En la capital europea ya huele a fin de ciclo. Se acaba la legislatura y los miembros de las distintas instituciones se apresuran a cerrar cuestiones y, sobre todo, a buscarse la vida ante los cambios que se producirán a raíz de los resultados en las elecciones europeas del próximo mes de junio.
Quedan menos de 60 días para que los europeos votemos en las elecciones europeas del próximo 6 al 9 de junio. Los miembros de las comisiones del Parlamento Europeo se despiden tras cinco años de trabajos complicados por el Brexit, la pandemia y la guerra de Ucrania. En la Comisión, quien más y quien menos, mira de reojo al despacho de al lado tratando de colocarse ante los cambios que las decisiones institucionales poselectorales produzcan. La única institución que de momento permanece más tranquila es el Consejo, ya que los cambios en él serán en el mes de noviembre, cuando Parlamento y Comisión se hayan reorganizado.
Los nervios por cerrar los dossieres han tenido su punto crítico con la aprobación del nuevo Pacto de Asilo y Migración de la UE, que no ha dejado contento realmente a nadie. La ultraizquierda porque considera que es inhumano y regresivo, la ultraderecha porque lo considera permisivo y un coladero para la inmigración ilegal y populares, socialdemócratas y liberales, porque hacia uno y otro lado hubieran querido algo más profundo y menos parche.
Pero no es el único caso, el mercado eléctrico o la legislación medioambiental, también están dado sus últimos estertores de esta legislatura, que formalmente concluirá con el Pleno de la Eurocámara en Estrasburgo la semana del 22 de abril. Después los eurodiputados recogerán sus cajas de documentos y se pegarán por estar en las listas de sus respectivos partidos, pues, una gran mayoría le gustaría repetir trabajo otros cinco años.
En la Comisión, las cosas parecen más sencillas, ya que con mucha seguridad, la jefa de la casa, la presidenta Ursula von der Leyen repetirá. Cierto es que saber qué equipo compondrá es imposible, pero los altos funcionarios tienen al menos la idea de que repetirá su esquema de gobierno y, sobre todo, sus modelo de gobernanza y forma de hacer.
Nervios lógicos en organizaciones humanas, tiempos de mudanza y demasiados temas por cerrar. Son semanas estresantes en Bruselas, cuando todo el mundo sabe que la suerte está echada de cara a las elecciones europeas.






