La naturaleza de la UE se está degradando gravemente en los últimos años y las poblaciones de especies y las zonas naturales que habitan se están reduciendo y degradando también, dando lugar a consecuencias graves para las personas y el planeta. El Parlamento aprobó esta semana la Ley de Restauración de la Naturaleza con una evidente división de la izquierda y la derecha.
La UE lleva décadas protegiendo la naturaleza a través de las Directivas sobre aves y hábitats, que protegen a más de 2.000 especies y espacios naturales.
A pesar de estos esfuerzos y de algunas mejoras limitadas, la evaluación más reciente de la naturaleza de la UE realizada por la Agencia Europea de Medio Ambiente en 2020 muestra un panorama alarmante.
Una serie de factores están ejerciendo presión sobre los ecosistemas y las poblaciones de especies, entre ellos: la contaminación, el cambio climático, la pérdida de hábitat, las especies invasoras.
Otros datos alarmantes aportados por el Consejo de la UE sobre la degradación de la naturaleza son: 80% de los hábitats está en mal estado, 10 % de las especies de abejas y mariposas está en peligro de extinción y 70 % de los suelos está en un estado poco saludables.
Conscientes de este problema en Bruselas, la Comisión Europea propuso en 2022 la Ley de Restauración de la Naturaleza, para, entre otras cuestiones, evitar una pérdida de productividad agrícola por un valor de 1.250 millones al año.
Uno de los argumentos esgrimidos para emprender esta iniciativa es que cuando la naturaleza está en desequilibrio, los ecosistemas se degradan y pierden su capacidad para prestar los servicios vitales necesarios para la vida humana como: proporcionar alimentos nutritivos, producir oxígeno, suministrar recursos naturales, absorber CO2 y mitigar el cambio climático.
La Ley de Restauración de la Naturaleza podría ser considerada de imperiosa necesidad y por lo tanto haber logrado un amplio consenso en su aprobación esta semana en el Parlamento Europeo.
Sin embargo, no ha sido así. La Eurocámara reflejó el pasado martes en Estrasburgo su división entre izquierda y derecha. La aprobación de esa ley fue ajustada y salió adelante con 329 votos a favor, 275 en contra y 24 abstenciones, entre celebraciones por parte de los grupos de la izquierda y decepción en la derecha, con un PPE fraccionado a la hora de posicionarse.
Así, el PPE promovió un veto a la ley en varios comités parlamentarios por considerar que iba en contra de todo el sector primario, agricultores, ganaderos y pescadores, lo que inició un pulso político en torno a un texto altamente politizado que ha sido finalmente
De hecho, el propio presidente del PPE, Manfred Weber, explicó en rueda de prensa que su grupo votaría en contra de la ley porque sigue creyendo que "está mal redactada y nunca estuvo a la altura" de la tarea que la UE tiene por delante.
La Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE, consensuada con los Estados miembro, busca regenerar los ecosistemas degradados de sus territorios, contribuir a alcanzar los objetivos climáticos y de biodiversidad de la UE y mejorar la seguridad alimentaria.
A fin de alcanzar estos objetivos generales, los países de la UE deberán restaurar al menos el 30% de los hábitats contemplados en la nueva ley (desde bosques, pastizales y humedales hasta ríos, lagos y lechos coralinos) para que pasen de un estado deficiente a uno bueno en 2030, porcentaje que aumentará al 60% en 2040 y al 90% en 2050. Los países de la UE deberán dar prioridad a las zonas de la Red Natura 2000 hasta 2030.
Por otro lado, cuando un área se encuentre en buenas condiciones, deberán velar por que no se deteriore de manera considerable y establecer planes nacionales de restauración que detallen cómo pretenden alcanzar los objetivos de la ley.
Además, con vistas a mejorar la biodiversidad de los agroecosistemas, los países de la UE avanzarán en dos de los tres indicadores siguientes: el índice de mariposas de los pastizales, la proporción de tierras agrícolas con características paisajísticas muy diversas y las reservas de carbono orgánico en suelos minerales de tierras de cultivo. Asimismo, deben adoptar medidas para aumentar el índice de aves comunes ligadas a medios agrarios, ya que estos animales son buenos indicadores del estado general de la biodiversidad.
Dado que la restauración de las turberas drenadas es una de las formas más rentables de reducir las emisiones en el sector agrícola, los países de la UE deben restaurar al menos un 30% de esas zonas (como mínimo deberá rehumedecerse una cuarta parte), un 40% de aquí a 2040 y el 50% en 2050 (cuando habrá que rehumedecer al menos una tercera parte). El proceso de rehumidificación seguirá siendo voluntario para los agricultores y propietarios particulares.
A petición del Parlamento Europeo, la ley incluye un “freno de emergencia” que permitirá suspender los objetivos para los agroecosistemas en circunstancias extraordinarias si merman en gran medida las tierras necesarias para una producción suficiente de alimentos para el consumo de la UE.
En cuanto a los bosques, la ley exige una evolución positiva de varios indicadores en los ecosistemas forestales y que se planten 3 000 millones de árboles más. Los Estados miembro también tendrán que convertir al menos 25.000 kilómetros de ríos en cauces libres y garantizar que no se produzca una pérdida neta de la superficie nacional total de espacios verdes urbanos y de cubierta arbórea urbana.
