El pasado jueves se celebró el debate electoral en el Parlamento Europeo en Bruselas, de cara a los comicios que se celebrarán el próximo 9 de junio. Con un formato que más recordaba un concurso televisivo, Eurovisión reunión a cinco candidatas y candidatos a presidir la Comisión Europea de emplearse en esta ocasión la fórmula del Spitzenkadidaten.
Faltaron los candidatos de la ultraderecha, tanto de los Reformistas y Conservadores de ERC como los de ID, Identidad Democrática. Adujeron que el sorteo de turnos y posiciones en el debate les perjudicaba, pero la realidad es que a los ultras eurófobos no les interesan los debates, se encuentran más cómodos sin medios de comunicación presentes, se mueven mejor en las redes sociales con sus mensajes simples. En teoría, en especial ID, son la fuerza creciente y, por tanto, tienen más que perder que ganar en estos enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las otras formaciones políticas.
Así las cosas, la realidad es que su vacío por incomparecencia sesgó el debate al no contar con sus opiniones sobre los principales temas de la agenda europea. Sin embargo, eso no evitó que fueran los protagonistas mudos, pues, todos los demás grupos se refirieron a ellos reiteradamente. Cuando no para realizarles críticas por sus posiciones xenófobas, homófobas, colaboradoras con las injerencias extranjeras, por atacar a los medios de comunicación o por querer socavar la separación de poderes y la independencia judicial.
En este contexto, Ursula von der Leyen se presentaba como presidenta y candidata repetir. Una condición que marcó sus intervenciones, pues, por un lado tenía que realizar propuestas y por otra defender su gestión y el porqué de todo aquello que no ha podido o sabido hacer en estos últimos cinco años. Tampoco fue fácil el papel del candidato socialdemócrata, Nicolas Schmit, también miembro del Colegio de Comisarios actualmente. Sus alusiones a las políticas sociales que tiene que reforzar la UE se topaban con las preguntas de los moderadores o con los ataques de la Izquierda y los Verdes por no haberlas llevado a cabo.
Los liberales, representados por el italiano reafincado en Francia, Sandro Gozi, pasaron por el debate sin pena, ni gloria, como las horas bajas por las que atraviesan y que pronostican las encuestas, ante el mal momento político que sufre su líder, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron.
Referencia aparte merece el formato del debate realizado por la UER, la misma Eurovisión que organiza el concurso europeo de la canción, en la que cabe Israel y se prohibe el uso de la bandera europea. Desde luego, este tipo de debates a cinco son muy complicados, pues, se hacen eternos y no caben las réplicas ágiles de los candidatos. De ahí que optaran por un programa novedoso, más basado en un concurso televisivo, que en un debate electoral. Muy correcto en su imagen, sin embargo, se acercó más al show que a la seriedad que requieren los temas tratados. Lo mejor, sin duda, la profesionalidad de los moderadores, periodistas con mayúsculas, que dieron una lección de repreguntar en el cara a cara que mantuvieron con cada uno de los candidatos.
En resumen, buen intento, fallido al no estar la interpelada ultraderecha, soportable televisivamente y una reconciliación con los periodistas que se dedican a estos menesteres.






