Un debate sobre cómo mejorar la competitividad de la UE y su autonomía estratégica en el que participan Rodríguez Piñero, del Partido Socialista Obrero Español, Socialistas y Demócratas en la Eurocámara; Susana Solís, de Ciudadanos, el grupo Renew en el Parlamento; e Idoia Villanueva del partido PODEMOS, la Izquierda en el PE.
Aquí Europa- Empezamos por Inmaculada Rodríguez–Piñero, del Partido Socialista Obrero Español, Socialistas y Demócratas en la Eurocámara. ¿cómo podemos llevar a cabo esta política de reindustrialización?
Inmaculada Rodríguez Piñero- Es fundamental, no solamente es viable, sino que es imprescindible. La Unión Europea durante mucho tiempo no ha desarrollado una política industrial y ha permitido que haya una deslocalización de tejido industrial europeo buscando la minimización de costes a corto y medio plazo y por eso ha habido una deslocalización hacia países del sudeste asiático, fundamentalmente hacia China. Y ahora es fundamental hacer una política que permita la reindustrialización de la Unión Europea. Que permita que nuestras empresas, nuestras industrias, sean competitivas, porque lo hacen en un contexto en un entorno donde las reglas del juego son las mismas para todos. No se puede ser competitivo en un contexto donde China utiliza unas políticas de apoyo a las empresas públicas estatales de apoyo público, con reglas que no están permitidas bajo las condiciones de la Organización Mundial del Comercio y que, por tanto, las políticas de la Unión Europea no puede hacer frente a esos subsidios en condiciones de igualdad.
Por tanto, reindustrializar Europa, hacer una política comercial que garantice unas reglas del juego equitativas y que permite una competencia leal entre empresas. Y esa es la vía que se está desarrollando a través de la autonomía estratégica abierta. La Unión Europea no va a renunciar, no puede, no debe a la apertura de sus mercados porque en la exportación tiene la gran ventaja competitiva y de la exportación dependen más de 30 millones de empleos de alta calidad en la Unión Europea.
AE- Claro, esa es la clave, señora Rodríguez Piñero, ¿cómo podemos frenar a China y a la vez no convertirnos en ese búnker proteccionista, en la llamada Fortaleza Europa.
IRP- Eso es precisamente el reto del éxito de la autonomía estratégica abierta. Estamos planteando que la Unión Europea tiene en la dependencia de suministros estratégicos y de materias primas estratégicas para desarrollar su transición ecológica y digital, su punto de vulnerabilidad. Y, precisamente, la autonomía estratégica lo que pretende es hacer frente a esas vulnerabilidades, desarrollando una política que nos permita reducir nuestras dependencias de China. Y esa es la línea que están siguiendo las dos nuevas leyes que recientemente se han aportado al Parlamento Europeo y que están en fase de discusión, una es la Ley de Materias Primas Críticas y la otra es la Ley sobre la industria de cero emisiones netas. Ambas regulaciones ponen el foco en cómo ayudar a reducir nuestra dependencia de suministros estratégicos, insisto, para nuestra transición ecológica y digital y, al mismo tiempo, potenciar el desarrollo de determinadas producciones y en la cadena de valor dentro de la Unión Europea.
Nuestra capacidad tecnológica tiene que ser desarrollada al máximo, porque tenemos el talento, tenemos las capacidades y necesitamos un entorno inversor que facilite todo este desarrollo al tiempo que garantiza protegernos de la competencia desleal ejercida por China, por eso también es tan importante algo que venimos insistiendo mucho desde el Parlamento Europeo y desde el grupo que represento de los Socialistas y Demócratas, como es una revisión del mecanismo de control de inversiones extranjeras. La facilidad que han tenido hasta ahora las empresas públicas estatales chinas para invertir en tecnologías estratégicas puntas de la Unión Europea ha permitido un desarrollo muy favorecedor para la industria china, pero que no ha permitido el desarrollo equivalente de nuestras empresas y nuestra industria. Por eso tenemos que poner todo el foco en esta reindustrialización inteligente y abierta, pero al mismo tiempo que garantice la competencia de nuestro tejido productivo. Y en eso nos vamos a dejar la piel para que Europa pueda seguir ocupando un lugar estratégico en el marco internacional y a través de la potencia de su capacidad económica y exportadora siga siendo un actor influyente en el mundo.
