El debate sobre el reconocimiento del catalán, gallego y euskera como lenguas oficiales en las instituciones de la Unión Europea ha cobrado fuerza en Bruselas, trascendiendo la mera cuestión lingüística. Se trata de una reflexión sobre la diversidad, los derechos ciudadanos y la relación de la UE con millones de personas en un Estado miembro multilingüe como España. En este contexto, Europa Decide ha contado con las perspectivas de Oihane Agirregoitia (PNV, Renew Europe) y Ana Miranda (BNG, Los Verdes/ALE), eurodiputadas que defienden la diversidad lingüística como un derecho y un elemento esencial de identidad, abordando las claves políticas, jurídicas y prácticas de esta demanda, así como las diversas posturas dentro de la Unión.
Aquí Europa- En un contexto de creciente diversidad dentro de la Unión, ¿cómo defienden que la incorporación plena de estas lenguas contribuiría a la cohesión europea sin generar un precedente que abra la puerta a un aumento ilimitado de lenguas oficiales?
Oihane Agirregoitia– Creo que este es un tema que merece ser abordado con serenidad, algo que, en mi opinión, necesitamos para avanzar. Vivimos en un contexto complejo, con grandes debates abiertos, pero el reconocimiento de las lenguas y la diversidad europea es más importante que nunca. Es crucial valorar quiénes somos, porque cuando se reconoce a una persona, esta se siente parte de un proyecto y desea involucrarse más, en este caso, con la Unión Europea. Es fundamental en ese sentido.
Se habla mucho de los precedentes al tratar la oficialidad de las lenguas, pero creo que a veces creamos problemas donde no los hay. A día de hoy, no existe ninguna solicitud de otro Estado miembro para que sus lenguas sean oficiales, por lo que, cuando hay un consenso entre las regiones y comunidades autónomas que piden la oficialidad de sus lenguas, debería tratarse de manera positiva. No hay razón para generar problemas donde no existen, especialmente cuando no sucedió con el irlandés en su momento. No hubo una llegada masiva de peticiones entonces, y no parece que esto vaya a ocurrir ahora.
Ana Miranda– Es una cuestión de igualdad y de reconocimiento de nuestros pueblos y lenguas. El no poder expresarnos en nuestra propia lengua también es una forma de discriminación, algo que se combate a nivel europeo. En ese contexto, la inclusión de nuestras lenguas sería un gran paso hacia la igualdad. No se trata de una minoría, sino del derecho de millones de personas a usar su lengua.
Este reconocimiento también tiene que ver con el derecho de los pueblos, las naciones y los colectivos, como los de los partidos nacionalistas que reivindican la oficialidad en la Unión Europea. En el caso del BNG y otros partidos, hemos defendido esta causa desde que entramos en el Parlamento Europeo. No es una demanda reciente; la hemos mantenido en el Estado, en nuestros territorios, y es parte del reconocimiento de nuestros pueblos. El hecho de no poder expresarnos en nuestras lenguas, que son reconocidas legalmente en nuestras naciones, produce una forma de discriminación que necesitamos abordar.
Además, quiero mencionar que los derechos lingüísticos están reconocidos de facto por la Unión Europea, pero rara vez se cumplen. Este es un momento histórico muy importante, y la oportunidad de poder expresarnos en gallego, euskera y catalán en la Eurocámara es clave para avanzar en ese reconocimiento.
Aquí Europa- La Comisión y varios Estados miembros han expresado reservas sobre los costes y la precedencia jurídica de incorporar el catalán, el gallego y el euskera como lenguas de trabajo de la UE. ¿Qué pasos concretos consideran indispensables para desbloquear esas reticencias y convencer a los Estados más reacios?
Oihane Agirregoitia– Esto requiere mucho diálogo, mucho, muchísimo. Tengo que reconocer que, incluso con eurodiputados y eurodiputadas con los que he contrastado opiniones, en un principio son reticentes. Sin embargo, cuando se presentan los argumentos, se explica la situación de nuestras lenguas, su reconocimiento, su uso en otros parlamentos y los convenios ya existentes con otras instituciones europeas, se empieza a ver la posibilidad de avanzar. Ahí se crea empatía hacia el reconocimiento y la opción de avanzar, lo cual siempre es positivo.
