente polarización y la proliferación de la desinformación, Europa ha comenzado a adoptar nuevas estrategias para comprender y combatir estos fenómenos. En 2023, Re-Imagine Europa lanzó el primer Observatorio Europeo de Narrativas (NODES), una iniciativa pionera cuyo objetivo es analizar el papel crucial de las narrativas en la difusión de la desinformación y su impacto en la cohesión social. Este proyecto busca desarrollar un enfoque adicional al análisis tradicional de los hechos, explorando cómo las narrativas no solo distorsionan la información, sino que también afectan la forma en que percibimos y nos relacionamos con el mundo.
Erika Staël von Holstein, cofundadora y directora ejecutiva de Re-Imagine Europa, es uno de los pilares de esta iniciativa. Con más de dos décadas de experiencia en la vinculación entre ciencia, sociedad y política, ha dedicado su carrera a comprender el poder de las narrativas en la transformación social y política. Su trabajo se ha centrado en despolarizar los discursos públicos y ofrecer soluciones prácticas para abordar los desafíos globales de la desinformación.
Staël expone los principales objetivos del Observatorio y cómo este enfoque innovador puede ofrecer soluciones concretas frente a la desinformación. Además, reflexiona sobre el papel de la inteligencia artificial en este ecosistema informativo, advirtiendo sobre los riesgos de un control centralizado de las plataformas digitales y defendiendo la necesidad de proteger tanto la libertad de información como la pluralidad en el debate público.
Aquí Europa- ¿Qué es el Observatorio Europeo de Narrativas, cómo surgió y por qué identificaron la necesidad de una iniciativa como esta para hacer frente a la desinformación?
Erika Staël– He dedicado gran parte de mi carrera a trabajar en la comunicación de hechos, pruebas y cuestiones relacionadas. Este tema siempre ha sido muy importante para mí, al igual que la salud del ecosistema de los medios de comunicación. Con las elecciones de 2016 en EE.UU. y el Brexit poco antes, creo que todos nos dimos cuenta de que nuestro ecosistema informativo había cambiado drásticamente, y que la desinformación estaba afectando de manera inesperada la forma en que pensamos, nos coordinamos y nos comunicamos como sociedad.
Aunque, por supuesto, se han llevado a cabo numerosas actividades valiosas en términos de verificación de hechos y regulación, como la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) que se publicaron recientemente, parecía faltar algo.
En 2018 publicamos un informe que analizaba las diferentes dimensiones de cómo se difunde la información en la web. Una de las cosas que observamos fue que el componente psicológico o conductual del ser humano, las narrativas, ofrecían oportunidades para añadir un nuevo elemento a las herramientas disponibles para combatir la desinformación, trabajando desde la perspectiva del receptor de la información. Esto atrajo mucho nuestra atención.
Siempre hemos trabajado con un grupo interno de científicos especializados en narrativas, liderado por el profesor Andrzej Nowak, un pionero en estas técnicas y tecnologías. En Re-Imagine Europa es nuestro principal experto en narrativas, pero también trabaja en la Universidad de Varsovia y en la Florida Atlantic State. Además, contamos con el profesor Marcin Napiórkowski, nuestro especialista en mitologías contemporáneas, filósofo y semiólogo.
El año pasado lanzamos el primer Observatorio Europeo de Narrativas para combatir la desinformación y la polarización sistémica en Europa. Aunque suene un poco complejo, se trata de un proyecto cofinanciado por la Unión Europea.
Busca desarrollar un enfoque adicional para abordar la desinformación, analizando cómo la entendemos y por qué, por ejemplo, la desinformación se difunde seis veces más rápido que la información verificada.
También investigamos cómo estas técnicas están siendo usadas de forma muy eficaz como armas por actores que buscan desestabilizar Europa, tanto interna como externamente.
Esto va más allá de la simple tergiversación de hechos; se trata realmente de vender visiones distintas de la realidad. Y este enfoque puede ofrecernos ideas clave para añadir una dimensión adicional a nuestra forma de combatir la desinformación.
Aquí Europa- En noviembre presentasteis un Libro Blanco con una serie de recomendaciones en el Parlamento Europeo para abordar la problemática de la desinformación. ¿En qué consistesn?