AE- Muchas gracias, señora Rodríguez Piñero. Es el turno de Susana Solís, de Ciudadanos, el grupo Renew en la Eurocámara. La primera pregunta común a todas, ¿cómo podemos lograr esa reindustrialización y esa mayor competitividad por parte de la industria europea versus China, Estados Unidos, ¿qué se puede hacer?
Susana Solís- Efectivamente, ese es el gran debate que tenemos en las instituciones europeas, cómo hacer frente a esa pérdida de competitividad que tiene Europa y, a la vez, resolver nuestras vulnerabilidades, nuestras dependencias de la importación de terceros países, muchas veces China, en materiales y tecnologías estratégicas para Europa, porque lo que está claro es que no podemos sustituir ahora nuestra dependencia energética por nuestra dependencia material. Estamos hablando de chips en la era digital, pero también estamos hablando de materiales que se necesitan para fabricar baterías, placas solares o incluso ingredientes farmacéuticos activos. Entonces, tenemos que actuar, y yo creo que lo importante ahora es hacer frente a las políticas proteccionistas que nos vienen de Estados Unidos y de China, y eso significa que tenemos que reaccionar, pero no con una carrera por las subvenciones. No se trata de enfrentar proteccionismo versus libre comercio, sino que tenemos que hacerlo de una forma abierta. Por eso siempre hablamos aquí de autonomía estratégica abierta. Significa que tenemos que abrirnos a nuevos tratados comerciales, como lo estábamos haciendo ahora, y con socios mucho más fiables. Sin embargo, eso no es suficiente, por eso es necesario reforzar la capacidad industrial de Europa, la base de nuestra economía, de nuestros empleos de calidad, la base innovadora, la que nos ha dado siempre competitividad y que tenemos que tener productos ‘made in Europe’.
Eso no significa que tengamos que relocalizar toda la industria, porque no sería competitivo en muchos casos, pero sí que tenemos que analiza las necesidades y los retos que tienen cada uno de los ecosistemas, para que se fabriquen o haya base industrial en Europa de aquellas tecnologías que son críticas para nuestra competitividad y para nuestro futuro económico. Esto es algo que se ha empezado a hacer. También tengo que decir que Europa ha reaccionado tarde porque hace mucho que en Estados Unidos han anunciado la Ley de reducción de la inflación, pero es verdad que aquí, y antes de que finalice la legislatura, ya estamos poniendo en marcha una regulación para que Europa recupere su poder industrial. Tenemos la Ley de Industria Cero. Tenemos la Ley de Materias Primas Críticas y, por tanto, eso es un gran primer paso. Pero solo regulación no es suficiente. Es más, yo creo que Europa peca de un exceso de regulación y ahí tenemos que tener muchísimo cuidado en no seguir sobreregulando.
Uno de los factores claves para nuestra competitividad es tener este ecosistema donde podamos innovar y, para ello, es necesario una simplificación normativa. Tenemos que acabar con la sobreregulación y, sobre todo, tenemos que simplificar trámites. Y cuando digo trámites, estoy pensando en las pymes. Por parte de la presidenta de la Comisión, ha habido una propuesta para reducir el 25% toda la burocracia en la que están sometidas las empresas europeas. Bienvenida sea tarde, pero bienvenidas sea porque eso es fundamental. Por otra parte, una regulación por ejemplo, que acelere los permisos, una simplificación normativa, un impulso de la innovación, crear ese ecosistema donde puedan florecer las empresas innovadoras. Y, por último, nos faltan fondos. Cómo vamos a apoyar a estas empresas y, sobre todo, cómo vamos a atraer fondos público-privados, porque no todo tiene que venir de los fondos públicos.
Hay una propuesta encima de la mesa que me parece importantísima, sobre todo en el caso de España, donde somos muy malos en absorber los fondos europeos, tenemos muchísimos problemas para absorber los fondos de recuperación, la realidad es que no han llegado a nuestras empresas, se han quedado en medio. Aquí me parece muy importante la propuesta que vamos a aprobar, creo que el próximo pleno de Estrasburgo, donde se van a poder flexibilizar todos los fondos existentes, y aquí estamos hablando, no solo de los fondos del plan de recuperación, sino de fondos estructurales, como son los fondos FEDER, para poder ayudar en estas inversiones tan necesarias tanto a las grandes empresas como a las pequeñas, sobre todo cuando estén invirtiendo en tecnologías críticas. Es decir, dar flexibilidad y simplificar los fondos europeos. Si lo conseguimos, será un gran paso para que luego podamos atraer colaboración público-privada, que es finalmente lo que crea la inversión y la riqueza.
