Esther Herranz conoce bien los pasillos del Parlamento Europeo. Eurodiputada del Partido Popular, acumula casi dos décadas de experiencia en una institución que ha visto transformarse desde dentro. Ha vivido, como miembro del Parlamento Europeo, hitos de la historia reciente de la Unión: desde la gran ampliación hacia el Este en 2004 —que cambió la fisonomía del Parlamento— hasta el Brexit y sus consecuencias políticas. Tras una pausa de cinco años, vuelve a Bruselas y se encuentra con una institución que ha cambiado tanto en forma como en fondo: marcada por la digitalización, las secuelas de la pandemia y una nueva configuración política más fragmentada y polarizada.
Licenciada en Geografía y con un máster en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, Herranz vicepreside la comisión de Medio Ambiente, convencida de que la sostenibilidad no puede avanzar a costa del abandono del campo.
Copresidenta además del Intergrupo del Vino, defiende con firmeza la tradición vitivinícola de su tierra, La Rioja, y alerta sobre los desafíos que atraviesa el sector. A pesar de las largas jornadas en Estrasburgo y Bruselas, mantiene una conexión constante con su territorio: escucha, se reúne y traslada las preocupaciones de quienes representa. Experimentada negociadora, combina conocimiento técnico y visión política, convencida de que solo una Europa fuerte, sostenible y justa podrá garantizar una vida digna a quienes alimentan al continente.
Aquí Europa – Fuiste eurodiputada entre 2002 y 2019, y volviste a conseguir escaño en 2024. ¿Cómo has vivido el regreso al Parlamento Europeo?
Esther Herranz – La vuelta ha sido realmente una sorpresa, porque el Parlamento ha cambiado mucho en estos cinco años. La pandemia ha pasado por el Parlamento Europeo y ha dejado su huella. Por ejemplo, ahora es frecuente que los expertos intervengan online en las audiencias públicas, o que algunos diputados participen de forma telemática, algo que antes no ocurría.
También es cierto que se han modificado algunos procedimientos internos, haciéndolos mucho más dependientes del ordenador y de los sistemas informáticos. Eso se nota, claro, en la forma de trabajar: desde la presentación de enmiendas hasta la solicitud de turnos de palabra en el pleno.
Todo eso ha cambiado bastante, pero sigue siendo cierto que la política europea es muy particular. No se parece en nada a otras instituciones que conocemos en España: no es como un ayuntamiento, ni una diputación, ni un parlamento regional, y mucho menos como el Parlamento nacional.
A quienes nos gusta la política europea, entendemos que aquí se hacen cosas muy buenas. Y los que creemos en el proyecto europeo sabemos que es bueno para todos nosotros, así que siempre estamos encantados de poder trabajar aquí, claro que sí.
Aquí Europa – Casi dos décadas en política europea… Has sido testigo directa de cómo ha cambiado el Parlamento Europeo: desde los cambios derivados de la pandemia hasta la reconfiguración que se produce en cada elección. ¿Cómo has vivido esa evolución a lo largo de los años? ¿Qué cambios destacarías en la orientación y el funcionamiento del Parlamento?
Esther Herranz – Hay dos tipos de cambio. Por un lado, los que se producen con las ampliaciones de la Unión Europea. Recordemos que en 2013 entraron doce países del Este que entonces eran candidatos. Esa ampliación, consecuencia de la caída del Muro de Berlín, transformó profundamente tanto el perfil del eurodiputado como el de la sociedad que lo respalda y lo vota. Fue un cambio muy significativo.
Por otro lado, están los cambios que se dan en cada elección. Las mayorías parlamentarias varían. El Partido Popular Europeo sigue siendo el grupo con más escaños, pero ya no tiene mayoría. Además, nos hemos centrado mucho más. En su momento, hubo una escisión en el PPE: algunos miembros del partido Tory británico formaron lo que hoy conocemos como ECR, y luego vino el Brexit. Pero ahora incluso ECR está más a la derecha del PPE, y hay tres partidos europeos a su derecha. Eso ha hecho que el PPE se sitúe mucho más en el centro.