Pero también se necesita un trabajo constante. No podemos llevar este tema simplemente a la mesa del Consejo de Asuntos Generales o esperar que se resuelva bajo presión política por otro tipo de negociaciones. Si realmente creemos en que el euskera, el gallego y el catalán deben ser oficiales y tener iguales derechos lingüísticos, esto debe trabajarse a diario. Por eso pedimos que se siga una hoja de ruta similar a la que se siguió con el irlandés, que incluyó la creación de una comisión de trabajo con equipos técnicos de la Comisión Europea, los servicios lingüísticos de interpretación y el Gobierno español, entre otros. Sabemos que el Gobierno Vasco está dispuesto a colaborar y aportar lo necesario.
Lo que pedimos es que no se trate solo de movimientos políticos o mediáticos en determinados momentos, sino de realizar todos los pasos necesarios, incluyendo el trabajo técnico que permita el diálogo, resolver dudas y defender lo que son derechos que, en mi opinión, debemos abanderar en estos momentos. Europa, que tanto lucha contra el fascismo y el extremismo, debe reconocer que la diversidad lingüística es un paso fundamental hacia los valores democráticos, hacia la cercanía y la proximidad con el ciudadano. Es una apertura de las instituciones europeas. Esperemos avanzar en esa línea.
A medida que nos acercamos al final del año y llega el momento de las peticiones, el Partido Nacionalista seguirá trabajando con firmeza en este tema, en Euskadi, Madrid y Bruselas.
Ana Miranda– En varias instituciones y organismos europeos, ya se pueden usar nuestras lenguas, como en el Comité de las Regiones, el Comité Económico y Social Europeo, y en algunas reuniones de la Comisión y el Consejo. El hecho de que en la institución que representa a los pueblos europeos y a la ciudadanía no podamos usarlas es, sin duda, anacrónico.
En ese contexto, el debate político se vuelve complicado cuando se genera presión desde el Estado español, especialmente por parte del Partido Popular, que intenta influir sobre algunos estados. Sin embargo, coincido con Oihane en que, cuando nos acercamos a los diputados de esos grupos y hablamos personalmente, encontramos minorías que, inicialmente en contra, al final se muestran más receptivas. De hecho, la mesa por la normalización lingüística, que lleva años trabajando en esta causa, ha logrado gran consenso en Galicia sobre este tema. No se trata solo de un consenso político, sino también de universidades, movimientos sociales y sindicatos. El gallego debe ser reconocido igual que el catalán y el euskera.
Lo que no nos valdría es una solución que solo contemple una de las lenguas, sino que necesitamos avanzar de la mano, porque representamos a muchos pueblos. Nos sorprende que partidos como el PP y el PSOE no hayan participado activamente en este debate, especialmente por una cuestión de visibilidad y normalización. En nuestros países, este es un tema que se discute abiertamente, con manifestaciones exigiendo que nuestras lenguas sean reconocidas en el Parlamento Europeo, especialmente cuando vivimos procesos de desnormalización y ataques, como en el caso de nuestro gallego, por parte del gobierno del Partido Popular.
Además, hemos propuesto que en la mesa del Parlamento se escuchen las voces de todas las fuerzas políticas que representamos, incluso en el caso del BNG, como principal partido de la oposición en Galicia. Es una cuestión de negociación, y este tema ha sido uno de los puntos en las conversaciones de investidura con el Partido Socialista. Si algún día llegamos a gobernar, este será un tema clave que negociaremos aquí en Bruselas.
Aquí Europa- Más allá del reconocimiento simbólico, ¿qué ámbitos institucionales consideran prioritarios para introducir estas lenguas primero (Consejo, Parlamento, servicios de interpretación, comunicación externa) y por qué?