AE- Usted participa en dosieres muy importantes en este aspecto, sectores muy concretos y además, pertenece a un grupo liberal que representa el libre comercio, la multilateralidad en el concepto geopolítico. ¿Cómo podemos evitar el volver al proteccionismo? ¿El volver a la fortaleza de Europa versus Estados Unidos y China?
SS- Yo el debate nunca lo quiero centrar en proteccionismo versus libre comercio, porque el gran valor en nuestro ADN de Europa es una economía abierta e internacional y, por lo tanto, no podemos entrar en ese juego ni siquiera de subvenciones ni de proteccionismo. De ahí que sea tan importante reforzar todos los acuerdos comerciales con socios fiables, igual que lo estamos haciendo con Chile, con Nueva Zelanda o Kenia. Tenemos que reabrir y cerrar el acuerdo con Mercosur, con México, con socios fiables que nos puedan proveer de materias primas que son críticas para nuestras cadenas de suministro y eso tiene que realizarse de una forma urgente, a la vez que vemos qué partes de la cadena de valor deberían tener fabricación en Europa. Y luego mirar a China con otros ojos. Parece que nos hemos despertado ahora.
China por ejemplo, lleva diez años, o incluso diría más, preparándose para el mercado eléctrico del automóvil. No solo controla las baterías, controla también las materias primas críticas. Controla también las subvenciones, ha protegido a su industria y, al final, tiene un producto que puede poner un coche en el mercado eléctrico por 10.000 euros, cuando la media europea está en 35.000, incluso ha hecho un gran esfuerzo en puntos de recarga. Por lo tanto, hay que mirar a China con otros ojos, pero también ser muy conscientes de que tenemos que invertir y, sobre todo, dar seguridad jurídica a nuestra industria, no marearles más y no venir con regulaciones que son poco coherentes, que es a veces lo que pasa. La última regulación es de la Comisión Europea, donde, por una parte, estamos diciendo que queremos el fin del vehículo de combustión, pero, por otra parte, tenemos una regulación, como es Euro7, que pone más palos en las ruedas en la industria. Tenemos que ser muy cuidadosos. Regulación, sí, pero, por favor, sin falta de coherencia y, sobre todo, simplificación.
AE- Queda poco de legislatura, lo dijo Von der Leyen, ya son menos de 300 días. Dosieres muy importantes en esta materia. ¿Cuáles serían los objetivos que tendrían que marcarse las instituciones europeas para llegar, por lo menos, a las elecciones europeas, habiendo revertido en algo la situación que tenemos de desventaja en estos momentos de competitividad e industria? ¿Cuál consideraría que es imprescindible sacar adelante?
SS– Hay dos que son imprescindibles, una es la Ley de Industria Cero, que es la que, por una parte, va a poder flexibilizar los permisos y simplificar y centrarnos en la industria estratégica. Hay otra que es la de materiales críticos. Es decir, tenemos que ver si tenemos capacidades de extraer materiales en Europa, esas dos tendrían que ser claves para finalizar la reforma del mercado eléctrico. Otra parte de nuestra falta de competitividad viene porque tenemos unos precios de energía mucho más altos y, sobre todo, dentro de ese marco financiero plurianual que se está revisando ahora en Estrasburgo, no hay dinero fresco, es la mala noticia, pero la buena noticia es que si aprobamos este mecanismo, podremos utilizar los fondos existentes que no somos capaces de gastar para que nuestras comunidades autónomas y nuestras autoridades locales puedan invertirlo en fortalecer también la industria local, porque no todo tiene que venir de arriba a abajo, sino que muchas veces son los entes locales y las comunidades autónomas las que saben mejor que nadie cómo se pueden distribuir esos fondos y los fondos estructurales que ahora mismo todavía no hemos empezado a utilizar, es un ejemplo de lo que podríamos usar para apoyar la industria local y vertebrar el territorio.