Erika Staël– El 14 de noviembre presentamos nuestro libro blanco sobre el poder de las narrativas, que también está disponible en nuestra página web. El objetivo era mostrar cómo las ideas obtenidas a lo largo de los últimos 18 meses de investigación pueden ser útiles para los responsables políticos en Europa en este momento. Por eso elegimos presentarlo en el Parlamento Europeo.
The @nodes_eu observatory presented today at the @Europarl_EN a White Paper with a set of urgent recommendations developed by the first European Narratives Observatory to combat #disinformation.
Full article and main recomendations here 👇 https://t.co/xcWOpGF8zV pic.twitter.com/MeyLrZHNDq
— Re-Imagine Europa (@ReImagineEuropa) November 14, 2024
Además, contamos con la participación y el apoyo de la Vicepresidenta saliente para la Democracia de la Comisión Europea, Dubravka Šuica, para demostrar que existen otras formas de avanzar. Aunque la regulación y la verificación de hechos son herramientas clave para combatir la desinformación, creo que todos podemos reconocer que no son suficientes. La desinformación sigue propagándose y, de hecho, empeorando.
Actualmente, se estima que el 40% de toda la información en línea es creada por bots, y es probable que esta cifra aumente drásticamente con el avance de la inteligencia artificial.
La desinformación no solo se difunde con mayor facilidad que la información verídica, sino que también tiene un impacto mayor. Esto la convierte en un arma muy eficaz.
No se trata únicamente de desinformación; a menudo emplea temas emocionales y polarizantes, como el cambio climático o la migración, para propagar narrativas distorsionadas sobre la realidad: qué es plausible, quién es el «bueno» y quién es el «malo».
Esto plantea grandes desafíos. Por ello, hemos desarrollado cinco recomendaciones clave que pueden implementarse rápidamente para utilizar las narrativas de manera eficaz en favor de la democracia y los gobiernos. Estas recomendaciones no pretenden sustituir lo que ya existe, como la regulación o la verificación de hechos, sino añadir una dimensión adicional para enfrentar la desinformación.
Los peligros de las narrativas polarizadoras que profundizan las divisiones sociales
Aquí Europa – ¿Cómo afectan estas narrativas al discurso público en Europa y qué se puede hacer para romper estas divisiones?
Érika Staël – Uno de los elementos interesantes que observamos con el Observatorio de Narrativas es que existe una correlación muy fuerte entre lo polarizado que está un tema y la velocidad con la que se difunde la desinformación relacionada. Por ejemplo, durante la COVID, todos fuimos conscientes del gran aumento en el movimiento anti-vacunas y de la enorme difusión de desinformación sobre las vacunas. Y cuando el interés en la COVID comenzó a disminuir, la misma estructura narrativa que se usaba para hablar de la pandemia simplemente se trasladó al tema del cambio climático.
Aquí es donde las narrativas cobran mucha relevancia, porque a menudo tomamos la comunicación al pie de la letra. Por ejemplo, si alguien dice: «No me fío de las vacunas», la respuesta inmediata podría ser presentar un montón de informes científicos que demuestren que las vacunas son seguras. Pero, para la mayoría de las personas que no confían en las vacunas, en realidad no se trata de las vacunas en sí, sino de lo que estas representan dentro de su historia personal. Para algunas personas, el problema radica en la desconfianza hacia el gobierno; para otras, en la desconfianza hacia las grandes farmacéuticas. Y para un tercer grupo, podría tratarse de una cuestión de libertad individual: el derecho a decidir.
Existen diferentes perspectivas y, sobre cualquier tema, generalmente hay unas siete comunidades narrativas, más o menos. Esto ocurre porque nuestro cerebro no suele procesar muchas más comunidades simultáneamente en un tema determinado.
Durante la COVID, una de las narrativas predominantes que emergió —y que creo que todos reconocerán en otros contextos— fue la idea de que los gobiernos o burócratas están utilizando una crisis, ya sea la COVID, el cambio climático o la migración, como excusa para restringir nuestras libertades.
Esta narrativa no solo se ha fortalecido en Europa, sino también a nivel mundial. De hecho, el PNUD presentó un informe muy interesante cuyos resultados reflejan patrones similares a los que observamos en Europa, pero a escala global. Esta narrativa fue muy eficaz durante la pandemia porque ofrecía a las personas una forma simple de interpretar lo que percibían como restricciones impuestas por la UE, los gobiernos nacionales o incluso los locales.