Es curioso, pero yo recuerdo dónde me sentaba en mis primeras legislaturas y dónde me siento ahora. Hoy ocupo un puesto que, en su día, habría correspondido al grupo liberal, Renew. Así que sí, ha habido un cambio sociológico claro.
Además, estamos viviendo un cambio de era. La inteligencia artificial, la tecnología… todo eso está transformando profundamente la sociedad. Y en estos momentos de transformación suelen producirse movimientos pendulares: la ciudadanía tiende a votar más a los extremos y menos al centro, que tradicionalmente ha sido el que decidía la balanza electoral. Esto también se ha notado aquí. Venimos de cinco años donde la extrema izquierda y la izquierda tenían más peso, y ahora, aunque el PPE sigue siendo el partido más votado y con más escaños, a su derecha hay suficientes fuerzas como para sumar una mayoría absoluta.
Es un cambio sociológico que los expertos consideran normal en épocas de incertidumbre y preocupación, donde además los populismos ganan terreno. Es el momento que nos ha tocado vivir, y con estas condiciones tenemos que seguir adelante.
Aquí Europa – Como bien decías, el Partido Popular Europeo es actualmente la primera fuerza en la Eurocámara. Tú, como miembro con una larga trayectoria dentro de esta familia política, ¿cómo vives las negociaciones? Me interesa especialmente tu perspectiva, después de tantas legislaturas y de haber vivido momentos clave dentro del grupo.
Esther Herranz – Las negociaciones sobre los distintos temas políticos requieren tener muy claras tus líneas rojas: es decir, saber hasta dónde puedes ceder y qué aspectos son innegociables y debes defender con firmeza. Una vez definido eso internamente, lo trabajamos en el despacho y empezamos a buscar aliados.
Buscamos apoyo entre los diputados que forman parte de la comisión parlamentaria correspondiente. Identificamos quiénes podrían respaldarnos en determinados puntos y negociamos con ellos en primer lugar. Así sabemos desde el principio hasta dónde podemos llegar y en qué aspectos podemos hacer concesiones a cambio de respaldos clave. El objetivo es llegar a las reuniones y a las votaciones con una mayoría asegurada, que al final es lo más importante.

Recientemente, en la Comisión de Medio Ambiente, hemos trabajado en un informe de iniciativa sobre el tema del agua. Yo era la ponente del Partido Popular Europeo, y nuestras posiciones salieron adelante precisamente gracias a este trabajo previo de construir una mayoría sólida en torno a los puntos más importantes. Negociamos, por supuesto, con el ponente principal, que era de Renew. Y si no tienes una mayoría alternativa para apoyar una enmienda de compromiso, él mismo lo ve. Afortunadamente, accedió a nuestras propuestas, y logramos sacar adelante todos nuestros puntos clave.
En este tipo de procesos es fundamental conocer bien con quién tienes que negociar, en qué puntos puedes alcanzar acuerdos, y en cuáles no. Para eso, también es importante tener preparada una alternativa sólida. Y, sobre todo, mantener una buena relación personal con los colegas.
Que no lleguemos a un acuerdo político no significa que tengamos que llevarnos mal, al contrario: hay que ser educado, formal, correcto. Aunque tengamos diferencias ideológicas, somos personas, y saber relacionarnos bien es parte del trabajo.
Conciliar en política europea: un equilibrio difícil
Aquí Europa – Imagino que este estilo de vida puede ser exigente y desgastante. Tú lo has vivido durante muchos años, luego hiciste una pausa la pasada legislatura, y finalmente has vuelto. ¿Cómo se compagina esta vida con lo personal? ¿Cómo se encuentra el equilibrio?
Esther Herranz – Bueno, la vida de un eurodiputado implica estar constantemente cambiando de lugar. Yo no lo llamaría «viajar», porque viajar es algo que uno hace por placer, con tiempo para relajarse. Esto es otra cosa. Por eso, es importante tener muy claros tus referentes: saber de dónde vienes, dónde estás, dónde están tu familia, tus amigos, tu vida. Y aquí, en Bruselas o Estrasburgo, vienes a trabajar, a dedicar todo tu tiempo.