AE- Muchísimas gracias, señora Solís. Y por último, Idoia Villanueva, de Podemos, la Izquierda en el Parlamento Europeo. Las mismas cuestiones que a sus colegas. ¿Cómo podemos hacer esa reindustrialización que ahora se predica desde la presidencia de la Comisión? Fue la presidenta Von der Leyen la que hizo un discurso muy ardoroso de recuperar la industria y la competitividad europea. ¿qué se puede hacer?
Idoia Villanueva- Yo creo que para llegar a un consenso o al menos un plan estratégico consentido, lo primero que tenemos que hacer es un análisis del porqué estamos donde estamos para poder encontrar las mejores soluciones. Esta parte se ha obviado demasiado rápido en este debate. De repente decimos ahora hemos liberalizado a los sectores y hay que reindustrializar, bueno, ¿qué es lo que ha pasado? Yo creo que aquí nos afectan retos multidimensionales.
Por un lado, hay uno que es bastante obvio y que cada vez hay menos gente que se atreve a negarlo y es que hay un sistema neoliberal que está en agotamiento. Es decir, no podemos seguir creciendo al mismo ritmo en el que venimos creciendo. Por eso ahora mismo lo que está en disputa en el mundo es quién va a crecer y quién no lo va a hacer. Y en ese sentido, quién va a poder tener acceso a las materias primas, quién va a poder tener acceso a esa industrialización, quién va a poder tener ese poder y quién no. Bajo nuestro punto de vista, los propios datos lo dicen. Ahora, para 2040, se va a aumentar un 40% la extracción de materias primas para sostener ese crecimiento. Tenemos un planeta que está mostrando esos signos de agotamiento con el cambio climático. Por tanto, es un elemento que no podemos ignorar en el análisis para seguir poniendo soluciones encima de la mesa. Y en segundo lugar, parece obvio que en los últimos años nos hemos enfrentado a crisis como la pandemia del COVID o como la guerra de Ucrania, la crisis financiera en 2007. Y ahí hemos visto cómo desde Europa teníamos grandes problemas para responder, para poder producir los elementos necesarios y cómo dependíamos cada vez más internacionalmente para poder acceder a suministros básicos.
Por tanto, yo creo estamos en esta situación porque hemos llevado una política de industrialización que ha sido errática y errónea en los últimos años. Por un lado, con una deslocalización brutal de nuestras empresas en base a producir en otros países más barato, sin considerar en ningún caso derechos laborales. Por otro lado, con aprovisionamiento de materias primas a través de acuerdos de libre comercio que muchas veces se tomaban con grandes multinacionales, de alguna manera tribunales de las empresas que estaban por encima de los tribunales de la justicia, y en tercer lugar, con una desregulación empresarial brutal, que ha hecho, como decía, que muchas veces el sector empresarial, las multinacionales, hayan estado por encima del derecho de los Estados.
Por tanto, esto nos ha hecho que en Europa hoy seamos vulnerables y que seamos también dependientes de los terceros. ¿Y ahora qué hacemos? Vemos un ejemplo también muy concreto, que a mí me parece muy esclarecedor en los últimos años, que ha sido el de las patentes en la vacuna. Es decir, nosotros llevamos tiempo haciendo inversiones a empresas para desarrollar tecnología, en este caso vacunas. Sin embargo, cuando hemos tenido una crisis a nivel mundial, como la que hemos tenido, que afectaba a la economía, a la salud y a las vidas de millones de personas, no hemos sido capaces de liberalizar unas patentes, salvar vidas y poner en marcha la economía cuando muchas veces ha tenido parte de inversión pública. Eso, evidentemente, es un problema.
La economía, la producción tiene que estar al servicio de las personas, lo que decimos siempre. Por tanto, bajo nuestro punto de vista, la industrialización tiene que ocurrir siempre ligada a dos ejes fundamentales, uno, el de la sostenibilidad, es decir, no podemos ignorar que tenemos que hacer esa reindustrialización sostenible y, en segundo lugar, gestionando esa soberanía. En la propuesta de Von der Leyen, lo que viene a decir es que lo que necesitamos es coger y que el capital, la empresa que está ahora mismo internacionalmente, traerla a manos europeas, pero que esa reindustrialización siga estando en manos del capital privado en sectores estratégicos. Nosotros pensamos que esto es un error. Esa relocalización tenemos que hacerla también con un plan estratégico de manera que esos sectores estratégicos para nuestros países, para la Unión Europea, tengan capacidad de poder público y no seguir manteniéndolo en manos privadas.