Cuando la pandemia dejó de ser el tema principal y la vida empezó a normalizarse, esta narrativa permaneció, aunque con un cambio de enfoque: en lugar de hablar de la COVID, se trasladó al cambio climático. Los datos muestran que muchas personas que estaban activamente comprometidas en el debate anti-vacunas comenzaron a involucrarse cada vez más en el debate anti-climático.
🤝Bridging the Divide: New Narratives for Climate Action
The Depolarisation Exhibition organised by @nodes_eu was held at the @Europarl_EN to leverage innovative narrative methodologies to combat polarisation and foster a united future.
✍️Full article: https://t.co/2c4rmgmSrv pic.twitter.com/wvsWVqbKNY
— Re-Imagine Europa (@ReImagineEuropa) December 3, 2024
Sin embargo, el verdadero problema no son las vacunas ni el clima. Se trata de una percepción de extralimitación, ya sea por parte del gobierno o de la industria, dependiendo de cuál de estas comunidades narrativas predomine. Este es un ejemplo de cómo podemos ir más allá de las palabras para entender lo que realmente preocupa a las personas.
Nuestro científico jefe de narrativas suele decir algo que considero fundamental: las narrativas a menudo se perciben como herramientas de persuasión, como algo que usamos para convencer. Pero, en realidad, son herramientas para escuchar. Si aprendemos a descodificar las narrativas, podemos comprender por qué las personas están preocupadas por temas como el cambio climático, las vacunas o la migración.
Lo que solemos encontrar es que, para la mayoría de las personas, el problema no es el tema en sí, sino las razones subyacentes, aunque no estemos de acuerdo con ellas. El Presidente Giscard, fundador de Re-Imagine Europa, me decía durante el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia: «No estoy de acuerdo con muchas de sus propuestas, pero estoy de acuerdo en que tienen derecho a estar enfadados, y debemos escucharles e intentar resolver juntos sus problemas reales».
Hay una razón por la que hoy en día el 30% de los ciudadanos europeos vota por partidos de protesta. Esto está ocurriendo en toda Europa y también en otras partes del mundo. Algo muy profundo está sucediendo en la sociedad, y las narrativas pueden ayudarnos a escucharlo.
Por eso escribimos con el objetivo de superar la polarización e intentar resolver los problemas reales que enfurecen a las personas. António Damásio, neurocientífico y miembro de mi junta directiva, lo expresó de una manera brillante: «Tenemos que inventar una vacuna contra la ira», porque son estos miedos y enfados los que realmente alimentan gran parte de la polarización y la desinformación que vemos hoy en Europa.
Integrar el diálogo ciudadano con el análisis narrativo
Érika Staël – Una de las cosas más maravillosas de las narrativas es que pueden ayudarte a escuchar más allá de lo evidente. Así que el punto de partida de gran parte del trabajo que hacemos en Re-Imagine, como su nombre indica, es entender que, con la llegada de las tecnologías digitales, el mundo ha cambiado. Nuestras viejas narrativas, la forma en que nos organizábamos y entendíamos el mundo en los años 90, ya no son adecuadas para 2024.
Creo que todos reconocemos esa sensación de que las narrativas que dábamos por sentadas a principios de la década de 2000 ya no funcionan. Sin embargo, tampoco sabemos muy bien con qué reemplazarlas. Desde nuestra perspectiva, lo hemos comprobado en la práctica, como durante la presidencia española del Consejo de la UE. En ese período realizamos una actividad de participación ciudadana en Barcelona, probando estas metodologías. Los resultados fueron sorprendentes: diría que, en casi cualquier tema, el 85% de la polarización se basa en malentendidos.
No se trata de malentendidos en el sentido de que las personas no tengan la información o los hechos correctos, sino de malentender el origen de las diferentes posiciones.
Por ejemplo, una persona podría estar enfocada en garantizar el acceso a alimentos asequibles para las familias con dificultades, un objetivo claramente noble y moral. Otra podría estar centrada en salvar a las abejas, que están siendo erradicadas, también una meta muy noble. Si no se entienden todas las perspectivas en juego, a menudo se malinterpretan las intenciones de los demás.
Wittgenstein decía que un ateo y un creyente nunca pueden tener una conversación real porque usan las mismas palabras, pero significan cosas diferentes. Hablan uno alrededor del otro, no entre ellos. Esto es algo que sucede constantemente en la actualidad: hablamos alrededor del tema, no del tema mismo.