Oihane Agirregoitia– Tomando como ejemplo los últimos datos sobre el euskera, especialmente en el contexto del Euskararen Eguna (Día del Euskera) el 3 de diciembre, hemos visto cómo el conocimiento del euskera ha aumentado enormemente, especialmente entre los jóvenes. Sin embargo, lo que aún falta es la utilización activa de la lengua, algo que debemos fomentar. ¿Qué mejor manera que ver a tus eurodiputados y eurodiputadas dirigirse a ti en euskera? Ese es un paso en el que debemos avanzar.
Deberíamos trabajar todos juntos en esto, porque no es solo cuestión de unos pocos. En el Parlamento Europeo, incluso en el grupo constituido para avanzar en este tema, bajo la presidencia de Roberta Metsola, todos debemos hacer nuestra parte para avanzar. El Gobierno español también debe poner encima de la mesa informes jurídicos que garanticen cómo se pueden usar estas lenguas, porque el resto de nosotros estamos haciendo nuestro trabajo.
En el Día Europeo de las Lenguas, por ejemplo, promovimos el uso del euskera con tarjetones que contenían palabras en nuestra lengua. En el acto de memoria histórica que organizamos recientemente, también incluimos interpretación al euskera para poder escuchar nuestras lenguas. Lo promovimos desde el Intergrupo de Lenguas Minorizadas y Culturas Tradicionales. Cada uno desde su lugar debe trabajar para avanzar en este objetivo.
La sociedad vasca, gallega y catalana merece saber si realmente el resto están dispuestos a trabajar por esto. ¿Qué ganamos? Poder dirigirnos a las instituciones europeas en plenitud de derechos. Aún estamos peleando por ello en el Estado español. Ayer mismo, en el Congreso de los Diputados, se presentó una propuesta para garantizar los derechos lingüísticos en todas las juntas.
Queremos garantizar los derechos lingüísticos de todas las personas, y el euskera, el gallego y el catalán son la base de nuestro patrimonio cultural inmaterial que queremos defender. Somos europeístas y, por tanto, queremos ser reconocidos en Europa con todos nuestros derechos.
Ana Miranda– Además, imaginen el impacto económico de este reconocimiento. No se trata solo de un derecho básico de reconocimiento, sino de una fuente de creación de riqueza. Las universidades podrían involucrarse en la traducción e interpretación de textos europeos a todas nuestras lenguas, no solo de manera oral, para que podamos expresarnos en los plenos o comisiones, sino también en la traducción escrita de esos textos. Esto sería maravilloso.
Aunque el Estado ya realiza algunas traducciones, estas suelen demorarse más en comparación con las de otras lenguas oficiales de la Unión Europea. Los boletines oficiales de la UE, por ejemplo, tardan aún mucho tiempo en ser traducidos al euskera, catalán o gallego. Si hubiera un servicio de traducción e interpretación más eficiente, podría hacerse de manera inmediata y gratuita, en lugar de depender de un servicio puntual para conferencias.
A veces se pueden pedir traducciones de forma pasiva, pero lo ideal sería que esto fuera automático. Esto no solo sería una fuente de creación de riqueza, sino también de visibilidad y autoestima para los hablantes. Yo lo veo cuando hago intervenciones en gallego o portugués, que es una forma de oficializar sin oficializar, pero que permite hablar en la norma internacional. La gente se siente muy orgullosa de poder usar su lengua de esta manera. ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestras lenguas oficiales, con el consenso que llevamos detrás?
Se está trabajando en ello en la mesa del Parlamento, pero me preocupa el retraso que está teniendo el proceso. Hablábamos de junio, y el tiempo sigue pasando. Creo que el Estado español no puede renunciar a las promesas que ha hecho con muchos de nosotros en este tema.
Aquí Europa- ¿Qué beneficios concretos obtendrían los ciudadanos que hoy sienten que no pueden relacionarse con la UE en su lengua?
Oihane Agirregoitia– El beneficio principal sería ejercer sus plenos derechos, es decir, poder comunicarse en la lengua oficial que elijan. Esto es algo que ya ocurre en Euskadi, y lo que queremos es que se aplique a nivel de todo el Estado español y, por supuesto, a nivel europeo. Insisto, debe ser un proceso flexible, generoso, con una hoja de ruta clara, pero siempre avanzando hacia algo que nos permita alcanzar la oficialidad.
