Europa enfrenta un desafío demográfico marcado por una población envejecida y una escasez de jóvenes que afecta a todos los Estados miembros. Ante esta realidad, La presidenta de AESTE, Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia Española, Natalia Roldán, aboga por una estrategia europea que transforme este desafío en una oportunidad. En esta entrevista, destaca la importancia de una visión integral del sector y la importancia de reconocer el papel fundamental de los trabajadores sociosanitarios y de mejorar la coordinación entre los ámbitos sanitario y social.
Aquí Europa- Estamos ante un auténtico tsunami demográfico en Europa, que afecta prácticamente a todos los Estados miembros, con una demografía envejecida, casi desertización humana, con muy poca población joven, y esto requiere políticas de sostenibilidad a medio y largo plazo. En ese sentido, ¿crees que es necesario poner encima de la mesa una estrategia europea para el cuidado de los mayores y de los cuidadores, como por ejemplo defiende el dictamen del Comité Económico y Social Europeo?
Natalia Roldán (AESTE)- Absolutamente. Una estrategia europea que se base fundamentalmente no tanto en el concepto de un reto como problema, sino una situación de oportunidad. Envejecer es un éxito, es un éxito de nuestro país, de los países europeos y, como tal, tiene que ser el enfoque estratégico, cómo abordar la oportunidad en el ámbito de envejecimiento, porque es fuerza de cambio, es un motor de cambio, es oportunidad de enriquecimiento, tanto a nivel económico como social, intelectual, que no hay que perderlo y emocional.
Tenemos que ver de qué manera, estratégicamente hablando, hacemos un planteamiento a medio y largo plazo con un enfoque muy transversal. El concepto del envejecimiento tiene que ser entendido no solo desde el ámbito de los cuidados y de la salud, sino también de la formación, de la educación, del empleo, de la economía, de la mujer, porque la gran mayoría de las cuidadoras somos mujeres, de las políticas migratorias ordenadas y del valor social. Es fundamental reflexionar sobre cuál es el reflejo que nosotros queremos transmitir como sociedad europea del valor de los cuidados.
AE- ¿Cuáles crees que son esas prioridades en estos momentos? Es decir, a la hora de hacer esa estrategia, ¿qué prioridades establecerías tú?
NR- Hay tres que bajo nuestro punto de vista son absolutamente cruciales. Uno es que tenemos por delante, un reto con respecto a la falta de profesionales. Hay un cambio demográfico importante, tenemos una presión considerable en el ámbito del envejecimiento, hemos apostado por la cronicidad y no hemos logrado darle la continuidad necesaria en el ámbito preventivo ni tener profesionales suficientes en el sector para que puedan hacer frente a los cuidados que ahora mismo se están demandando.
A nivel europeo, además, creo que tenemos un potencial importante en procesos de homologación, de títulos, de cualificaciones profesionales, pero, sobre todo, para ello, necesitamos también financiación. Financiación que permita poner en valor económico la prestación de los cuidados, que sea una opción para elegir a profesionales que hoy por hoy están pensando qué hacer, dónde orientarse. Y para eso también es muy importante contar con la colaboración de los medios de comunicación.
Nos preocupa enormemente la imagen del sector. A raíz de la pandemia, hemos sido conscientes de la absoluta invisibilidad, de lo que hacíamos y a lo que nos dedicamos. A partir de ahí se han puesto en marcha muchos movimientos, pero entendemos que falta una visión global, pero que fundamentalmente respete a todos aquellos profesionales que, de manera vocacional, se dedican a cuidar de nuestros familiares, además de nuestros mayores.
AE- Probablemente, lo más importante es contar la realidad, que es algo que ha podido faltar en todo este tiempo y que la gente tenga conocimiento de la realidad y también de los costes que tiene si queremos un alto nivel de prestaciones de servicios en dependencia. Antes hablabas del tema económico, ¿crees que lo que podría hacer falta es un fondo europeo?
NR- Así es. Una financiación que además no sea objeto de debate, sino simplemente de dimensionamiento. Más si queremos apostar por una calidad en la prestación y queremos que sea este sector de valor de los cuidados con ese concepto de calidad, la financiación no debería estar nunca en tela de juicio, simplemente debería dimensionarse.
Además, es relativamente fácil porque estamos hablando de personas, estamos hablando que convenios regulatorios, los costes se conocen, y esa financiación va directamente a los trabajadores, al capital humano que podemos generar en Europa, y eso redunda, además, en la calidad de la prestación, tanto en el ámbito domiciliario como en el residencial, así que eso, incluso si hubiera que llegar a pactos, a acuerdos de Estado a nivel europeo, serían fundamentales.
AE- Una última cuestión. Durante la pandemia y también después se ha hablado muchísimo de los médicos, evidentemente, y de lo que el sector sanitario sufrió, pero se ha hablado menos de los sociosanitarios. Después de ese terrible episodio, ¿cómo está el sector en estos momentos?
NR- Pues en España, la verdad es que pasamos de la invisibilidad a la visibilidad. Entonces, eso nos hizo hacer una primera reflexión con respecto a qué conocimiento tenemos realmente como sociedad civil. Creemos que esto no es un tema de sector, creemos que es un tema de sociedad civil. Realmente qué se conoce y cómo se conoce de lo que se hace.
Pensamos que eso iba a dar un impulso, a efectos de calidad, de esa financiación. En España ya sabes que impera la ley de la desindexación, con lo cual hay revisiones de precios, licitaciones públicas… Y pensábamos que todo eso, teniendo en cuenta que se nos denominó como un sector esencial, se iba a revertir.
Surge una iniciativa de un acuerdo de acreditación por parte del Ministerio, que no un modelo de acreditación, un acuerdo de acreditación basado no tanto en principios de calidad, puesto que eso no se toca, sino realmente en un incremento de ratios, de profesionales, unidades de convivencia, es decir, un acuerdo de acreditación basado además en un hecho absolutamente excepcional, como fue la COVID, la pandemia, que se puede volver a repetir, o no, o que la siguiente pandemia pueda afectar no a órganos respiratorios y neurológicos, no lo sabemos, pero no se ha bajado a estándares de calidad, temas de coordinación sociosanitaria, que eso es fundamental.
El ámbito de los cuidados tiene que entenderse con el de salud y el de salud, con el social, con el ámbito de los cuidados. Un ecosistema que vaya desde el ámbito domiciliario al residencial. Esa coordinación sociosanitaria, si no se le da la forma y la trascendencia que debe de tener, mañana nos podemos encontrar en otra situación de bloqueo.
Esa coordinación sociosanitaria permitiría optimizar al máximo los recursos en capital humano que tenemos ese reto en los dos ámbitos y también con una visión de integración de servicios que ponga la persona en el centro, que podamos integrar servicios y que la persona, una vez entrado en el sistema, pueda utilizarlos en función de sus cambios individuales o los familiares, porque se ha olvidado mucho del soporte, del cuidado invisible que aporta la familia al ámbito de los cuidados.
Ahora mismo, con toda esta situación estamos realmente expectantes, porque hay cierta inseguridad jurídica, y eso está haciendo también que muchos proyectos de inversión se paren. En esa acuerdo de acreditación, por ejemplo, que se pide un mayor número de plazas individuales, ocurre que se da la paradoja que se reducen entonces el número de plazas. La sostenibilidad se pierde y hay un mayor coste de los servicios, tanto para las administraciones públicas como para las familias, para el particular. Eso hay que revertirlo.