Con las narrativas, y utilizando la metodología que hemos desarrollado, podemos comenzar a entender por qué partimos de perspectivas diferentes. Esto nos ayuda a darnos cuenta de que, en realidad, estamos de acuerdo en muchas cosas. Nadie, racionalmente, está en contra de garantizar que las familias necesitadas tengan acceso a alimentos asequibles, ni quiere que todas las abejas desaparezcan. La clave está en enmarcar los temas de manera que nos centremos en los objetivos comunes, en lugar de obsesionarnos con las diferencias superficiales en las propuestas sobre cómo alcanzarlos.
Si usamos las narrativas de manera inteligente, no para persuadir, sino para escuchar, podemos cambiar el ciclo de desconfianza y división que predomina hoy. Esto podría transformarse en un ciclo positivo, en el que los ciudadanos de Europa contribuyan con nuevas ideas para el futuro. Este es un recurso enorme que actualmente no estamos aprovechando.
Todo el mundo tiene una experiencia, una perspectiva, una forma de ver las cosas que puede ser útil para resolver problemas reales como el aumento de la desigualdad, la inseguridad y los desafíos climáticos. España, por ejemplo, acaba de vivir una de las mayores calamidades climáticas de las últimas décadas. Estos son problemas muy reales, y necesitamos soluciones reales.
En lugar de desperdiciar nuestro tiempo y energía luchando contra molinos de viento o enemigos imaginarios del pasado, deberíamos trabajar juntos para abordar los retos actuales.
Las actividades de participación ciudadana son fundamentales en este sentido. Para mí, la democracia sigue siendo la estructura política más fuerte porque permite aprovechar todas esas experiencias. Ninguna persona, ni siquiera diez o mil, puede abarcar todas las facetas de lo que ocurre. Pero si encontramos formas de involucrar a la gente y escuchar sus experiencias, podríamos convertir ese conocimiento colectivo en un recurso inmenso para Europa, y también para países como España, Suecia o Italia.
Inteligencia artificial: riesgos y potencial
Aquí Europa Como has mencionado, las herramientas digitales están transformando la forma en que los ciudadanos participan en los procesos democráticos. Entonces, ¿qué potencial ve en estas herramientas y qué riesgos conllevan?
Erika Staël – Siempre prefiero ver el vaso medio lleno, aunque reconozco la realidad. Creo que, con la llegada de la tecnología digital, especialmente las redes sociales, perdimos el ritmo en algún momento. Hubo mucha incomprensión o falta de imaginación sobre cómo utilizar estas herramientas de manera efectiva.
Lo que está ocurriendo ahora, con la llegada de la inteligencia artificial (IA), es que hemos despertado un poco. Es realmente interesante observar cómo, tanto a nivel de los Estados miembros como a nivel europeo, la gente es muy consciente de los riesgos potenciales de la IA. Al mismo tiempo, también reconocen las oportunidades que esta tecnología puede ofrecer si la diseñamos y utilizamos correctamente. Esta es siempre la cuestión clave: ¿cómo asegurarnos de que utilizamos estas herramientas para alcanzar nuestros objetivos en lugar de hacer lo contrario?
Para lograrlo, debemos emplear todas las herramientas a nuestra disposición. Esto incluye la regulación, por supuesto. Europa ya ha dado pasos significativos, como la Ley de IA, que es la primera regulación de este tipo en el mundo. Aunque no será perfecta ni la última, es un gran avance. También hemos visto otras regulaciones importantes en los últimos años, como la Ley de Servicios Digitales (DSA), la Ley de Mercados Digitales (DMA), la Ley de Gobernanza de Datos y la Ley de Libertad de los Medios. Hay un marco regulatorio en expansión que aborda varios aspectos de estas tecnologías.
Sin embargo, ahora tenemos que plantearnos una pregunta más fundamental: ¿cómo protegemos nuestras mentes? La ex Vicepresidenta Vera Jourová lo expresó de manera brillante. Antes de ocupar su puesto como Vicepresidenta de Valores, era Comisaria de Consumo. En una conversación dijo algo que me marcó: “Sé cuánto gastamos en Europa cada año para proteger nuestros estómagos.” Tenemos regulaciones y sistemas para garantizar la calidad y seguridad de los alimentos y las bebidas. Pero, sorprendentemente, gastamos muy poco en proteger nuestras mentes.