Existen muchos pasos intermedios y gestos que pueden demostrar voluntad política. Si se hiciera una prueba, verían cómo la respuesta de la gente joven sería muy positiva. Recuerdo el otro día a un grupo de estudiantes de un instituto vasco que estuvieron en Estrasburgo, con una pancarta que decía Euskera, Oficial Tasuna (oficialidad para el euskera). De hecho, varios institutos de Euskadi se unieron el día del euskera para pedir lo mismo. Eso es algo que enorgullece a la gente: sentirse vasco, vasca, europeo y europea, y tener la posibilidad de expresarse en su propia lengua.
Creo que esto es un derecho lingüístico, y también es una cuestión de inteligencia política, porque refuerza el proyecto europeo y el sentimiento de pertenencia. Esto nos uniría más. Lo que necesitamos es mirar todo esto de forma positiva, no buscar problemas donde no los hay y viabilizar las oportunidades que se nos presentan. Los miedos sobre posibles peticiones masivas o la inviabilidad de este proceso deberían desaparecer. Lo mejor sería probarlo.
Desde aquí, animo a que se haga una prueba en alguna comisión o pleno, incluso sin el compromiso de que esto vaya a seguir adelante. Pero al menos intentémoslo. Vamos a intentarlo.
Ana Miranda– Además, esta lucha es una lucha democrática, porque la oficialización de nuestras lenguas no es algo reciente, sino que ha sido el fruto de muchas generaciones de trabajo. No solo de quienes hoy visibilizamos esta causa, sino de los que lucharon antes, cuando nuestras lenguas fueron prohibidas durante la dictadura. Durante ese tiempo, no se podía ni estudiar en nuestra lengua. En mi caso, en Galicia, la lengua se oficializó en 1981, y recuerdo perfectamente el primer día en que dimos clase en gallego. Fue como una fiesta en mi casa. Se titulaba El libro de texto Galego Nazcola, y fue muy emocionante, porque finalmente podíamos estudiar lo que antes se había aprendido en la clandestinidad. No se podían publicar libros en gallego. Fue un momento muy significativo.
Esto mismo ocurrió en Baleares, el País Valenciano, Cataluña, y también en Euskadi y Navarra. Fue una lucha democrática muy importante. Lo que estamos pidiendo ahora es un mínimo, simplemente poder ejercer un derecho que ya se ejerce en otras partes, como en nuestras comunidades, y que ahora estamos pidiendo para la Unión Europea.
Me viene a la mente el auge de la música en gallego. Tanxugueiras, por ejemplo, casi llegaron a Eurovisión cantando en gallego. ¿Por qué no podrían haber estado? ¿Por qué no compartir experiencias así? Yo, personalmente, quiero aprender euskera y catalán, porque creo que todos en el Estado español deberíamos conocer las lenguas de los otros. Si tuviera que intervenir en otra lengua, no tendría problema en hacerlo, como lo hizo Jordi Sebastián, diputado de Compromís, que solía hacer intervenciones en gallego. Y eso nos hacía reír, pero también nos mostraba lo que es Europa: compartir y saber.
¿Por qué podemos hacer intervenciones en inglés o en francés, pero no en euskera o gallego? Sería maravilloso. Eso sería llevar la oficialidad al siguiente nivel. Además, sería una respuesta a todos esos partidos radicales y neofascistas que cuestionan la diversidad y nuestra existencia como pueblos, como lenguas y como mujeres. Y fíjate, aquí estamos tres mujeres hoy, que también hemos sido las madres quienes hemos transmitido nuestras lenguas.
En Galicia, por ejemplo, el 84% de los gallegos y gallegas dominan el gallego, según datos de 2000. Esto no es una demanda menor. Lo mismo ocurre con los catalanes, valencianos, mallorquines y menorquines. Al final, tenemos una legitimidad democrática muy grande, porque nuestras lenguas fueron prohibidas, pero hoy tenemos la legitimidad democrática para reivindicar su oficialidad, y en algunos casos, incluso estamos gobernando.