Las jornadas en el Parlamento son maratonianas: empiezan a las ocho de la mañana y acaban cuando acaban… a veces a las once de la noche o más. Son días en los que hay que estar completamente centrado.
Cuando vuelvo a España, me enfrento a otro reto: la logística. Soy riojana, y lamentablemente ahora mi región tiene una pésima comunicación. Entrar y salir de La Rioja es muy complicado y lleva muchas horas. Antes de la pandemia, hasta 2019, vivía habitualmente en La Rioja, pero ahora me he visto obligada a trasladar mi residencia a Madrid. Si no, es imposible venir todas las semanas sin acabar agotada o atrapada por retrasos y conexiones perdidas. Ya me ha pasado pensar: “voy a perder el tren”, “el avión no sale”, “me toca dormir en Madrid” o incluso quedarme tirada en una estación porque no hay autobuses.
He tenido que adaptarme, pero lo más importante es mantener el vínculo con tu gente. Hoy en día, eso se puede hacer por WhatsApp, por teléfono… Y cuando no estás trabajando, hay que dedicar el máximo tiempo posible a estar con los tuyos.
Afortunadamente, tengo una hija maravillosa, una madre estupenda, una familia y unos amigos muy importantes para mí.
Es verdad que la vida personal a veces se resiente. Mi matrimonio se quedó por el camino. No le vamos a echar la culpa ni al Parlamento ni a nadie, pero es cierto que mantener una vida de pareja en estas condiciones no es fácil. Pasas muchas horas lejos de casa, de tu hogar.
Compensa, porque el trabajo es apasionante. Pero también es verdad que el trabajo pasa, y la vida personal, tu pareja o tu compañía, también es necesaria.
Gracias por compartir el fragmento completo. Aquí tienes la versión editada y pulida, siguiendo el criterio que me diste: mantener las respuestas lo más fieles posible al estilo original de Esther Herranz, pero corrigiendo erratas, eliminando redundancias y organizando mejor las ideas para mayor claridad y fluidez.
Aquí Europa – Dentro de esa burbuja europea de la que tanto se habla, ¿cómo haces para no perder la conexión con tu territorio, en este caso La Rioja, y mantener presentes las prioridades de quienes viven allí?
Esther Herranz – La prioridad fundamental es tener una conexión directa, es decir, hablar con la gente de La Rioja. Afortunadamente, tengo dos asistentes locales maravillosos que me mantienen al día tanto de las noticias como de lo que está ocurriendo sobre el terreno. A través de los medios de comunicación también te acercas a lo que pasa: te enteras si ha habido un incendio, un robo, si han cortado una calle… Escucho la radio local por las mañanas, y eso también me ayuda a estar al tanto.
Además, suelo tener reuniones con quien lo solicite. Siempre que alguien me pide un encuentro en Logroño, me organizo para que se haga. Me reúno con todo el mundo que lo pide. También traemos a riojanos al Parlamento Europeo, para que conozcan cómo trabajamos desde aquí. Es otra forma de acercar Bruselas a la región.
Procuro visitar Logroño al menos dos veces al mes, y eso también me permite mantenerme conectada con lo que sucede allí. Además, tengo una relación muy fluida con el Partido Popular de La Rioja. Me informan, me consultan y estamos en comunicación constante.
Es cierto que desde aquí puede parecer que estás lejos, pero la conexión con el territorio existe. Al final perteneces a un partido político y estás a disposición de los ciudadanos. Muchas veces traen aquí los temas que les preocupan. Por ejemplo, recientemente vino un sindicato agrario, muy representativo en la región, a hablar sobre cuestiones relacionadas con el vino. Estuvimos reunidos, porque para nosotros, en La Rioja, el vino no es solo economía: es tradición, cultura y una forma de vida. Es lo que nos da nombre y nos define.
Y cuando un asunto es importante, ya no basta con un WhatsApp, un correo o una llamada. Tenemos que vernos en persona, y si hay que hacerlo, se hace. Para eso estamos.