Por eso, necesitamos un marco similar que nos permita protegernos de la información contaminada mientras preservamos al mismo tiempo la pluralidad del sistema informativo, la libertad de acceso a la información y la libertad de expresión. Este es un desafío estratégico para Europa: construir un ecosistema mediático que no solo proteja a sus ciudadanos, sino que también sea útil y accesible.
Europa debe reflexionar sobre cómo quiere diseñar este ecosistema. ¿Cómo podemos asegurarnos de que los ciudadanos disfruten de un entorno informativo libre de interferencias indebidas? Esto implica evitar que las plataformas de comunicación estén únicamente en manos de grandes corporaciones privadas, que operan según sus propias agendas, o de gobiernos nacionales con intereses particulares.
Creo que este es un tema crucial. Es emocionante ver que ya hay un debate al respecto y que no estamos esperando diez años para lamentarnos diciendo: “Esto ya ocurrió y no lo evitamos.” Ahora tenemos la oportunidad de construir un ecosistema europeo de información alineado con los valores que queremos ofrecer a nuestros ciudadanos.
Aquí Europa – Y como miembro del Consejo Asesor Internacional sobre Inteligencia Artificial puesto en marcha por el Gobierno de España, ¿cómo crees que las plataformas digitales impulsadas por inteligencia artificial influyen en las elecciones y en la opinión pública, y qué salvaguardas deberían existir?
Erika Staël – Primero que todo, me impresionaron enormemente los miembros de este consejo asesor y lo concreto que fue el debate. Estoy muy agradecida de haber podido ser parte de esto y de escuchar, junto a personas como Kate Crawford y Jerome Feldman. Realmente, fue un grupo de personas con experiencia muy diversa, desde lo más técnico y tecnológico hasta el impacto social.
Es fascinante ver el pensamiento a futuro del gobierno y su verdadero deseo de estar a la vanguardia de este tema, abordando esta revolución de la IA de una forma práctica y eficiente. Ha sido una experiencia extremadamente interesante.
La IA en sí misma es un concepto muy confuso. La gente se asusta mucho cuando escucha «inteligencia artificial» porque, al oír estas palabras, muchos piensan en robots que se apoderan del mundo o en una nueva forma de inteligencia. Pero, como Kate Crawford nos recordó y escribió en su libro, la inteligencia artificial no es ni artificial ni inteligente. Se trata de bases de datos y de la propiedad de infraestructura crítica, como los centros de datos.
Europa tiene una ventaja en este aspecto. Recordemos que el 45% del PIB en Europa se genera a través de contratación pública. Los gobiernos tienen acceso a enormes recursos de datos que gestionan y controlan. El poder de la contratación pública es enorme. Por ejemplo, ya sea en compañías energéticas o en telecomunicaciones, esos datos deben estar accesibles para el bien público y no únicamente para servicios privados.
Pensar en esto de una manera práctica y astuta es clave. No debemos dejarnos llevar por el bombo publicitario que dice que la IA resolverá todos nuestros problemas o ninguno de ellos. La realidad probablemente esté en el punto medio: resolverá algunos problemas y creará otros, como ocurre con cualquier tecnología.
Europa no abordó la digitalización de esta manera estratégica. En su momento, estábamos tan preocupados por quedarnos atrás que saltamos sin mucha planificación, entregando gran parte de nuestra infraestructura crítica y nuestros activos a empresas privadas. No creo que los gobiernos cometan el mismo error con la IA.
Ya hay muchas iniciativas buenas, tanto a nivel nacional como europeo, para abordar estos temas estratégicamente. Y lo están haciendo desde los fundamentos más básicos. Las bases de datos son el núcleo de la IA. Sin bases de datos, simplemente no funciona.
Europa está trabajando en un concepto fabuloso, la cartera digital, donde los datos puedan ser transferibles. Esto podría cambiar radicalmente la forma en que pensamos sobre los datos y permitir que todos formen parte del mundo de la IA, pero de una manera segura. Este equilibrio es fundamental, y soy optimista respecto a que esto puede lograrse si lo hacemos correctamente.
Por supuesto, también está el otro lado del problema. Actualmente, cuatro empresas están liderando casi todo el trabajo en este ámbito, invirtiendo en los centros de datos de Europa y del mundo entero. Este es el gran desafío: ¿cómo asegurarnos de que la infraestructura crítica no esté controlada por estas cuatro empresas, que a su vez están bajo el control de un pequeño grupo de personas en Silicon Valley?