Aquí Europa- Como decía Oihane, ahora llegan las Navidades, ese momento de pedir deseos. ¿Qué pediríais o cuáles creéis que deben ser los siguientes pasos para avanzar en este tema?
Oihane Agirregoitia– Yo voy a pedir lo máximo. Recientemente, cuando vi que en el Consejo se aprobaban las propuestas sobre los centros para migrantes en terceros países sin unanimidad, pensé: Ojalá pudiéramos avanzar hacia la oficialidad de nuestras lenguas sin necesidad de esa unanimidad que a veces se requiere. Creo que debemos replantearnos las cosas y buscar vías alternativas para avanzar, como se ha hecho en otros casos.
En cuanto a los siguientes pasos, es crucial el trabajo que debemos hacer aquí, en el Parlamento Europeo. Necesitamos buscar suficientes alianzas para establecer una vía de avance con la presidenta Metsola. Deberíamos poder realizar pruebas piloto, en alguna comisión o pleno, para demostrar que es posible. También, el Gobierno español tiene que poner sobre la mesa los informes jurídicos necesarios para facilitar este avance y dar una respuesta clara a aquellos que argumentan que no es posible, que va contra los tratados.
Esto hay que pelearlo hasta el final, y debemos ir todos juntos en esta causa. En el seno del Consejo, es esencial que haya transparencia y claridad. Ojalá nos dejaran estar presentes en esas mesas de negociación. Siempre digo que si Euskadi pudiera estar en esas mesas, otro gallo cantaría. Deberíamos tener la oportunidad de sentarnos con los países que tienen dudas, para argumentar y aportar toda la información necesaria para avanzar.
Ana Miranda– Recordemos que en el caso de Bélgica, representantes de las tres comunidades lingüísticas han estado presentes en algunas reuniones del Consejo. Es una oportunidad histórica. Mi deseo para el año que viene es que finalmente podamos hablar gallego, euskera y catalán en el Parlamento Europeo. Eso debe ocurrir, y debe ser un día de gran victoria y alegría para Europa, porque defendemos una Europa de los pueblos. No defendemos una Europa egoísta que no reconoce nuestras lenguas y comunidades lingüísticas, sino una Europa que se enriquece y amplía en diversidad, en protección y en inclusión.
Lo que está fallando ahora es que estamos viendo una Europa insolidaria, que va a la guerra, mientras que las lenguas son diálogo, son paz. Es todo lo contrario a lo que Europa debería fomentar. Hablar es la clave para entendernos, y hablar en nuestras lenguas aún más. No se dice lo mismo con la misma fuerza en una lengua extranjera, por muy bien que uno hable el idioma. El sentimiento y la intensidad de la expresión cambian cuando hablamos en nuestra lengua materna.
Por ejemplo, cuando escuchamos a un alemán hablar inglés, algo se pierde. Lo mismo ocurre cuando cualquiera de nosotros hablamos otra lengua, por muy bilingües que seamos. Si pudiéramos expresarnos en nuestras lenguas oficiales, el entendimiento sería más profundo y genuino.
En cuanto al coste, siempre se menciona como un obstáculo. Pero no es un problema. El Estado español ya se ha ofrecido, y hay comunidades autónomas dispuestas a colaborar. Además, mientras se gasta dinero en cosas que realmente no preocupan a los ciudadanos, hay un gran consenso en nuestras naciones para que nuestras lenguas sean reconocidas. Recuerdo que unos niños de un instituto en Galicia hicieron una campaña para pedir esto, y vinieron a hablar conmigo aquí. Fue maravilloso ver a esa gente joven tan comprometida, queriendo ver su lengua reconocida y representada.
Europa tiene un momento histórico para apoyar estas demandas legítimas, que no solo fortalecerán el proyecto europeo, sino que también reforzarán el sentimiento de pertenencia, desde el respeto absoluto a la diversidad y a la diferencia. Europa lo necesita más que nunca.





