La llegada de Andy Burnham a Downing Street marca el inicio de una nueva etapa política para el Reino Unido y abre una oportunidad para redefinir sus relaciones con la Unión Europea. Diez años después del referéndum que desencadenó el Brexit, Londres parece dispuesto a dejar atrás una década de inestabilidad institucional, incertidumbre económica y sucesivos cambios de liderazgo. Nadie cuestiona ya la salida británica de la Unión, pero sí existe un amplio consenso sobre la necesidad de construir una relación más estable, pragmática y orientada a los intereses compartidos. Europa contempla con atención este cambio de ciclo porque la estabilidad del Reino Unido también influye en la estabilidad del continente. En un escenario internacional marcado por la guerra, la competencia entre grandes potencias y los desafíos tecnológicos, Bruselas y Londres tienen mucho más que ganar cooperando que prolongando las heridas del pasado. La nueva etapa comienza ahora.
SIETE PREMIERS EN DIEZ AÑOS. El referéndum de 2016 abrió una de las etapas más convulsas de la historia política reciente del Reino Unido. David Cameron convocó la consulta convencido de que reforzaría la permanencia en la Unión Europea, pero dimitió tras la victoria del Brexit. Theresa May trató sin éxito de negociar una salida que satisficiera a un Parlamento profundamente dividido. Boris Johnson logró culminar el proceso, aunque terminó abandonando el poder tras una sucesión de escándalos políticos. Liz Truss protagonizó el mandato más breve de la historia británica moderna después de una crisis financiera provocada por su programa económico. Rishi Sunak consiguió devolver cierta estabilidad a los mercados, mientras Keir Starmer inició una fase de reconstrucción institucional y de acercamiento pragmático a Bruselas. Andy Burnham recibe ahora un país más estable que hace una década, pero todavía condicionado por las consecuencias políticas, económicas y diplomáticas del Brexit.
UN POLÍTICO DEL SIGLO XXI. El nuevo primer ministro llega con un perfil muy distinto al de muchos de sus predecesores. Su experiencia como ministro y, especialmente, como alcalde de Greater Manchester le ha otorgado una reputación de gestor eficaz, negociador y profundamente conocedor de las necesidades de los territorios. Su prioridad será impulsar el crecimiento económico, reindustrializar el país, fortalecer los servicios públicos y reducir las desigualdades regionales. En política europea, Burnham no pretende reabrir el debate sobre el Brexit ni cuestionar la soberanía recuperada por el Reino Unido, sino establecer una relación más madura con la Unión basada en la cooperación allí donde ambas partes comparten intereses estratégicos. Esa visión responde también a una realidad geopolítica muy distinta a la de 2016, en la que la seguridad, la competitividad y la innovación pesan mucho más que los debates identitarios que marcaron aquellos años.
UNA AGENDA REPLETA DE PRIORIDADES. Precisamente ahí reside el principal desafío de esta nueva etapa. El Reino Unido y la Unión Europea todavía tienen por delante una amplia agenda bilateral que exige voluntad política y confianza mutua. La aplicación definitiva del acuerdo sobre Gibraltar, la profundización de la cooperación en defensa y seguridad, la coordinación frente a las amenazas híbridas y los ciberataques, la mejora de las relaciones comerciales, la movilidad de estudiantes, investigadores y trabajadores cualificados, la colaboración en inteligencia artificial, ciencia e innovación, la transición energética o la coordinación en política exterior son algunos de los asuntos que definirán la relación entre ambas partes durante la próxima década. El Brexit pertenece ya a la historia. Lo verdaderamente importante será comprobar si Londres y Bruselas son capaces de construir una nueva asociación estratégica adaptada a un mundo mucho más complejo que el de hace diez años. Ese será, probablemente, el verdadero legado que pueda dejar Andy Burnham.





