Sorpresa en el último minuto del partido de la configuración de los grupos políticos en el nuevo Parlamento Europeo. La batalla entre cabecillas ultras la ha ganado de momento el húngaro Viktor Orbán, mientras que la gran derrotada es la italiana Giorgia Meloni. Y el gol de penalti, en el descuento, lo ha marcado Abascal, el líder de Vox, traicionando a la primera ministra trasalpina y abrazando al primer ministro magiar, el amigo en la UE de Vladimir Putin. Toda una ensalada de eurófobos, xenófobos y homófobos que se dan cita en un nuevo grupo denominado “Patriotas por Europa” compuesto por 84 eurodiputados de 12 países miembros, que pasa a ser el tercer grupo parlamentario más numeroso de la Eurocámara, tras populares y socialistas, por delante de los ultras light Reformistas y Conservadores, donde se han integrados los Fratelli Italia de Meloni; de los liberales con un Macron venido a menos; de los Verdes y los de los radicales de La Izquierda.
LA BATALLA POR LA TERCERA PLAZA. Es evidente que a la vista de los resultados de las elecciones europeas del pasado 9 de junio y del ascenso de las fuerzas de extrema derecha, se iba a abrir una cruenta batalla en ese espacio político a la hora de conformar los grupos parlamentarios. Como buenos partidos caudillistas, todos tienen marcados liderazgos personalistas, por lo que los Orbán, Le Pen, Meloni, Wilders, Abascal o Salvini, se enzarzaron unos contra otros en una pelea con un botín suculento: ser el tercer grupo en número en el Parlamento Europeo. En principio parecía claro que ERC, los Reformistas y Conservadores de Meloni se harían con ese peculiar pódium que podría permitirles en la legislatura entrar en acuerdos con los populares. Sin embargo, el Consejo Europeo que decidió la propuesta de nuevos cargos de la UE dejó a la política italiana muy debilitada al quedarse fuera de todo el reparto. Ese fue el momento de Orbán, coincidiendo además con el arranque de la presidencia de turno de Hungría. Ni corto, ni perezoso, se fue a Kíev a ver a Zelensky en una misión de paz para la que no tenía mandato de sus socios. Y lo que es más grave de ahí partió a Moscú a ver a su aliado Putin y después a China, inmersa en una guerra de aranceles por sus coches eléctricos con la Unión. Tanto valor y testosterona le valió al apoyo de suficientes partidos ultras como para crear sus “Patriotas por Europa”.
EL GIRO DE VOX. Que Le Pen se fuera con Orbán, abandonando su anterior grupo Identidad Democrática, no sorprendió a nadie. Al fin y al cabo, la política gala siempre ha estado en contra del apoyo a Ucrania y coincide con el húngaro en radicalizar las posiciones contra las decisiones y la agenda política impulsada por la Comisión Europea. Ellos consideran que Meloni se ha acercado peligrosamente a la pérfida Von der Leyen, no votando en contra de su reelección, sino solo absteniéndose. Pero de fondo es obvio que quien está jugando muy fuerte en esta batalla es el convidado de piedra del Kremlin, el presidente ruso Vladimir Putin. Que el tercer grupo de la Eurocámara le apoye y esté en contra de prestar ayuda a los ucranianos, no solo debilita la posición común de la UE en la guerra, sino que abre una ventana de promoción y propaganda de sus ideas en el corazón de la cámara de representación de todos los europeos. Pero la gran sorpresa la ha constituido el giro inesperado de Vox, abandonando a Meloni, tradicional aliada de los ultras españoles y abrazándose a Orbán y, por ende, a Putin. Algo que viene a complicar mucho los pactos que mantiene el Partido Popular en España con Vox.
LA VENGANZA DE MELONI. Resulta difícil no imaginar la “vendetta” que estará tramando la primera ministra italiana a toda esta jugada política urdida por los “Patriotas”. Su fuerte carácter y su habilidad política se conjugan para cocinar en plato frío la respuesta a los super ultras. Pero primero tiene una tarea por delante de vital importancia para ella: lograr una vicepresidencia para la competitividad en la próxima Comisión Europea, que controlará la agenda de reformas de la política industrial europea. Cuando lo haya logrado y, además, haya influido suficientemente en las prioridades estratégicas de la UE para esta legislatura, que se definirán de aquí a septiembre, se pondrá gustosa a la labor de venganza entre enemigos interiores. Ahora que Le Pen se ha quedado a las puertas de formar gobierno en Francia, que los polacos están fuera del Ejecutivo, que el holandés ha sido vetado como primer ministro, solo Orbán conserva el poder en el Consejo Europeo, pero sus votos son muchos menos en el club de los jefes de Gobierno de la UE que los de Meloni. Poder moderarse y ser la “chica buena o el mal menor” de la extrema derecha europea, le confiere un papel de árbitro ante los populares y socialistas, del que a buen seguro ella sabrá sacar partido.