Por tanto, yo creo que encima de la mesa tenemos un reto importante y tenemos debates que se van a tener que dar en torno a la financiación, quién va a financiar y qué poder público va a haber ahí. En cuanto a cómo vamos a acceder a los recursos y a las materias limitadas, si vamos a entrar en este orden geopolítico de guerras en esos recursos o esos acuerdos de libre comercio hay que hacerlo con otros términos. Respecto a las propias amenazas a la democracia que estamos viviendo hoy en día con la desinformación, pero también con los oligopolios monolíticos…
Al mismo tiempo, creo que el reto es gigante, pero también es una oportunidad. Si somos capaces de incorporar un análisis correcto a por qué estamos aquí, podemos verlo como una oportunidad para ver hacia dónde queremos redirigir un proyecto europeo, sobre qué nuevos modelos de trabajo vamos a necesitar, que tiene que ser una transición, como siempre decimos, verde, pero que también sea justa y que trabaje por esa cohesión laboral y social. Para que haya autonomía estratégica, para que haya esa reindustrialización, hace falta que haya una gobernanza de esa autonomía. Por lo tanto, esa toma de decisiones tiene que estar hecha desde lo público y desde, de alguna manera, los Estados y la democracia. Porque si no, ya lo estamos viendo hoy. No depende solo de que tengamos una deslocalización de las empresas.
Estamos viendo que en momentos de crisis sube la inflación y el propio FMI está diciendo que la empresa está aprovechando para hacer más negocio. La subida de los precios de alimento, de la energía… al estar todos los sectores estratégicos en manos privadas, las empresas tienen un objetivo claro, que es hacer cada vez más beneficio. Por tanto, hay un pilar central que pensamos que no puede salir de ese plan de reindustrialización, que es cómo somos capaces de coger control público de sectores estratégicos en nuestro proyecto europeo.
AE- La Izquierda europea nace precisamente de las revoluciones industriales y de la conquista de derechos de los trabajadores y de toda la sociedad. En esta vuelta al proteccionismo, que es lo que parece que se nos ha vendido, probablemente la principal garantía sería el pilar social, y el pilar social no está en estos momentos en la vanguardia de la agenda. Eso es lo que probablemente nos diferencie más de China o de Estados Unidos. ¿No echa en falta ese pilar social desde esa visión de la izquierda europea?
IV- Sin ninguna duda. Yo creo que, por un lado, es un tanto irónico, si no hipócrita, hablar solo de que tenemos amenazas frente a China. No solo China, es también Estados Unidos, es Arabia Saudí, es el negocio que estamos dando a Israel y es, como decía, la amenaza de ese capital financiero que está por encima de la democracia de los Estados. En ese sentido, obviamente, para ser un proyecto político autónomo, tenemos que regirnos por unos principios fundamentales. Tenemos que ser sostenibles, tenemos que ser soberanos, pero tenemos que tener esos principios de cohesión laboral y social que están basados en un pilar social, es decir, que tenemos que garantizar de alguna manera que esa relocalización no sea solo en capital privado, sino que también permita un cambio de producción y de consumo en el que la economía circular tenga un papel importante, en el que se garanticen los derechos laborales, en que haya transparencia en el modelo económico, etcétera.
Yo creo que hoy en día el mayor riesgo o la mayor amenaza para la competitividad de las empresas, por un lado, es la especulación. Por otro lado, son los grandes oligopolios y es también la propia evasión fiscal. Otros ejes que también tienen que estar encima de la mesa para esa reindustrialización si lo que queremos es que no cambiemos de multinacionales internacionales a seguir en multinacionales europeas, sino que cambiemos ese modelo para que, de alguna manera, podamos trabajar en autonomía energética, en autonomía alimentaria y en autonomía tecnológica. Y como decía, el reto es grande, pero también es una oportunidad. Si de verdad nos lo tomamos en serio y hacemos el análisis adecuado.
AE- Muchísimas gracias. Solo nos resta agradecer su presencia y opiniones. Han expresado sus posiciones políticas y sus ideas, como digo siempre, el ejercicio principal de la democracia. El mejor cierre siempre se lo dejamos a los grandes pensadores europeos. Hoy cerramos con una frase nada menos que del enorme intelectual y político romano Lucio Anneo Séneca, que dijo que la industria es la aparente simpleza.
Debate disponible en Canal Europa haciendo clic.