Aquí Europa – Y hablando del vino, eres copresidenta del Intergrupo Vino del Parlamento. En este momento se vive una situación delicada con el tema arancelario. ¿Cómo se está gestionando eso desde dentro del intergrupo?
Esther Herranz – Ahora, por fin, hemos podido respirar un poco. Justo antes de Semana Santa supimos que el bourbon no iba a entrar en la negociación ni en la respuesta que la Comisión Europea iba a dar a la Administración Trump por los aranceles anunciados. Eso nos dio bastante tranquilidad. ¿Por qué? Porque ya tuvimos una experiencia muy negativa en 2008: en respuesta a un arancel estadounidense, Europa incluyó el bourbon en la lista de productos afectados, y la reacción inmediata de EE.UU. fue gravar todos los vinos. Fue un desastre. Así que nuestra principal preocupación desde el intergrupo ha sido evitar que eso volviera a pasar. Y lo hemos conseguido.
Además, Trump anunció después que daba tres meses de margen para negociar, lo que nos parece muy positivo. Desde el Intergrupo Vino apostamos por la diplomacia y por la negociación como única vía posible. Confiamos en que el diálogo dé resultados que realmente beneficien al sector, que está en una situación muy delicada.
El consumo de vino ha bajado mucho en Europa en los últimos años. Las bodegas y los viticultores están sufriendo, y encima se enfrentan a ataques desde ciertos sectores de la sociedad que no consideran el vino un alimento, ni valoran su papel en nuestra cultura, nuestra tradición o nuestra forma de vida. Nosotros defendemos un consumo responsable, pero también el derecho a disfrutarlo.
Por eso trabajamos desde el intergrupo: para defender al vino y a todo lo que representa. Y vamos a seguir haciéndolo, como no podía ser de otra manera.
Aquí Europa – Veremos cómo evolucionan esas negociaciones en los próximos meses. Para cerrar, me gustaría que nos compartieras, a modo de reflexión, cuáles son tus prioridades y objetivos para esta décima legislatura.
Esther Herranz – En esta legislatura, además de estar en la Comisión de Agricultura, también formo parte de la de Medio Ambiente. Mi principal objetivo desde esta comisión es revisar el exceso legislativo que ha habido en los últimos años. Se han tomado muchas decisiones con la bandera de la sostenibilidad, un objetivo con el que estoy completamente de acuerdo, pero no puede lograrse a costa de la producción.
Ahora mismo estamos imponiendo a los agricultores y ganaderos unos requisitos que no son compatibles con su actividad. Estamos perdiendo productores, y eso es muy preocupante.
Hay normas tan exigentes que, por ejemplo, ya no se pueden tratar adecuadamente algunas enfermedades de las plantas. Además, los fertilizantes están siendo muy restringidos, lo que complica aún más el trabajo en el campo.
Todo esto ocurre en un momento geopolíticamente muy delicado. Tenemos que defendernos, sí, pero para hacerlo necesitamos alimentos y agua en cantidad y calidad suficientes. No podemos permitirnos perder ni un solo productor agrícola o ganadero en Europa, ni la industria agroalimentaria asociada. Es fundamental asegurar el relevo generacional en el campo, fomentar la incorporación de jóvenes al sector y, sobre todo, hacer que las condiciones sean viables para que puedan ganarse la vida con dignidad.
En muchos casos, hoy en día, ni siquiera están cobrando lo suficiente para cubrir lo que les cuesta producir. Y eso no es sostenible, ni en el sector primario, ni en ningún otro. Todos vivimos de nuestro trabajo, y ellos también. Además, como consumidores, queremos seguir disfrutando de alimentos de calidad a precios razonables. Para eso se creó la Política Agrícola Común.
Así que esa es la lucha: conseguir que nuestros agricultores y ganaderos sigan ahí, que la legislación sea equilibrada y que podamos construir una Europa fuerte, solidaria, verde, limpia… pero, sobre todo, una Europa feliz. Y para eso, necesitamos al sector primario como el pan.




