Análisis | Europa enfría su impulso innovador mientras Cataluña, Madrid, País Vasco, Navarra y Comunidad Valenciana tiran del carro en España

El balance de julio sobre innovación regional en la UE dibuja un continente que progresa a cámara lenta: mejora en la mayoría de territorios, pero con un impulso agregado que pierde fuerza. En España, cinco polos —Cataluña, Madrid, País Vasco, Navarra y Comunitat Valenciana— sostienen el avance, aunque el país en su conjunto sigue en la franja intermedia por la debilidad de la I+D empresarial y el escalado de sus pymes.

Qué nos dice el termómetro europeo

La radiografía continental confirma un patrón conocido: el liderazgo sigue concentrado en el norte y el oeste de Europa, con “bolsillos de excelencia” también en países que no encabezan el ranking nacional. La novedad es que la curva de mejora se aplanó en el último año: el clima de inversión se ha endurecido, la financiación es más selectiva y la competencia global en tecnologías críticas presiona a los ecosistemas europeos para pasar de la investigación a la adopción y el mercado con mucha mayor rapidez.

Quién manda en Europa (países)

Entre los Líderes de Innovación de la UE figuran Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Finlandia. Como Innovadores Fuertes se sitúan Irlanda, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Alemania, Francia y Estonia. España permanece en el grupo de Innovadores Moderados junto con Italia, Portugal, Malta, Eslovenia, Chipre, Lituania, Chequia, Grecia y Croacia. Cierran la tabla los Innovadores Emergentes: Hungría, Polonia, Eslovaquia, Letonia, Bulgaria y Rumanía. En el entorno europeo, Suiza y el Reino Unido mantienen perfiles de alto rendimiento.

Las regiones más innovadoras de Europa

El liderazgo regional se concentra en capitales y corredores industriales del centro-norte. Entre las posiciones de cabeza destacan Estocolmo (Suecia), Hovedstaden-Copenhague (Dinamarca), Londres (Reino Unido), Zúrich (Suiza) y Oberbayern (Alemania), con ecosistemas que combinan universidades de referencia, inversión privada intensa y una sólida base de servicios intensivos en conocimiento.

Zonas más y menos innovadoras dentro de los grandes países

España: cinco motores y un desafío país

España ofrece un retrato dual. Por un lado, cinco regiones se consolidan como fuertes innovadoras: concentran talento, universidades y centros tecnológicos, cadenas de valor industriales y servicios avanzados, y una masa crítica de empresas con capacidad de lanzar nuevos productos. Por otro, la foto nacional sigue siendo la de un innovador moderado: el avance es real, pero no suficiente para dar el salto de categoría. La diferencia la marcan la intensidad y la calidad de la inversión privada en I+D, la densidad de servicios intensivos en conocimiento y la velocidad a la que las pymes adoptan tecnologías digitales profundas.

Fortalezas que empujan

Debilidades que frenan

Dónde están las regiones tractoras

Cataluña y Comunidad de Madrid combinan ecosistemas tecnológicos y de servicios avanzados con cadenas industriales diversas y capacidad para atraer inversión y talento. El País Vasco sobresale por su base industrial y gobernanza orientada a productividad. Navarra se apoya en especialización clara —energía y movilidad— y buena articulación universidad-empresa. La Comunitat Valenciana acelera con industria diversificada, logística, universidades dinámicas y mayor orientación a la transferencia. El resto del mapa muestra avances —con casos de remontada rápida—, pero aún con brechas en capacidades, conectividad de los actores y escala empresarial.

Qué hacer ahora: una hoja de ruta ejecutable

  1. Multiplicar la I+D privada con instrumentos probados: deducciones estables, compra pública innovadora con escala, misiones tecnológicas con objetivos claros y ventanillas ágiles.

  2. Escalar pymes innovadoras: pasar de prototipos a mercado con financiación de crecimiento, coinversión público-privada e impulso a la internacionalización tecnológica.

  3. Servicios intensivos en conocimiento: potenciar software, datos y consultoría exportadora como palancas horizontales; cláusulas de “primer cliente” en grandes proyectos.

  4. Talento y formación dual: alinear FP y universidad con necesidades regionales; facilitar movilidad de investigadores hacia la empresa sin penalizaciones.

  5. Gobernanza S3 de nueva generación: pocas apuestas por región, métricas de adopción y productividad, y reasignación de recursos si no hay tracción.

  6. Convergencia territorial: conectar regiones fuertes con moderadas mediante cadenas de suministro, bancos de pruebas y plataformas de transferencia, evitando la dispersión de microproyectos.

Conclusión: del potencial al impacto

La innovación regional en la UE entra en un ciclo más exigente: el listón ya no es “hacer más proyectos”, sino producir resultados medibles en productividad, exportaciones y autonomía estratégica. España tiene cinco locomotoras que ya tiran del carro en España; el reto es enganchar a más vagones y aumentar la potencia del motor empresarial. La ventana de oportunidad existe —fondos aún disponibles, demanda pública de transición verde y digital, y ecosistemas regionales que han madurado—. Convertirla en impacto dependerá de disciplina en la ejecución, foco en escalado y una sola regla innegociable: si no se traduce en inversión privada y adopción tecnológica, no es innovación… es trámite.

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