Creo que este será el mayor desafío: pensar estratégicamente para crear un espacio descentralizado donde Europa esté al mando de su infraestructura crítica.
La cooperación internacional para hacer frente a la desinformación
Aquí Europa- En la presentación en el Parlamento destacasteis la importancia de la cooperación internacional para hacer frente a la desinformación. ¿Cómo pueden coordinarse los esfuerzos europeos con las iniciativas globales para combatir eficazmente las campañas transfronterizas de desinformación?
Erika Staël– La colaboración internacional será muy importante. También es una prioridad de la presidenta Von der Leyen en su escudo de la democracia europeo. Y creo que, obviamente, ahora se ve con mucha claridad que las campañas de desinformación cruzan fronteras. Comienzan en un lugar y luego se mueven de manera más fluida a través de diferentes campos.
Y también hay más y más esfuerzos internacionales para desestabilizar o usar narrativas para difundir desinformación. Así que creo que aquí hay una enorme oportunidad. Y, por supuesto, ya existen recomendaciones para abordar esto. Las narrativas pueden ser muy útiles aquí, porque cómo percibimos las cosas depende mucho de nuestras propias experiencias, perspectivas y visiones culturales.
Sé que, como sueca que creció en Italia, debo contar la misma historia de dos formas muy diferentes si estoy hablando con un amigo sueco o con un amigo italiano, porque cada uno tiene diferentes perspectivas culturales. Si pudiéramos cambiar la perspectiva y realmente decir, ¿cómo podemos usar los conocimientos sobre las narrativas y qué campañas de desinformación funcionan y por qué, para entender cuáles son las narrativas predominantes? ¿Por qué ciertas cosas son tan efectivas? Esa podría ser una forma extraordinariamente eficiente de comprender nuestras propias áreas ciegas en nuestras narrativas o lo que nos falta en una perspectiva global.
El mundo, y creo que esto también es algo a lo que Europa realmente necesita adaptarse, está cambiando muy rápido.
Europa ha estado muy acostumbrada y en una posición muy cómoda, ya que durante siglos la gente se ha adaptado a nuestras narrativas, a nuestra visión del mundo y a nuestra forma de ver las cosas. Y esto no va a ser así. Ya lo estamos viendo ahora, que hay muchas perspectivas diferentes.
Estamos viendo una gran narrativa antioccidental. Estamos viendo mucha reacción o consecuencias hacia ciertos sistemas de valores y ciertas perspectivas. Creo que si podemos aprender a escuchar más allá de lo que se dice y más allá de lo que nos agita emocionalmente, para ver cómo podemos aprovechar esas diferencias de opinión, podríamos transformar el mundo en lo que inicialmente fue promovido por Negroponte sobre lo que era posible hacer con lo digital. Y eso es, en realidad, aprovechar la información de todas estas visiones y perspectivas.
Hans Rosling, por supuesto, tengo que citar a un sueco, el estadístico y también autor de Factfulness, dijo algo que creo que es muy acertado para lo que estamos tratando de decir aquí. Y es que todos vemos las cosas desde una perspectiva sesgada, simplemente porque así es como nuestros cerebros analizan y entienden el mundo. Pero elegir ver las cosas desde una sola interpretación limita enormemente nuestra imaginación y nuestra capacidad para entender el verdadero problema. Nadie sabe cómo vivir en un mundo de IA o en un mundo de computación cuántica, porque nunca hemos tenido que hacerlo.
Realmente no sabemos cómo resolver el impacto del cambio climático, porque nunca hemos tenido que hacerlo como humanidad antes. Sin embargo, lo que podemos hacer es aprovechar, en lugar de tratar de persuadir a otros de que nuestra perspectiva es la correcta, si podemos aceptar que la perspectiva de cada persona tiene puntos ciegos y es limitada.
Así que podemos aprovechar no solo decenas o cientos de perspectivas, sino millones de perspectivas, miles de millones de perspectivas. Eso podría ser una forma extraordinaria de construir un mundo mejor que funcione para la mayoría de las personas. Desafortunadamente, hoy estamos haciendo lo contrario. Realmente estamos tratando de persuadir, y podemos ver cómo eso está ayudando a la polarización, cómo eso está haciendo que las personas se sientan resentidas. Se necesita un gran cambio de mentalidad, y es aceptar que la diferencia de opiniones es una fortaleza y no una debilidad.





