- Introducción: una ventana que se acelera
La ampliación de la Unión Europea vuelve a ocupar el centro del tablero político. Tras años de prudencia, los acontecimientos en el Este han devuelto urgencia al proceso: la guerra en Ucrania, la presión híbrida rusa y el giro proeuropeo en Moldavia han convertido la vecindad oriental en un campo de batalla geopolítico.
El triunfo del bloque proeuropeo en Chisináu, unido a las señales de Bruselas para presentar este otoño un paquete de reformas que prepare a la Unión para recibir nuevos miembros, marca un punto de inflexión. El debate ya no es si la UE debe ampliarse, sino cómo hacerlo sin desbordar su arquitectura institucional y su equilibrio presupuestario.
Para España, firme defensora del proyecto europeo pero atenta a la distribución de fondos y prioridades, la ampliación abre un escenario de oportunidades y riesgos. Su posición dependerá de que el nuevo impulso hacia el Este no relegue la agenda mediterránea ni erosione la cohesión territorial y social dentro de la Unión.
- La lógica de la ampliación y sus límites
Desde el ingreso de Croacia en 2013, el proyecto de ampliación había quedado en punto muerto. La fatiga institucional tras la crisis financiera y las dificultades de integración de algunos miembros de los Balcanes habían enfriado el entusiasmo.
Sin embargo, la agresión rusa contra Ucrania cambió por completo la ecuación. Incorporar a Ucrania, Moldavia y los Balcanes Occidentales ya no es solo una cuestión de política de vecindad, sino una prioridad estratégica.
El objetivo político es claro: anclar a los países del Este en la órbita europea antes de que otros actores —Rusia o China— consoliden su influencia. Pero el reto es monumental: una UE con más de 30 miembros pondría a prueba la capacidad de decisión, el presupuesto común y la coherencia interna de las políticas de cohesión, agricultura o energía.
En palabras de un diplomático comunitario, “ampliar sin reformar sería como construir un tercer piso sobre una casa sin reforzar los cimientos”.
- Qué permiten los Tratados: reformas sin tocar los Tratados
El debate sobre la ampliación se cruza inevitablemente con el de la reforma institucional. ¿Cómo mantener una Unión funcional con una treintena de Estados, cada uno con derecho de veto en ámbitos sensibles?
El Tratado de Lisboa ofrece márgenes para avanzar sin emprender una reforma completa. Existen las llamadas cláusulas pasarela, que permiten extender la votación por mayoría cualificada a determinadas áreas mediante decisión unánime del Consejo Europeo. Asimismo, pueden ajustarse los mecanismos de reparto presupuestario y representación institucional sin cambiar los tratados fundamentales.
Aun así, los cambios de fondo —como la revisión del número de comisarios, la ponderación de votos o la composición del Parlamento Europeo— exigirán un consenso político profundo y probablemente una Convención europea. Y ese debate, aunque nadie lo diga abiertamente, ya ha comenzado.
- El impulso actual: Moldavia como símbolo del nuevo Este
Moldavia se ha convertido en el paradigma de la ampliación geopolítica. Su Gobierno, encabezado por Maia Sandu, ha emprendido una agenda de reformas en justicia, energía y lucha contra la corrupción que busca cumplir los criterios de Copenhague antes de 2030.
Bruselas, por su parte, ha enviado una señal clara: Moldavia y Ucrania son las prioridades inmediatas, con vistas a abrir formalmente los capítulos de negociación en 2025. La Comisión prepara para finales de octubre un paquete de propuestas para “preparar a la Unión” ante una ampliación múltiple, con medidas de ajuste presupuestario y de gobernanza interna.
El contexto energético también ha sido determinante. La desconexión de Chisináu de las redes rusas y su integración progresiva en el sistema eléctrico europeo simbolizan un cambio de rumbo irreversible. La ampliación, en este caso, no es solo política, sino también energética y de seguridad.
- Reticencias y objeciones
A pesar del entusiasmo político, la ampliación suscita profundas reservas. Algunos Estados temen una nueva redistribución de fondos estructurales hacia el Este, con impacto directo sobre las regiones del Sur que aún dependen de la cohesión. Otros alertan de una “ampliación sin integración”, con democracias frágiles y sistemas judiciales aún inmaduros.
El argumento de fondo es pragmático: la ampliación debe ir acompañada de una “profundización” institucional. De lo contrario, el riesgo es duplicar las disfunciones del presente a escala mayor.
En el Este, los países bálticos y Polonia exigen rapidez; en el Oeste y el Sur, se reclama prudencia y equilibrio. La fractura geográfica vuelve a marcar el ritmo de la construcción europea.
- La posición española: europeísmo con condiciones
España mantiene una posición tradicionalmente favorable a la ampliación, pero con matices. Su prioridad es asegurar que el proceso no erosione la política de cohesión ni la Política Agrícola Común (PAC), pilares de su interés nacional en el marco presupuestario.
Madrid comparte el diagnóstico de que la ampliación refuerza la estabilidad continental, pero insiste en que debe ir acompañada de una reforma institucional y de una política exterior más equilibrada geográficamente.
El Gobierno español defiende una Europa capaz de actuar en su entorno más próximo —el Mediterráneo y el Sahel— al mismo tiempo que consolida su vecindad oriental. En palabras del ministro de Asuntos Exteriores, “una Europa de treinta miembros solo será sostenible si mantiene una mirada de 360 grados”.
- Ventajas potenciales para España
El proceso de ampliación también abre oportunidades. Las empresas españolas de energía, ingeniería y telecomunicaciones ya operan en Europa del Este, y podrían beneficiarse de los fondos de preadhesión y de los nuevos programas de transición verde y digital.
La interconexión eléctrica con Moldavia y Ucrania abre, además, un campo de cooperación tecnológica y de exportación de renovables. En el ámbito político, España puede reforzar su perfil europeísta participando activamente en el diseño del nuevo modelo institucional.
Ser “arquitecto” de la ampliación —y no mero observador— permitiría a España aumentar su peso diplomático en Bruselas y en las capitales del Este.
- Riesgos para España
No obstante, los riesgos son claros. Un desvío masivo de fondos de cohesión hacia la reconstrucción de Ucrania y la integración del Este podría reducir la financiación disponible para regiones españolas.
Además, la agenda política de la Unión podría inclinarse hacia las prioridades de seguridad y defensa oriental, desplazando la cooperación mediterránea o la política migratoria, áreas en las que España ha intentado liderar.
Por último, una ampliación mal gestionada podría alimentar la percepción de desigualdad entre los Estados miembros, debilitando el apoyo interno al proyecto europeo.
- Escenarios de evolución
Escenario incremental: apertura gradual de negociaciones con Moldavia y Ucrania, acompañada de reformas institucionales parciales.
Escenario ambicioso: paquete dual “ampliación + reforma de gobernanza”, con revisión del voto por mayoría cualificada y del presupuesto común.
Escenario bloqueado: resistencia de Estados miembros y falta de consenso presupuestario, que paralizaría el proceso y devolvería el debate a la retórica.
España, previsiblemente, se situará en el escenario incremental o ambicioso, siempre que se garantice el equilibrio Este–Sur y la sostenibilidad financiera de la Unión.
- Conclusiones: qué se juega España
La ampliación de la UE hacia el Este no es solo una cuestión de solidaridad ni de política exterior: es una redefinición del proyecto europeo.
Para España, la clave está en mantener su peso político y presupuestario en una Unión más grande y diversa. Si el proceso se acompaña de una gobernanza eficaz, mecanismos de compensación y una visión equilibrada de la vecindad, la ampliación puede ser una oportunidad para reforzar el liderazgo español en Europa.
Pero si el Sur queda relegado, el riesgo será doble: pérdida de influencia y desgaste del europeísmo interno.
España tiene, por tanto, una tarea clara: contribuir a diseñar una ampliación sostenible, con cimientos sólidos y mirada pancontinental.
📊 Recuadro: “Ampliación 2025: claves para España”
• Calendario político: la Comisión presentará en octubre su propuesta de “reformas para una UE ampliada”.
• Caso test: Moldavia acelera reformas judiciales y energéticas; Bruselas prevé abrir capítulos de negociación en 2025.
• Palancas españolas: energía, infraestructuras, digitalización y cooperación administrativa.
• Condiciones: gobernanza eficaz, equilibrio Este–Sur y salvaguarda de fondos de cohesión.
• Riesgos: desviación presupuestaria, recentrado geográfico hacia el Este, pérdida de influencia mediterránea.
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